Martín Aguirre
Martín Aguirre

Banana, la fruta del verano

La banana es la fruta más popular del mundo. Se produce en 150 países, y su referencia más antigua viene del sánscrito y es del año 500 A.C. Una república bananera, por otro lado, es algo menos edificante. El término, despectivo y que identifica a un país poco serio, improvisado, tercermundista, es la antítesis de como los uruguayos se han visto a sí mismos. Pero, las cosas cambian.

La banana es la fruta más popular del mundo. Se produce en 150 países, y su referencia más antigua viene del sánscrito y es del año 500 A.C. Una república bananera, por otro lado, es algo menos edificante. El término, despectivo y que identifica a un país poco serio, improvisado, tercermundista, es la antítesis de como los uruguayos se han visto a sí mismos. Pero, las cosas cambian.

Por ejemplo, esa fruta tuvo un protagonismo inusitado este verano en Uruguay cuando en medio de la conmoción por el Caso Lola, al ser hallada la mochila de la joven asesinada, las lentes de los medios se enfocaron en un funcionario que llevaba el precioso elemento, la clave para resolver el caso criminal que estremecía a dos países, en una caja azul de... bananas. Poco importó que se dijera que lo que allí iba en realidad era arena con posibles rastros. Para una opinión pública que devora programas como CSI, esa fue la evidencia final de nuestra consagración como país bananero.

Lamentablemente, no fue la única. El lector atento vio en los días siguientes muchas otras señales en ese sentido. Podemos aportar algunas al debate.

Para empezar todo el “Caso Lola” dejó, y sigue dejando, esa incómoda sensación de tropicalismo atado con alambre. La manera como se detuvo a decenas de personas sin pruebas claras, la forma como una jueza pidió la baja agotada por la presión del caso, la ausencia de información oficial que alentó todo tipo de especulación, la defensa de algún medio sobre la actuación policial a cualquier precio. Aunque, para el autor, lo peor fue cuando un canal de TV argentino fue al lugar del crimen semanas después, y lo que quedaba allí eran los guantes azules de los forenses, descartados sin mayor consideración ecológica sobre las prístinas arenas de ese salvaje paraje rochense.

Pero si hablamos de ecología, otra muestra “bananeril” ha sido sin duda todo lo ocurrido con el tema Aratirí. Las idas y vueltas, los cambios de ubicación, las leyes a medida. Por no mencionar la actitud del presidente Mujica, un día defendiendo el proyecto, al otro poniendo lomo duro, al siguiente diciendo que se firma “sí o sí”, diga lo que diga la Dinama. Qué dirían sus fans globales que todavía replican en Facebook su discurso de la cumbre ambiental de Río más 20.

Y la oposición no la saca gratis. El día que se debe votar en el parlamento una ley para prorrogar el plazo ya que el empresario indio dueño de la concesión no parece conseguir las rupias necesarias para arrancar, pese a los encendidos discursos patrióticos, resulta que buena parte de sus legisladores se olvidaron de asistir a la sesión, y habilitaron con su ausencia la prórroga tan odiada. Falta de potasio, tal vez.

En las últimas horas tuvimos otra sobredosis de la noble fruta, en el marco del incidente diplomático que al parecer involucró dos artefactos explosivos, y la salida apurada de un funcionario iraní. La noticia se filtró gracias a un diario israelí (acá a los medios locales nos toca nuestra porción) luego de que el gobierno restara toda importancia a los dos hechos ya conocidos.

Casi tan asombroso como esto, es que nuestros dirigentes se tomaran 14 horas para emitir opinión sobre un hecho cuasi terrorista ocurrido en nuestro suelo. Si sería seria la cosa, que hasta Mujica se privó de hablar al respecto. Cuando por fin hubo un pronunciamiento oficial, fue tan entreverado, tan plagado de detalles sugerentes, que el frenesí mediático no hizo sino aumentar. Todo mientras nuestro canciller seguía en Paraguay, trabajando sin pausa para conseguir ese puesto en la OEA que ya es casi, casi suyo. Las bananas paraguayas, al parecer, son de primera calidad.

En la misma semana, otro crimen sangriento sacudía al Uruguay. Un agente de policía, en lo que ya es una tendencia inquietante, asesinó a su esposa y madre de sus cinco hijos en plena plaza central de la ciudad de Minas, propinándole 9 balazos a plena luz del día. Casi tan indignante como el hecho en sí, fue la noticia de que el hombre estaba bajo tratamiento psiquiátrico hacía meses, y que había hecho por lo menos tres intentos por entregar su arma de reglamento a sus superiores, pero había sido rechazado una y otra vez porque ¡le faltaba un candado!

Todo es tan inverosímil que el hombre llegó a pedirle a su esposa un cerrojo de estos para poder cumplir su cometido, pero ella no acertó a encontrar uno a tiempo para salvar su vida. Los superiores, los asistentes psiquiátricos, la estructura policial... bien gracias.

Es curioso. Uruguay es uno de los pocos países de América donde la banana no se da bien. Históricamente sus frutos, tal vez por falta de calor, no son aptos para el consumo. Será que estamos viendo otro de los estragos causados por el calentamiento global.

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