Martín Aguirre
Martín Aguirre

Golpeados y sin reacción

El resultado de octubre fue un golpe duro para la oposición. Más por las expectativas previas que por el desenlace en sí. Lo que estos meses posteriores han mostrado es que colorados y blancos lucen a esta altura como un boxeador “groggy”, que no termina de afirmarse en el ring. Mientras Tabaré Vázquez espera en su rincón, frío y con aire, el conteo final del juez.

El que parece más próximo a un knock out es sin dudas el Partido Colorado. Si ya se palpitaba que este venía siendo el verano más amargo en décadas para el partido de Batlle y Rivera, lo de la última semana hace pensar si no está en el peor momento de su historia. Las imágenes de la Convención del pasado lunes fueron contundentes. Lo que se suponía debía ser un mero trámite para aprobar la candidatura de Edgardo Novick como tercer aspirante de la Concertación en Montevideo, terminó en un despatarre de discusiones, peleas, discursos cortados. Todo transmitido en directo en los informativos de TV.

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El resultado de octubre fue un golpe duro para la oposición. Más por las expectativas previas que por el desenlace en sí. Lo que estos meses posteriores han mostrado es que colorados y blancos lucen a esta altura como un boxeador “groggy”, que no termina de afirmarse en el ring. Mientras Tabaré Vázquez espera en su rincón, frío y con aire, el conteo final del juez.

El que parece más próximo a un knock out es sin dudas el Partido Colorado. Si ya se palpitaba que este venía siendo el verano más amargo en décadas para el partido de Batlle y Rivera, lo de la última semana hace pensar si no está en el peor momento de su historia. Las imágenes de la Convención del pasado lunes fueron contundentes. Lo que se suponía debía ser un mero trámite para aprobar la candidatura de Edgardo Novick como tercer aspirante de la Concertación en Montevideo, terminó en un despatarre de discusiones, peleas, discursos cortados. Todo transmitido en directo en los informativos de TV.

Como si fuera poco, dos días después se supo que Ney Castillo renunciaba a su postulación. Y que en varios departamentos el partido ni siquiera presentaría candidatos propios en las municipales. El resultado de todo esto es que el liderazgo de Pedro Bordaberry ha quedado herido de gravedad, y con dirigentes que buscan desesperados marcar un perfil propio que les permita sobrevivir en lo que se ve como un naufragio inminente.

Los blancos, en tanto, miran esta debacle con sentimientos encontrados. No son pocos los que se complacen al ver la crisis del rival de 150 años de historia. Pero los más cerebrales no dejan de sufrir como propia esta crisis terminal del partido que las circunstancias ha puesto como socio ineludible si quiere enfrentar a la maquinaria electoral frentista con algo de chance. Pero además, tampoco viene siendo un verano sencillo para esa colectividad.

El plazo posterior al duro resultado de noviembre mostró a un partido sin una conducción clara, con un liderazgo atomizado, y que pareció ser tomado de sorpresa por la celeridad con que Tabaré Vázquez empezó a mover los hilos de su futuro gobierno.

La delegación enviada a negociar con el presidente electo lució liviana y poco representativa de la nueva correlación de fuerzas surgidas de la elección. Y en las reacciones posteriores dio la sensación de que no hubo una postura firme, consensuada. El sector de Alianza daba señales de no querer aceptar la menguada oferta de cargos, mientras que el de Lacalle Pou parecía más dispuesto.

Esta sensación de falta de rumbo se ratificó con la marcha de las negociaciones de cara a las municipales, en las que los blancos se juegan un partido vital, y donde las peleas y rivalidades aldeanas ponen severamente en riesgo su chance en departamentos impensables como Cerro Largo. Un lugar donde el presidente Mujica ha mostrado especial interés, ha colocado a un hijo dilecto suyo como el presidente de INAC, Alfredo Fratti, y donde es esperable que invierta buena parte de su tiempo de campaña.

Para agregar condimentos a este clima de tambaleo, la renuncia a su banca de la senadora electa Graciela Bianchi, para dejar su lugar a Álvaro Delgado (algo que todo el Uruguay sabía que iba a pasar) generó que el mundillo de la corrección política le cayera con ganas acumuladas a Bianchi y a su líder Lacalle Pou, por vulnerar la ley de cuotas.

La respuesta del ex candidato blanco pareció al filo del reglamento. Dijo que en el fondo él nunca había estado de acuerdo con las cuotas, pese a haber votado la ley, e hizo valoraciones más que riesgosas como que a las mujeres les cuesta crecer en política porque “las reuniones a veces son a las 11 de la noche y a determinada edad la mujer empieza a tener su familia, hijos, y no puede estar o algunas son en lugares donde las mujeres no van”. Las feministas deben estar todas de vacaciones, porque en otra oportunidad una expresión así hubiera desatado un escándalo.

Lo del principio. La imagen que deja todo esto es la de la oposición desubicada, tambaleante, groggy. Y un Tabaré Vázquez muy sólido, a la ofensiva. Y que ahora parece tener tiempo para una tarea que se veía venir: ajustar cuentas hacia adentro, y buscar con este envión acelerado, equilibrar fuerzas que habían quedado en entredicho con la avalancha de votos que logró el MPP y sus sectores aliados en octubre. Es así que con precisión de cirujano viene golpeando en algunos reductos de poder clave del mujiquismo, (por ejemplo la Cancillería), y pasando boleta a algunos rivales irritantes (léase Constanza Moreira). Ahora solo parece tener que aguardar si finalmente se da ese knock out, o si es necesario aplicar algunos golpes más para terminar la faena.

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