Luis Alberto Lacalle
Luis Alberto Lacalle

Todos responsables

Se está convirtiendo en común el razonamiento que señala que el , por ser una coalición de muy diversas fuerzas, encierra en sus filas tanto a la oposición como al gobierno.

Se está convirtiendo en común el razonamiento que señala que el , por ser una coalición de muy diversas fuerzas, encierra en sus filas tanto a la oposición como al gobierno.

Se agrega a este concepto la comparación -poco elogiosa a nuestro parecer- con el peronismo, traída del pelo, pero que coadyuva con la anterior. De esa posición puede derivarse la fragmentación de las responsabilidades y hacer el juego a esta coalición que, como tal, se presta a esas jugarretas de bandoneón que ora se expande, ora se contrae, pero que alberga en sí todas las opciones futuras.

Recordemos que el Frente nace como brazo político de la entonces CNT (hoy Pit-Cnt) que resuelve generar un espacio político para competir electoralmente, todo bajo la conducción más o menos visible del Partido Comunista.

Recuérdese que por esos tiempos, hablamos de 1967 o 1968, los Tupamaros y de-más grupos similares, abjuraban de la democracia burguesa a la que su jefe e inspirador, Fidel Castro, llamaba la “pluriporquería”. Se trataba de un camino democrático, similar al de otros frentes populares europeos. Recuérdese asimismo la relación del movimiento sindical con el FA, como manera de ilustrar más cabalmente el que denominamos gobierno cívico-sindical, momento histórico en que no es posible separar las nomenclaturas de ambos y de ese cómodo tránsito del sindicato al parlamento y viceversa.

Hoy el poder en el Uruguay lo ejercen las cúpulas de una y otra organización, es más, desde el FA se ha incentivado el vaciamiento democrático en varios niveles de la administración, para ingresar de lleno en el gobierno corporativo.

La etapa presupuestal, la presentación de ese proyecto de ley quinquenal, es buena ocasión de medir y comparar gestiones, sobre todo cuando se trata de la misma fuerza política al mando. Del presupuesto del 2005 al de hoy, los economistas podrían sacar conclusiones muy interesantes. Nosotros nos limitaremos a la comparación política.

En 2005 el país se restablecía firmemente de la enorme crisis de tres años antes, se reanimaba la economía, crecía el producto y -sobre todo- aumentaban los precios de lo que el Uruguay vende, es decir, se iniciaba la década de prosperidad que hoy está feneciendo. Hay un común denominador personal en esta década: la presencia en el centro de las deci-siones más importantes del Cr. Danilo Astori, máximo responsable de los aspectos económicos y financieros de tres gobiernos.

Debemos alertarnos acerca de la pretendida ausencia o silencio del citado profesional en los años 2010 a 2015. Una cosa es que haya sido responsable por omisión, por dejar pasar las cosas que no le gustaban, por no permitir a sus legisladores hablar, por acatar sin chistar lo que de Mujica venía, y otra que no tenga nada que ver con lo sucedido. Porque la responsabilidad se mide en función de los poderes recibidos: tanto has recibido, tanto te puedo -y debo- exigir. En el caso del citado economista, mucho se le puede reclamar.

Pocos secretarios de Estado han tenido una situación más holgada que la de Astori. Mayoría parlamentaria, recaudación récord, prosperidad debida al mundo. Así sí que es fácil gobernar... De esta bonanza es que surge el concepto de “espacio fiscal” que el propio ministro usó para justificar que, teniendo déficit, se podía aumentar el gasto público. Teoría de muy poco sustento lógico y que poco homenaje le hace al antiguo profesor. También se debe evaluar la responsabilidad política de los parlamentarios cuando siguen sin protesta alguna los dictados del Poder Ejecutivo, aun en las más absurdas iniciativas.

Nuestra compañera Azucena Arbeleche ha dado en el clavo cuando ha mencionado la deshonestidad intelectual de Astori al callar lo malo de la situación económica que dejaba el gobierno saliente, al inducir al propio presidente Vázquez a error, al punto de que este tuvo que confesar, después de electo, que no sabía lo mala que era la situación que recibía.

La campaña electoral admite exageraciones, la propaganda por elevar las expectativas, pero en materia técnica, en el ámbito de los números, cuando se poseen los conocimientos científicos y de la realidad que eran patrimonio de Astori, no se puede decir una cosa por otra, so pena de invalidar para siempre la confianza que pudo merecer. Es lo que ha ocurrido. Pero mujiquistas o astoristas, más radicales y menos, seregnistas de la primera hora o sindicalistas trepados, todos marcaron el paso. Se comieron cuanto sapo pasaba por el parlamento y ¡vaya si se conocieron sapos en el período pasado! Hoy los sindicatos, en ocasión presupuestal, alargan la piola que les ata al FA y gritan, y paran, y reivindican... pero son lo mismo.

El propio presidente Vázquez, con su autoridad -que la tuvo y quizás aún conserva en alto grado- parece haberse entregado, luego de acertadas decisiones de terminar con los loqueros anteriores. Buena es esta etapa para medir por dónde va el poder real, quién gana en la pulseada cívico sindical, recordando que, “tutti cuanti”, todos, son padres de la criatura…

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