Martín Aguirre
Martín Aguirre

Un mar muy agitado

Nadie gana una elección hablando de política internacional. Esa es una verdad absoluta en Uruguay. Como también lo es que un país chico como este, depende mucho más de las cosas que pasan afuera, que de las decisiones políticas internas. El mundo, y sobre todo nuestros principales socios comerciales, viven momentos de gran agitación política. Y la estrategia de Uruguay, del gobierno pero también de la oposición, luce tan errática como indefinida.

Nadie gana una elección hablando de política internacional. Esa es una verdad absoluta en Uruguay. Como también lo es que un país chico como este, depende mucho más de las cosas que pasan afuera, que de las decisiones políticas internas. El mundo, y sobre todo nuestros principales socios comerciales, viven momentos de gran agitación política. Y la estrategia de Uruguay, del gobierno pero también de la oposición, luce tan errática como indefinida.

Empecemos por el barrio. Brasil es un tren en llamas que corre hacia el precipicio. Tras el desastroso gobierno de Dilma, que hundió al país en la peor recesión de su historia, justo cuando la economía daba signos de un repunte los escándalos de corrupción vuelven a poner todo patas arriba. El presidente Temer está a un paso de caer, los principales líderes de la oposición están más preocupados por no ir presos que otra cosa, y el inminente pacto de “delación” del exministro de Lula, Antonio Palocci, parece ser el clavo final en el ataúd político de lo poco que quedaba libre del PT.

Mientras ese desastre azota a uno de los principales compradores de productos uruguayos, aquí buena parte del gobierno del FA y sus operadores mediáticos se dividen entre planificar un acto para recibir como un campeón a Lula (si no va preso antes) y festejar como un triunfo la caída en desgracia de Temer. A no engañarse. Lo único a festejar del drama que ocurre en Brasil es que el país demuestra tener un poder judicial y una prensa que trabajan en serio y no se casan con nadie. Quienes acusaban a O Globo de derribar a Dilma, lucen curiosamente silenciosos ahora que el mismo diario pide la renuncia de Temer.

Mientras tanto, en Estados Unidos se acaba de crear un comité especial para investigar el vínculo de la campaña de Donald Trump con Rusia, encabezado por el exdirector del FBI, Robert Mueller. Se trata de una figura reconocida por su trabajo duro e implacable, lo cual no presagia tiempos felices para el actual mandatario.

De hecho, en la última semana han habido comentarios de altos dirigentes republicanos como John McCain o Paul Ryan, que han dejado la impresión de que si aparece una mínima evidencia que complique a Trump, a su partido no le va a generar mucho problema moral, el dejarlo caer como a Richard Nixon. Algo aún muy lejano, pero que puede ser un sacudón global de proporciones.

Mientras esto ocurre, ¿qué hace Uruguay? ¿Cuál es la estrategia del país ante este panorama?

La respuesta es inquietante. El canciller Nin, un hombre con buenas intenciones pero escasa preparación para el tema y poco apoyo político, parece dedicado a sobrevivir entre los tironeos internos de su partido. Donde la prioridad parece ser discutir la situación terminal de Venezuela, o si hay que felicitar a los soldados que vienen de Haití. Tan desnorteada luce nuestra estrategia exterior que se ha mencionado en esto días que el presidente Vázquez irá a buscar inversiones a Egipto.

Para el que no esté enterado, Egipto es un país arrasado por conflictos internos desde hace años, con una inestabilidad política mayúscula, y donde el derrumbe del turismo ha golpeado a la economía de manera severa. Sin dudas que Egipto es un país importante y que merece visitarse, pero... ¿buscar inversiones allí? ¿Por qué no aprovechar el viaje y visitar los países del Golfo, más ricos, estables, y complementarios con nuestra producción.

Por otro lado, Uruguay invierte recursos y personal en su gestión en el Consejo de Seguridad de la ONU, en algo que parece realmente una jugada más para inflar el ego, que para ubicar mejor al país. Hoy en día, tenemos destinados unos 17 diplomáticos en Nueva York para este tema, y se ha gastado en el asunto más de US$ 10 millones en un año. ¿Qué beneficio se espera obtener de eso? ¿Hubo una planificación seria? ¿Se estudiaron los pros y los contras? Una de las noticias que ya ha dejado esta “gestión” es que Marruecos decidió no abrir una embajada en Uruguay como tenía previsto, porque nuestro país encabezó una moción de condena al reino africano por el tema del Sahara Occidental.

Mientras todo esto ocurre, una presentación este viernes del experto Nicolás Albertoni en el aniversario de la Unión de Exportadores, pintaba un panorama alarmante para nuestros país en el mediano plazo. La mayoría de nuestros competidores vienen firmando acuerdos comerciales preferenciales con los principales mercados, con lo cual a medida que esos pactos se vayan efectivizando, vamos a ir quedando fuera de juego. Nuestra carne será muy buena, pero si los chinos pueden comprar algo más o menos parecido un 20 o un 30% más barata, ¿qué cree usted que van a hacer?

Y nosotros, tranquilos en la nuestra. Esperando por UPM y rezando por el petróleo. Como aquel gordito de la publicidad de mayonesa que se entregaba complaciente a su vicio alimentario mientras esperaba pegar el estirón.

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