Martín Aguirre
Martín Aguirre

Apriete fuerte el bolsillo

Astoriiiii!! Este artículo estaba casi pronto el viernes por la noche, y era un prolijo juego de opuestos entre la inauguración del nuevo Data Center de Antel, contrastada con el asesinato al mejor estilo de “El patrón del mal”, ocurrido en Casabó, y la indignante muerte de ocho abuelos en un hogar que funcionaba sin habilitación de bomberos. Tenía un título precioso y todo: “Silicon Zambia”. Pero no. La salida del ministro tiró todo a la basura.

Astoriiiii!! Este artículo estaba casi pronto el viernes por la noche, y era un prolijo juego de opuestos entre la inauguración del nuevo Data Center de Antel, contrastada con el asesinato al mejor estilo de “El patrón del mal”, ocurrido en Casabó, y la indignante muerte de ocho abuelos en un hogar que funcionaba sin habilitación de bomberos. Tenía un título precioso y todo: “Silicon Zambia”. Pero no. La salida del ministro tiró todo a la basura.

Es que una mirada rápida a las reacciones al anuncio de que se viene un fuerte aumento del IRPF dejó en claro que en los próximos días difícilmente se hable de otra cosa. No tanto porque sea un impuesto que afecte a una mayoría de la población (lamentablemente, por los bajos sueldos solo alcanza a 500 mil uruguayos). Sino por las implicancias políticas que esta medida tiene.

Para empezar, parece poco probable que lo del IRPF alcance para tapar el agujero. Si hay que conseguir US$ 500 millones para no perder el grado inversor, y por ese impuesto se recaudan al año 1.500 millones, parece que el ajuste va a tener que continuar por otros lados, y ya se habla de que los jubilados también caerán en la volada. Para seguir, está claro que el aporte extra que vienen haciendo los uruguayos a través de las tarifas públicas y los combustibles, teóricamente pasajero, va camino a ser permanente.

Pero, además, hay dos cosas que hacen todavía más difícil de tragar este ajuste fiscal en marcha.

Por un lado, que venimos de una década de crecimiento sin precedentes en el país. El propio Astori se ha encargado de decir que no estamos estancados ni nada parecido. Entonces, si tras años de crecimiento de los ingresos públicos, al primer problema hay que salir a golpear el bolsillo de la gente, ¿cómo afirmar que se ha manejado con sobriedad e inteligencia los recursos públicos?

Por otro, la realidad indica que ya en el último año el sector privado ha procesado un ajuste fuerte de sus ingresos. Casi todas las empresas han debido apretarse el cinto, despedido gente, reducido sueldos, cortado lujos. Sin embargo, no da la impresión de que el estado haya hecho un esfuerzo similar. La declaración de Astori diciendo que no se va a tocar el gasto público, emparejada con la coincidencia de que la cifra que hace falta cubrir es casi la misma que hubo que poner para capitalizar Ancap, seguramente no ayude a que la población vea con ojos comprensivos este sablazo.

Ahí entramos en un tema interesante que todo este asunto pone sobre el tapete: el impacto político que puede tener esta medida.

Resulta tentador cargar el peso de este ajuste al pobre Astori, tanto porque es el que tiene que dar la cara al anunciarlo, como por el hecho de que su habitual tono (que podríamos calificar como sutilmente alejado de la humildad) no genera mayor empatía.

Pero también parece evidente que los “pufos” en las cuentas públicas son el producto de los excesos del período anterior, donde el expresidente Mujica dio chequera libre a las empresas públicas para que gastaran sin miramientos. Solo así se explica que tras los cinco mejores años de la economía uruguaya en medio siglo o más, haya entregado el gobierno con un déficit de más del 3,5% del PBI.

Entonces la culpa que se puede cargar a Astori será en todo caso por su falta de decisión para, o frenar esos excesos que él mismo denunció en su momento, o para irse para su casa si no le daban bolilla pese a que se suponía que era la carta de garantía de que la economía se manejaba bien. La otra culpa que se le puede cargar es haber mentido durante toda la campaña, asegurando que las cosas iban viento en popa, cuando ya se presentía que no era así.

Pero lo más curioso es que si vamos a analizar a quién golpeará más políticamente este ajuste, la carga parece que caerá mucho más sobre Astori que sobre Mujica. El electorado fuerte del expresidente parece ubicarse en los dos extremos de los quintiles de ingresos, en los sectores más humildes, que no padecen de forma directa los estragos del IRPF, y en ciertos ámbitos de los quintiles más altos, conquistados por el glamour del Mujica personaje global “chic”. No parece que La Huella vaya a ver resentidos sus ingresos por esta alza del IRPF o porque no baje la cuenta de UTE.

Sin embargo, esos sectores medios, con un nivel de formación más elevado, con aspiraciones de consumo altas, y una realidad de vida chata para lo que pueden ver ocurre en otros países a gente de capacidad semejante, son quienes sentirán el mazazo con más fuerza. Sectores donde Astori recluta una mayoría de sus votos.

¿Qué consecuencias puede tener esto en el mapa político del país? ¿Comprenderán estos sectores el nuevo sacrificio del ministro de Economía? ¿Seguirán, solidarios, apoyando al oficialismo? ¿O tendrán la tentación de replicar la frase que arranca esta pieza e irse con su voto a otro lado?

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