Martín Aguirre
Martín Aguirre

El fascista íntimo

Todos tenemos un fascista dentro. Por lo general, la gente logra ponerlo bajo control, apretarlo en el fondo de la mente, y vivir una vida de armonía con el entorno con apenas algún estallido esporádico de intolerancia. El problema es que Uruguay es una fuente permanente de estímulos para que ese Mr, Hyde mussoliniano salga de paseo.

Todos tenemos un fascista dentro. Por lo general, la gente logra ponerlo bajo control, apretarlo en el fondo de la mente, y vivir una vida de armonía con el entorno con apenas algún estallido esporádico de intolerancia. El problema es que Uruguay es una fuente permanente de estímulos para que ese Mr, Hyde mussoliniano salga de paseo.

Un ejemplo. Como cada persona que trabaja en el centro, en El País tenemos nuestro pastabásico/cuidacoches de confianza. Ese muchacho que en su pico de edad productiva, vive de la “manga”, que durante el día es amable, entrador, simpaticón, y que apenas baja el sol se junta con la barra en el edificio abandonado de la esquina a fumarse el producto del “trabajo” diario.

El tema es que el amigo, con el tiempo, empieza a asumir el rol de dueño de la cuadra. Te grita a todo pulmón a 100 metros de distancia, te pide “lo suyo” vengas en auto o en ómnibus, te presiona más o menos gentilmente (según la hora), y te hace notar lo necesario que es tu aporte para que pueda comer o pagarse la pensión, aunque todos sabemos dónde termina la “fuerza” que generosamente aportamos. “Sin palabras, papá”.

El pasado lunes, el fascista interno estuvo a punto de explotar. Tras un grito desgarrador el amigo corrió a reclamar “su parte” del sábado previo, ya que al salir de la oficina tarde de noche, no estaba presente para cobrarla por haber comenzado su periplo pastabásico. Pero... ¿estamos todos locos? ¿Y yo por qué tengo que pagarle un sueldo a este tipo? ¿Qué me aporta a mí o a la sociedad? ¿No me saca ya el Estado una buena dosis de mi sueldo para asistencia social? ¿Pero por qué no te vas un poco a la...? Ommmm. Mañana, pasado, traspasado, el tipo va a estar ahí. ¿Qué ganamos con la pelea? En el fondo, la calle ES suya.

Segundo ejemplo. Jueves pasado, el autor marcha en un taxi, atrasado a una reunión laboral, entre el caos “normal” del Centro, coches en doble fila, contenedores de basura mal puestos, conductores de ómnibus impertinentes y proveedores inimputables.

Al llegar a Rondeau y Lima, gran atasco. ¿Qué pasa? ¿Un accidente grave? No. Son los chicos del gremio de AFE, que molestos por una reestructura que los obligaría en días puntuales a trabajar más, cortaron la calle quemando cubiertas, y explicando con amabilidad a los transeúntes el trance que les toca vivir. Como muchos lectores no parecen apreciar el doble sentido, se aclara que lo de la amabilidad es con sarcasmo.

Pero... ¿hay trenes todavía en Uruguay? ¿No es que AFE requiere millonarios subsidios de la población y casi no hace nada? ¿Estos son los “amigos” que cuando vinieron los de UPM les encajaron un paro justo cuando iban a evaluar la mayor inversión de la historia del país? ¿Cubiertas quemadas? ¿Prepotencia? ¡Llego tarde! ¡Páseles por arriba, señor taxista! ¡Acelere que yo le explico al juez!

No. No, no. Vade retro Mr Hyde. Todo es armonía, todo va a mejorar, son solo unos buenos chicos reclamando lo que creen justo...

La política aporta mucho a este clima de exasperación. La semana pasada, por ejemplo, se festejó el día del Trabajador Rural, y proliferaron los homenajes y “salús” de regla. El líder blanco, Luis Lacalle Pou, subió a las redes una foto con “Gustavito” con quien, afirmó, sus familias trabajan hace 40 años en su establecimiento rural. Ahí saltó Christian Di Candia, secretario general de la IMM, y le espetó: “A Gustavito lo querías tanto que no le votaste las 8 horas, con amigos como vos para qué enemigos no? #HablemosdeHipocresia”.

Señalemos que Di Candia, al menos hasta ahora, parecía el loco canchero de la administración municipal. Tiene menos de 40 años, una foto de Bob Marley en su cuenta de Twitter, le gusta la noche, dicen que es macanudo. ¿De dónde le sale ese arranque fascista violento? ¿Se fumó también a los de AFE esa mañana?

Primero, todo bien con lo de las 8 horas, pero cualquiera que haya tenido la chance de ir al campo sabe que no deja de ser algo medio absurdo. Allí el laburo es a resultado y el horario lo fija el clima y el ciclo biológico de los bichos, no el reloj. En enero, en el norte, entre las 11 y las 3 no se labura por el calor. Si llueve, se hace galpón. Y si toca bañar ovejas o vino una crecida y hay que mover vacas, se hace hasta que se termina. ¿Quién va a contar las horas extras?

Hay algo más grave: ¡Lacalle Pou votó las 8 horas! El jerarca ni siquiera se fijó en eso antes de salir a rajar a alguien con ese tono. Pero, Di Candia, ¿vos viste los contenedores de basura? ¿Viste el tránsito? ¿Hiciste un trámite en la intendencia? ¿No tenés nada mejor que hacer? ¡Basta! ¿Dónde está la lista de Pacheco? ¡Qué se pudra todo! ¡Importen a Le Pen!

Noooo. Respiración, Martín. Respiración. Somos mejor que eso. Tolerancia. Así, así, muy bien.

Más allá del humor, el peligro es que con todos estos estímulos, ese enemigo que todos llevamos dentro acumula y acumula fuerzas. El día que de veras explote, ¡agárrense!

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