Martín Aguirre
Martín Aguirre

La dura realidad

Hay momentos en que Uruguay invita a la ilusión. A creer esa historia del país de primera, serio, honesto, bien manejado, que está en camino firme al desarrollo. Pasa cuando hay eventos deportivos como los de esta semana, cuando nos comparamos con la política brasileña o argentina, o cuando oímos el mensaje del Dr. Vázquez en cadena nacional.

Hay momentos en que Uruguay invita a la ilusión. A creer esa historia del país de primera, serio, honesto, bien manejado, que está en camino firme al desarrollo. Pasa cuando hay eventos deportivos como los de esta semana, cuando nos comparamos con la política brasileña o argentina, o cuando oímos el mensaje del Dr. Vázquez en cadena nacional.

Pero antes de que hinchemos demasiado el pecho, la realidad nos desinfla de un cachetazo. O de cuatro cachetazos, como se empeñó en hacer esta misma semana.

La principal bofetada la propinó la economía, cuyas cifras oficiales mostraron que durante todo el 2015 apenas creció un magro 1%, que en su mayor parte es el famoso “efecto arrastre” del año anterior. Esto no sería tan grave, ya que a fin de cuentas llevamos 13 años de crecimiento sostenido, y el panorama externo cada vez ayuda menos. Lo grave es que el gobierno había previsto crecer 2,5%, o sea más del doble, y en base a ese diagnóstico demasiado optimista, diseñó el presupuesto, prometió aumentos de sueldo, y planificó gastos e inversiones.

Cabe preguntarse ahora, ¿cómo se hizo ese pronóstico? ¿Cómo se le puede errar por tanto en algo tan importante? ¿No era raro que todos los privados plantearan escenarios tanto menos alegres y los expertos del gobiernos fueran tan optimistas? Pero, sobre todo: ¿quién se hace cargo ahora de la macana?

El segundo golpe vino por el lado de la educación. Una reunión del Consejo de Secundaria, de cuyo contenido se enteró El País, volvió a dejar en evidencia que el gobierno no tiene idea de qué hacer con la enseñanza pública. “No sabemos qué es lo que quiere el Frente Amplio, porque el propio Frente no sabe qué quiere con la educación”, dijo allí Javier Landoni, el segundo jerarca más importante del rubro, en un sincericidio semejante al que ya costó el puesto a varios altos dirigentes educativos.

La conversación muestra claramente el desnorteo y la soledad con la que las autoridades intentan encauzar el área educativa que muestra los peores resultados del país. Y hace preguntarse dónde está el fabuloso plan prometido en la última campaña electoral para salvar la educación, dónde está la hoja de ruta que iba a cambiar el ADN de la enseñanza, y quién es el que efectivamente manda en este tema en el país.

La tercer cachetada, por previsible, no es menos dolorosa. Esta semana se confirmó que la empresa Alas Uruguay enfrenta graves problemas financieros, y le habría pedido un apoyo extra al gobierno ya que de los 15 millones de dólares prestados por el Fondes le quedarían menos de dos, y sus números están lejos de estabilizarse. Resulta ilustrativo que su línea más productiva, el puente aéreo Montevideo-Buenos Aires, está viajando con menos del 30% de su capacidad colmada.

Otra vez: ¿cómo se ajusta esto al plan presentado para pedir el préstamo? ¿Hubo un estudio serio del tema por parte del gobierno de entonces? Porque, al igual que con las cifras de la economía, todos los analistas anunciaban este destino casi inexorable. Entonces, ¿quién se hace cargo ahora de esta realidad tan distinta?

Lo insólito es que quien era nada menos que presidente de la República en el momento en que nació el proyecto, el senador Mujica, ahora sale en TV diciendo que esto era casi obvio que iba a pasar, y que la empresa va a tener que buscarse un socio. Eso sí, “que no sea demasiado grande”.

El cuarto “bife” es tal vez el más aldeano, el menos oneroso, aunque podría ser el más revelador de nuestra verdadera realidad como país. Resulta que un militar de la Armada, que custodiaba un puesto de guardia en la zona del Cerro, fue engañado por dos delincuentes que se hicieron pasar por inocentes pescadores, lo sorprendieron, y le robaron su arma de reglamento y un chaleco antibalas. Así como lo oye. Dos rateros cualesquiera atacan a un militar que custodia uno de los sitios más delicados del país, y con dos moquetes le sacan el chaleco y una 9 milímetros, que ahora pasan a engrosar el arsenal que nutre las filas de la delincuencia.

Este episodio es revelador de la bipolaridad dolorosa que vive este país. Porque mientras ocurre algo como esto, digno de pasar en la república más bananera del planeta, por otro lado tenemos a alguna gente muy bien intencionada, muy consciente y muy solidaria, impulsando una ley de desarme civil propia de una nación nórdica, casi como para ese Uruguay de las cadenas nacionales.

Lamentablemente, la realidad se empeña en mostrar lo lejos que estamos de ese lugar anhelado.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)