Martín Aguirre
Martín Aguirre

Cambió el partido

La renuncia del Sendic es la mejor noticia que recibe el Frente Amplio en mucho tiempo. No hablamos acá de cuestiones humanas, ni de los pases de factura o líos internos que toda esta situación ha dejado en evidencia. Pero desde un punto de vista de estrategia electoral, este anuncio pone fin a un ciclo nefasto para el oficialismo.

La renuncia del Sendic es la mejor noticia que recibe el Frente Amplio en mucho tiempo. No hablamos acá de cuestiones humanas, ni de los pases de factura o líos internos que toda esta situación ha dejado en evidencia. Pero desde un punto de vista de estrategia electoral, este anuncio pone fin a un ciclo nefasto para el oficialismo.

Es que el tercer período del FA en el poder estuvo marcado desde el inicio por la sombra del hoy exvicepresidente. Primero con el escándalo de la gestión en Ancap, luego con la telenovela del título, y ahora con las revelaciones sobre las tarjetas corporativas. No había mes en que no pareciera haber alguna nueva revelación, no pasaba semana en que algún anuncio del gobierno no quedaba opacado por una nueva polémica, y el humor del presidente Vázquez notoriamente iba en picada, siguiendo el trillo que dejaba el apoyo político al Frente en las encuestas.

Tal vez por eso, en algún momento, el presidente Vázquez decidió que era el momento de largar lastre. Porque no quedan dudas para nadie medianamente informado que fue el propio Vázquez el que con su impulso, terminó sentenciando el final de Sendic como vicepresidente.

Solo el presidente pudo con su peso específico interno, destrabar esa situación de trancazo donde los rencores y las filtraciones golpeaban cada día a la imagen pública del oficialismo, sin que terminara de haber nunca un fondo que frenara el desbarranque.

Ahora bien, la renuncia de Sendic cuando todavía quedan dos años para las elecciones, cambia completamente la ecuación política que estábamos viviendo.

Por un lado, el Frente se quita de encima a una figura cuya sentencia de muerte política había sido dictada hacía ya tiempo por la opinión pública. Por otro, esto parece haber dejado una interna donde los dos sectores que han venido pugnando tras bastidores todo este tiempo, el “astorismo” y el “mujiquismo” salen bastante golpeados y con poca chance de imponer posturas y candidaturas demasiado propias.

A todas luces el gran beneficiado es el intendente Daniel Martínez, que ha mantenido una inteligente distancia en todo este proceso y que, según las últimas encuestas, parece haber convencido al menos a una parte importante del electorado frentista en el bastión capitalino, de que su gestión está siendo más profesional y efectiva que las que lo precedieron. Con eso, y la cata generacional, el panorama parece casi despejado para una candidatura.

Pero también cambia el juego para la oposición. Durante estos años de agonía oficialista, esta se ha podido dar el lujo de mirar de afuera como el Frente se auto infligía daños de un impacto mayor que el que ella nunca le pudo proporcionar. Alguien dijo alguna vez que la oposición nunca le podría ganar a la maquina electoral que es hoy el Frente Amplio. Pero que este sí podía perder por sus propios vicios internos.

Esto implica una constatación complicada para un sistema democrático sano. Por algún motivo, un sector importante de la sociedad mantiene un alineamiento tan grande con el oficialismo, que solo está dispuesto a aceptar la crítica a la honestidad y a la efectividad de la gestión, cuando viene desde su propio núcleo interno.

Con dos años por delante para trabajar en imagen, un candidato cantado, la oposición se verá ahora obligada a jugar a otra cosa, si quiere confirmar ese discreto favoritismo que hoy le dan las encuestas.

Tendrá que ingeniárselas para mantener vivo el sentimiento de fastidio que todo este proceso ha generado en muchos votantes, sin parecer que es lo único que tiene para decir. Y tendrá que ofrecer una propuesta que logre entusiasmar suficientemente a un número grande de votantes que hoy se muestran enojados con el FA, pero no terminan de verse seducidos por la oposición, para que den el gran paso.

El desafío es duro, lo que está en juego es mucho, y el final parece impredecible. Pero una cosa queda en claro, con la renuncia de Sendic, en la arena política uruguaya se empieza a jugar un partido totalmente diferente.

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