Martín Aguirre
Martín Aguirre

Todo el año es Carnaval

Casi seguro se deba a una sobredosis. A la exposición desmedida por parte de un padre fanático y estimulado por el clima de los años finales de la dictadura. Pero aquel niño que en los 80 fue paseado por tablados y Teatro de Verano, ahora convertido en periodista, no logra por mucho esfuerzo que ponga, hallar placer al escuchar murgas.

Casi seguro se deba a una sobredosis. A la exposición desmedida por parte de un padre fanático y estimulado por el clima de los años finales de la dictadura. Pero aquel niño que en los 80 fue paseado por tablados y Teatro de Verano, ahora convertido en periodista, no logra por mucho esfuerzo que ponga, hallar placer al escuchar murgas.

Pero, se sabe, lo importante de las murgas no es tanto la música sino la letra. Y la nota personal viene a cuento por la polémica surgida días atrás entre dos figuras del humor nacional, Diego Delgrossi y Marcel Keroglian en torno a la politización del fenómeno carnavalero. Delgrossi criticó, molesto, que un conjunto se dedicara a atacar a Batlle, Sanguinetti o Lacalle, mientras obviaba cosas como el escándalo de Ancap o el Antel Arena. Keroglian, dijo que no, que es una fiesta “de todos”, que debería reírse del poder “de izquierda o derecha”.

Por supuesto que al mejor estilo Mujica-Astori, enseguida ambos sellaron la paz y acordaron criticar al medio que levantó la polémica. Pero la misma pone el dedo en una llaga que se abre todos los años.

Hace muchos años que el autor no asiste a un tablado. Pero entre amigos y conocidos seguidores del fenómeno, ha palpado algunas impresiones interesantes. Por un lado varios señalaron que dejaron de asistir debido justamente a lo flechado hasta el absurdo de las letras. Otros, sostienen que no es tan así, y que en los últimos años se ven murgas que “dan palo” al gobierno más allá de sus simpatías. Un tercer comentario es que se viene dando un fenómeno de conjuntos con letras que enfocan temas más profundos, existenciales, y obvian la política como eje. Con las disculpas del caso, obviar la política justamente en estos tiempos, parece ser una toma de postura más jugada, que los panegíricos a Mujica de algunos conjuntos muy notorios.

La verdad es que parece absurdo negar la vinculación entre el fenómeno del carnaval murguista montevideano y el Frente Amplio. Basta ver algunas letras que se han difundido en los medios, la identidad de los letristas, pero sobre todo prestar atención a la nómina de shows que acompaña cada acto del oficialismo en las campañas.

La afirmación de Keroglian se puede leer como un reflejo republicano saludable. Pero innecesario. ¿Por qué tendrían que pedir perdón las murgas por tener una visión política? ¿No tienen derecho a tener una postura ideológica?

A fin de cuentas los conjuntos de carnaval en su mayoría (y en lo que es un contraste muy sugerente con el discurso “de izquierda”) son empresas privadas, que tienen un dueño, que comercializan sus derechos de TV como quieren, y hasta sus nombres son comprados y vendidos en el mercado. Además la raíz social y demográfica de la que se nutren, mayormente urbana, capitalina, de sectores económicos medios, es claramente el núcleo central del apoyo al Frente Amplio, por lo cual la vinculación es natural.

No fue siempre así. De hecho muchos de los dirigentes clave del carnaval estuvieron, por ejemplo, históricamente vinculados al Partido Colorado. Pero a medida que el Frente se volvió hegemónico en esos estratos, lo mismo pasó con la fiesta. Algunos dicen que es culpa de dirigentes blancos y colorados que “descuidaron” el tema. Puede ser...

Más interesante es analizar otras cosas. Por ejemplo la manera en que los sectores intelectuales (también muy afines al Frente) pasaron de despreciar el fenómeno carnavalero a abrazarlo con pasión, al punto que hoy hay hasta una cátedra de carnaval en la UdelaR. O la forma en que la publicidad ha tomado la murga como centro casi excluyente de su musicalización, poniéndolo como señal ineludible de la identidad nacional. O el masivo apoyo financiero estatal y de las empresas públicas.

Esto es interesante cuando se contrasta con encuestas, como la realizada el año pasado por la empresa Opción, que revelaba que solo el 5,7% de los uruguayos decían gustar de las murgas. Lo cual ponía al género en un confortable séptimo puesto en cuanto a las preferencias populares, encabezadas por el folklore (24%), la música tropical (19%), el rock (18%), la clásica, el tango y el “pop”. Ese mismo estudio discriminaba por ideología y mostraba que mientras los votantes del FA eran la excluyente mayoría de quienes escuchaban murgas, blancos y colorados arrasaban en un género habitualmente estigmatizado como la música tropical. División que se repite casi exacta en otros géneros de poca difusión y apoyo público como el tango o la música clásica.

Tal vez sería más constructivo poner sobre la mesa estos elementos a la hora de debatir, en vez de indignarse porque las murgas al opinar hagan uso de una libertad que muchos de los que las critican, siempre afirman defender.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)