Martín Aguirre
Martín Aguirre

El invitado de piedra

Esta columna va a ser para problema. Es que todo lo que tiene que ver con Edgardo Novick genera un nivel de irritación exacerbado en el mundillo político nacional. Pero es imposible negar que la agenda esta semana estuvo marcada por la última movida del empresario, quién sumó al diputado blanco Daniel Peña, hizo pública la adhesión de otra figura nacionalista como Javier de Haedo, y dejó en claro que su proyecto político va por más.

Esta columna va a ser para problema. Es que todo lo que tiene que ver con Edgardo Novick genera un nivel de irritación exacerbado en el mundillo político nacional. Pero es imposible negar que la agenda esta semana estuvo marcada por la última movida del empresario, quién sumó al diputado blanco Daniel Peña, hizo pública la adhesión de otra figura nacionalista como Javier de Haedo, y dejó en claro que su proyecto político va por más.

Desde que se presentó como candidato a intendente capitalino, el ingreso de Novick a la arena política ha sacudido los esquemas tradicionales. Su campaña entonces estuvo marcada por un choque frontal con el ex presidente Mujica, en un tono y con unas formas poco habituales, salvo por el propio Mujica. Luego empezó a sumar dirigentes y legisladores, y a coquetear con todo político de cierto nombre que no estuviere bien inserto en el esquema sectorial actual. Hoy, oficialmente, su grupo tiene dos diputados y un senador, sin haberse presentado nunca a una elección nacional.

También ha tenido una relación ambigua con el Frente Amplio. Si bien su discurso opositor es claro y fuerte, negoció sorpresivamente con Daniel Martínez para sacar adelante el famoso Fondo Capital, pieza clave del proyecto del intendente capitalino. También ha tenido un vínculo llamativamente cercano con el presidente Vázquez, quien lo ha puesto de interlocutor valido al nivel de los demás partidos, pese a no tener formalmente uno.

Pero más allá de estos dos casos, si algo genera unanimidades sobre Novick entre los políticos es el enojo. Desde el Frente Amplio y su órbita de analistas afines, se lo ha pintado como una figura casi demoníaca, el representante de la “antipolítica”, alguien sin discurso ideológico, un millonario (¡horror!) que a golpe de billetera a irrumpido en el bucólico esquema electoral local. Desde los partidos tradicionales, es poco menos que un ave rapaz, que viene a cosechar en los márgenes de su dirigencia, y a complicar un panorama que parecía pintar bien para las próximas elecciones. Para los analistas clásicos, es una amenaza populista al sistema de partidos que ha sido históricamente el gran diferencial a favor que ha tenido la política nacional en la región.

Hay algo que parece exacerbar todas estas valoraciones, y es el factor económico. Por un lado, porque el sistema político uruguayo vive en un permanente estado de necesidad, al punto que hasta el sector del ministro de Economía, tiene empleados “en negro”. Este sistema en cierta forma es funcional a los liderazgos vigentes, ya que el reparto de cargos y puestos en las listas (y su consiguiente sueldo por cinco años), es el arma disciplinadora por excelencia. “No hay nada que te perdonen menos en la política que la independencia económica”, decía hace unos días un abogado cercano a un alto dirigente blanco.

Por otro, porque este es un país donde el ser exitoso o rico (y tener el descaro de mostrarlo) es un pecado mortal.

Ahora bien, hay dos elementos que son vitales para valorar el impacto que puede tener Novick.

El primero tiene que ver con definir a quien beneficia y a quien perjudica su irrupción. El discurso del empresario es claramente opositor, y suele suplir definiciones ideológicas y estratégicas con una frontal crítica a los gobiernos frenteamplistas y con llamados a una unión entre los demás partidos para desalojarlo del poder. Pero su forma de “cosechar” dirigentes y su ambigua situación formal como partido, parece atomizar más que fortalecer la apuesta opositora.

Sin embargo, el perfil de Novick de empresario de origen humilde con discurso antipolítico y utilitario, en los países donde ha fructificado lo ha hecho ganando votos en los sectores pobres y menos formados. Justamente donde a los partidos opositores más les ha costado entrar en los últimos años, y que parecían ser un coto del mujiquismo. Desde ese punto de vista, si Novick logra “robar” un par de puntos porcentuales al Frente Amplio allí, habrá dado una gran mano a la oposición.

El segundo elemento es ver si Novick es realmente un factor que viene a arruinar nuestro históricamente envidiado sistema de partidos, o si es el síntoma de una sociedad que ha cambiado en forma dramática en los últimos 40 años para peor. Algo que muchos políticos y analistas se niegan a reconocer. Porque si nos ponemos muy exigentes, el éxito arrollador de una figura como José Mujica, con su doble discurso proverbial, su postura por fuera del sistema tradicional, y su figura iconoclasta, tampoco parece un fiel reflejo de ese sistema supuestamente perfecto. Vale recordar, de paso, que la última encuesta de Factum que pone a los bancos y a la policía por encima de los partidos en confianza popular, parece decir mucho más sobre el estado actual de la sociedad uruguaya, que la irrupción de Novick, Mujica o ningún “outsider” de los que desvela a analistas y politólogos.

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