Martín Aguirre
Martín Aguirre

El cinismo al perchero

Este artículo podría ser sobre el último libro acerca del senador Mujica. Sobre sus cariñosas palabras para el presidente Vázquez, su amor roto con Constanza Moreira, su condescendencia con el tracto urinario del ministro Astori, su “buchoneada” al padrino Lula, implicándolo en el “mensalão” cuando este lleva cinco años jurando que no sabía nada del tema. O lo peor, que diga que él no escribió el libro, cuando se va de gira artística con los autores, y firma más ejemplares que ellos.

Este artículo podría ser sobre el último libro acerca del senador Mujica. Sobre sus cariñosas palabras para el presidente Vázquez, su amor roto con Constanza Moreira, su condescendencia con el tracto urinario del ministro Astori, su “buchoneada” al padrino Lula, implicándolo en el “mensalão” cuando este lleva cinco años jurando que no sabía nada del tema. O lo peor, que diga que él no escribió el libro, cuando se va de gira artística con los autores, y firma más ejemplares que ellos.

Este artículo podría ser sobre la reacción de algunos integrantes de la colectividad judía ante un informe que denunciaba el discreto antisemitismo que anida en una proporción significativa de los uruguayos. Habría tanto que decir... Alcanza con señalar que algunos que hace apenas meses gritaban furiosos por la masacre de Charlie Hebdo, son capaces de indignarse por un dibujo que parece el retrato de dos amables señores con los que el autor se cruza todos los días en la esquina del diario (no deben ser uruguayos). O que un medio que lleva medio siglo reivindicando el derecho de Israel a existir y defenderse, de un día para otro (para algunos) se pueda convertir en un bastión antisemita, porque no comparten la ubicación de un adjetivo.

Este artículo podría ser sobre el doloroso caso de los estudiantes de un liceo de Parque del Plata cuyos profesores denuncian que llegan con hambre a clase. Un caso que vuelve a poner la lupa sobre el funcionamiento del Mides y sus millonarios programas de asistencia social. Si tras una década de prosperidad, en un país con desempleo del 7%, con un Estado omnipresente y que ha tenido recursos como nunca en la historia, algo así puede pasar a 45 minutos del centro de Montevideo, ¿qué pasará en Artigas? ¿Sería de “facho” o “neoliberal” pedir un estudio independiente y profesional sobre la marcha de los programas sociales de estos años?

Este artículo podría ser sobre el caso de una niña de 12 años, embarazada por un familiar que la violó y por ello está justificadamente preso. Sobre las miserias morales que esto deja en evidencia ocurren acá mismo en Uruguay, cuando apenas unos días antes mucha gente comentaba con tono superior un caso muy parecido ocurrido en Paraguay. O los tironeos entre activistas de un lado y del otro que aprovechan un caso así para llevar agua a su molino sectario. Activistas responsables en buena medida de una ley que este mismo caso deja en evidencia tiene más agujeros que el presupuesto de Ancap.

Pero no. Hoy es un día clave para la democracia. Hoy el pueblo está convocado a las urnas, hoy el soberano definirá con su voto el futuro de la conducción política del país por cinco años. Todos estos temas pasan a un justificado segundo plano.

Y sin embargo, al menos en la capital, el ambiente político brilla por su ausencia. ¿Qué pasa?

Tal vez tenga que ver con el hecho de que se trata de la cuarta elección nacional en menos de seis meses, cosa capaz de agotar el espíritu electoral hasta de un pueblo politizado al máximo como el uruguayo. Tal vez tenga que ver con un sistema electoral cada vez más complicado y alejado de las inquietudes populares, donde ya mucha gente no sabe qué o a quién tiene que votar, entre una miríada de opciones, candidatos y listas. Y donde un solo partido puede llegar a llevar seis aspirantes distintos para ser alcalde de un barrio. ¿Hay seis proyectos distintos para un barrio en un mismo partido?

Sin embargo, en esta elección se juegan cosas realmente trascendentes. Hay departamentos donde pueden darse virajes con implicancias realmente sorprendentes. Hay partidos políticos históricos que se juegan en buena medida su supervivencia. Hay liderazgos cuyo futuro depende hoy de para dónde se inclinen un par de cientos de voluntades. El panorama electoral del país puede amanecer realmente cambiado mañana, con apenas una leve inclinación del cuerpo electoral.

Sin mencionar que las encuestas electorales, esas protagonistas excluyentes del debate político en años recientes, al punto que a veces hacen olvidar que más importante que la persona que gana, es lo que piensa hacer una vez que gane, se juegan una parada difícil, después del papelón generalizado de octubre.

Es por todo esto que aunque parezca raro para un periodista, el día de elecciones hay que dejar el cinismo en el perchero. Los temas cotidianos en espera. E incluso las urgencias e indignaciones de lado. Se sabe, la democracia, el acto de ir a votar y poder definir las autoridades del país y quienes van a definir sobre los temas comunes en el futuro inmediato, es como la salud: solo se extraña cuando se pierde.

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