Martín Aguirre
Martín Aguirre

Divisiones que suman

Todo depende del ángulo del que se mire. Las noticias de la semana mostraron un recrudecimiento de las peleas y diferencias en la interna del gobierno. Peleas y diferencias que no son nuevas, y que han sido reflejadas en la prensa de manera sistemática en estos últimos años. Sin embargo, lejos de jugar en contra del oficialismo, esta circunstancia parece potenciar su manejo hegemónico de la discusión pública en el país.

Todo depende del ángulo del que se mire. Las noticias de la semana mostraron un recrudecimiento de las peleas y diferencias en la interna del gobierno. Peleas y diferencias que no son nuevas, y que han sido reflejadas en la prensa de manera sistemática en estos últimos años. Sin embargo, lejos de jugar en contra del oficialismo, esta circunstancia parece potenciar su manejo hegemónico de la discusión pública en el país.

Por ejemplo, fue noticia esta semana el choque que tuvieron el director de la OPP, Álvaro García, y el exministro Daniel Olesker. Olesker, que ha sido llamativamente dejado de lado de puestos de gobierno, criticó con dureza las propuestas presupuestales para el período.

Dijo que para cumplir con las promesas de campaña faltarían unos 3.000 millones de dólares, los cuales habría que salir a buscar con una fórmula bien sencilla: aumentar los impuestos y eliminar los beneficios a las inversiones extranjeras. Reivindicó que de no tomarse medidas proactivas desde el Estado, se agravaría la exclusión y la concentración de la riqueza, lo cual justificó con teorías de Carlos Marx, de esas que tanto éxito han tenido en todos los países que han sido aplicadas.

Por su parte García (que ya suena como eventual presidenciable para 2019) descartó de plano tales ideas, dijo que el clima regional no permite aumentar la presión sobre inversiones ni empresas, y descartó cualquier aumento de impuestos. Como se ve, dos posturas en las antípodas.

Otro caso de diferencias serias exhibidas esta semana en la interna del oficialismo fue la que mostraron el ministro de Trabajo, Ernesto Murro y el exdirigente del Pit-Cnt y actual funcionario de esa cartera, Juan Castillo. El tema que motivó el contraste fue la posibilidad de separar los eventuales aumentos de salarios de la próxima ronda de negociación colectiva, de la tasa de inflación, la tan mentada “desindexación”. Esto con el fin de romper el círculo vicioso que potencia ese fenómeno que ha sido llamado con razón el peor impuesto para los pobres.

Castillo dijo que “desindexación es una mala palabra para el movimiento sindical y la mala palabra para el gobierno es el crecimiento de la inflación”. “Entre las dos malas palabras hay que ver cuál es la que menos daño le hace a la población uruguaya”. Estas son frases textuales, dichas en una canal de TV “amigo”, que no dejan lugar a dos interpretaciones.

Sin embargo Murro montó en cólera, negó que haya ninguna chance de separar aumentos de salario de inflación, y salió públicamente a criticar a los medios de prensa que recogieron las declaraciones de Castillo. Privadamente, cabe decir, fue aún más agresivo.

Pero por encima de la iracundia poco saludable del jerarca, la declaración de Castillo no hace sino reflejar una postura que ya había sido mencionada antes por el presidente del Banco Central, Mario Bergara, y otros dirigentes oficialistas. Que la baja de la inflación será una prioridad en este período y que eso puede requerir revisar las políticas de aumentos de sueldo vinculadas a la misma.

Pero tal vez el choque más duro haya sido a raíz del déficit récord que muestran las cuentas de Ancap, el ente que maneja en forma monopólica el refinamiento y la distribución de combustibles. Desde sectores “astoristas” se ha venido machacando con insistencia germánica sobre los problemas del ente que fuera dirigido por el actual vicepresidente Raúl Sendic en el período pasado.

Al punto que se ha planteado una suerte de intervención del Ministerio de Economía en el mismo, para ordenar sus cuentas.

Pero esta semana el choque tocó nuevas cumbres cuando el “operador” del Frente Líber Seregni, Esteban Valenti, sostuvo que “si el desastre de Ancap lo hubieran hecho blancos o colorados estábamos a los gritos. No voy a tener dos varas. Muy mala gestión”. El propio Valenti ha dicho que él no habla de política sin una intencionalidad clara de beneficiar a sus aliados o afectar a sus rivales, por lo cual semejante expresión es indudable que pretende golpear a la imagen de Sendic y su entorno.

Ahora bien, estos choques ostentosos en la interna del oficialismo, lejos de tener el impacto negativo que suele tener este tipo de incidentes en la imagen de un gobierno, parecen hacer todo lo contrario. Generan, buscándolo o no, una dicotomía gobierno-oposición en el seno del propio oficialismo, que descoloca y deja sin discurso a los partidos rivales.

Al punto que hoy en día resulta difícil visualizar dónde está el verdadero rival a las políticas del gobierno, y a quién debería votar alguien que no las comparta para poder incidir realmente en la marcha del país.

Un dilema que la oposición debe intentar descifrar a corto plazo, bajo pena de que la hegemonía política del Frente Amplio vaya a prolongarse por varios períodos más.

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