Luis Alberto Lacalle
Luis Alberto Lacalle

El precio de la verdad

Ocurrió la semana pasada y, a nuestro juicio, fue un episodio de singular importancia, no sólo por el tema, sino porque un sinceramiento como el que comentaremos, siempre viene bien. Se trata de las declaraciones del Profesor Juan Pedro Mir, quien en su calidad de Director de Educación del MEC, sabía bien de lo que hablaba y en su condición de militante del FA, conoce los vericuetos internos de la ecuación de poder que es la que en realidad nos gobierna. Dijo el distinguido compatriota que aquello de “cambiar el ADN de la educación” no es posible teniendo en cuenta el panorama político de la coalición de izquierda que ejerce el poder.

Ocurrió la semana pasada y, a nuestro juicio, fue un episodio de singular importancia, no sólo por el tema, sino porque un sinceramiento como el que comentaremos, siempre viene bien. Se trata de las declaraciones del Profesor Juan Pedro Mir, quien en su calidad de Director de Educación del MEC, sabía bien de lo que hablaba y en su condición de militante del FA, conoce los vericuetos internos de la ecuación de poder que es la que en realidad nos gobierna. Dijo el distinguido compatriota que aquello de “cambiar el ADN de la educación” no es posible teniendo en cuenta el panorama político de la coalición de izquierda que ejerce el poder.

El jerarca que mencionamos no renunció a su calidad de integrante de la militancia frentista, lo hizo a partir de conocer la situación de la educación y de reconocer los tremendos frenos y obstáculos con que se enfrentan quienes quieren encaran en serio el tema educativo. No volvemos sobre las reiteradas proclamaciones acerca de la importancia del tema educativo que nos han regalado, no sólo los presidentes frentistas sino que también todos los jerarcas de la coalición.

A esta altura, suena a burla que todos hagan gárgaras con el tema pero, a la hora de encararlo, se vayan al mazo unánimemente. Varias son las causas de esa impotencia ya más que notoria. Ante todo recordar que el FA no es un partido sino una coalición. Más allá de Perogrullo, es necesario ir hondo en este concepto. Se trata además de una mera descripción de la realidad. Desde su fundación la coalición incorporó corrientes, movimientos y partidos con muy tenue común denominador. Pensemos solamente en qué podían tener en común el Partido Comunista y la Democracia Cristiana y veremos que tal afirmación era y es valedera. Ni que decir las históricas y abismales diferencias entre el Partido Socialista y sus “primos” del Partido Comunista. Con el andar del tiempo y luego de algunas dudas, se incorporarán los movimientos sediciosos y ahí sí que el agua y el aceite se negaron a entreverarse.

Solo la habilidad del Gral. Seregni y el afán de llegar al poder, ataron tantos rabos distintos. No hay posibilidades de entrar en determinados temas pues las visiones son abismalmente distintas y los métodos irreconciliables. La manera de ir tirando que encontró el Frente fue el arrojar dinero a este problema, sin advertir que -siendo los recursos fundamentales- lo que hay que encarar es mucho más hondo. Resulta curioso que siempre se mencionó un porcentaje del PBI, nunca su mejor o más adecuada administración, como si los recursos estatales fueran totalmente elásticos.

Los buenos gobernantes, entre otras cosas, deben saber manejarse con la realidad en que están inmersos. Pintar paredes con el 6% es buena publicidad, gastar lo que se tiene y la imaginación y la valentía de hacer rendir lo que se puede, señala a los mejores. Se deben de hacer los más grandes esfuerzos, claro está, creemos que todos los gobiernos lo han hecho, pero llegados a una cifra los administradores deben de repartirla en los muchos rubros que implica el educar. Por supuesto que los salarios son centrales y preponderantes. El factor humano es primordial hacerlo rendir. Pagar lo mejor que se pueda es una parte del problema. Sin lugar a dudas que mejorar el sistema de opción de horas, acercar el docente a su trabajo, radicarlo en un radio geográfico más conveniente, buscar disminuir el ausentismo, aumentar los días de clase, en fin, buscar la calidad del acto docente son elementos necesarios para el logro de mejores fines. Ni que decir de jerarquizar al docente, exigirle calidad profesional, dotarlo de autoridad que se ejerza, disciplinar a los muchachos, ser imaginativos en los planes y métodos, aproximan al mejor resultado.

Es preciso enfrentar el fenómeno de la sindicalización. En serio y con conciencia de las respectivas responsabilidades. Los sindicatos son necesarios, útiles y bienvenidos. Ven al fenómeno laboral con preferencia, pero no es éste el único ángulo de análisis. El conjunto de la educación no pasa solo por ese meridiano, abarca inversiones, sistemas, metodologías. De ahí el error de incorporar a las autoridades de la enseñanza a los representantes corporativos, se trata de tener una visión de conjunto que no pueden tener quienes miran desde un ángulo exclusivo.

Se trata de gobernar y por ende, de mirar al tema en su totalidad, visión propia de la acción política. El FA debe de reconocer que la decisión del primer gobierno del Pte. Vázquez en se sentido, no fue acertada. Se debe de volver a la situación anterior, seguramente que exigiendo a los futuros gobernantes del rubro más altas calificaciones profesionales. Pero sobre todo, un compromiso firme con los mandatos democráticos emanados de las elecciones. La educación la dirige el pueblo, no el sindicato. La educación se debe centrar en los resultados obtenidos en la formación de los educandos, ellos son el objetivo primero.

Debe de ser honor para los docentes lograr los mejores resultados en la transmisión de valores y en inculcar destrezas para la vida laboral. Los dos son objetivos inseparables. Buenos ciudadanos, buenas personas, dotadas de las mejores armas para enfrentar la vida.

La voz de alerta está dada, solo resta esperar que a esta valiente opinión se la respete y se reflexione sobre ella. Disciplinar al equipo gobernante, exigirle una sola posición es un criterio superficial, aprovechar de la independencia y solidez de la opinión individual para un análisis crítico es ir a lo hondo del problema.

Todos los demás asuntos de gobierno pueden esperar un cierto tiempo. La educación, no. Cada año que pasa va dejando el tendal de muchachos desilusionados, desarmados para enfrentar la vida, tempranamente amargados. Alguien dentro del Frente Amplio debe de mandar parar, debe de mandar revisar lo andado, recomponer lo desorganizado, ir a una verdadera revolución educativa. Menos anuncios relativos al ADN y más sentido común y patriotismo. Ni que decir de abrir a todas las responsabilidades políticas el cerrar filas para este desafío que es de todos y que entre todos debe ser enfrentado. No actuar ahora, cuando se ha revelado que el emperador está desnudo es inconsciencia. Reaccionar, patriotismo.

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