Luis Alberto Lacalle
Luis Alberto Lacalle

La mala semilla

Ha concluido el proceso electoral y tenemos un nuevo Presidente de la República. Surgido de un proceso sin reproches, el mandato del Dr. Tabaré Vázquez tiene la fuerza del sistema democrático y debe ejercerlo con los poderes y las limitaciones que la Constitución le marca.

Lamentablemente esta campaña electoral ha tenido aspectos extraños a las costumbres políticas y a las prácticas electorales que eran nuestro orgullo nacional. Desde algunos sectores del FA se llevó a cabo una feroz campaña de agravios, calumnias e insultos dirigidos a los demás partidos, en particular al Partido Nacional y a nuestro candidato Luis Lacalle Pou y los dirigentes que lo acompañamos. Pedimos excusas a los lectores por las transcripciones que vamos a efectuar pero las mismas son textuales. La Dra. Constanza Moreira, profesora de la Universidad, utilizando un texto de Benedetti en su propaganda de televisión, nos calificó de diversas y ofensivas formas personales y sociales en función de resentimie

Ha concluido el proceso electoral y tenemos un nuevo Presidente de la República. Surgido de un proceso sin reproches, el mandato del Dr. Tabaré Vázquez tiene la fuerza del sistema democrático y debe ejercerlo con los poderes y las limitaciones que la Constitución le marca.

Lamentablemente esta campaña electoral ha tenido aspectos extraños a las costumbres políticas y a las prácticas electorales que eran nuestro orgullo nacional. Desde algunos sectores del FA se llevó a cabo una feroz campaña de agravios, calumnias e insultos dirigidos a los demás partidos, en particular al Partido Nacional y a nuestro candidato Luis Lacalle Pou y los dirigentes que lo acompañamos. Pedimos excusas a los lectores por las transcripciones que vamos a efectuar pero las mismas son textuales. La Dra. Constanza Moreira, profesora de la Universidad, utilizando un texto de Benedetti en su propaganda de televisión, nos calificó de diversas y ofensivas formas personales y sociales en función de resentimientos diversos. El Presidente de la República nos calificó de “almas podridas” y “cobardes”. El ministro de Defensa afirmó que Lacalle Pou era “turro”, “burro” e “ignorante”. En ocasión de haberse denunciado una situación policial relativa a drogas que vinculaba a un dirigente blanco del interior, la senadora Topolansky se preguntó ante las cámaras de televisión si la campaña electoral de Lacalle Pou no estaría financiada por el narcotráfico. El senador Agazzi afirmó que deseábamos volver al gobierno para aumentar nuestros patrimonios personales y, después del 26 de octubre, que si ganaba Lacalle Pou la Presidencia, no le votaría ninguna ley. Como puede advertirse no se trata de nimiedades ni de meros chisporroteos propios de la lucha electoral. La prudencia de los candidatos opositores, al no responder en el mismo nivel y tono, evitó que la elección se convirtiera en un incendio. Todo esto tiene un terrible agravante que es la responsabilidad de estos jerarcas en lanzar estas acusaciones en momentos en que las redes sociales son un multiplicador de conceptos y adjetivos. La responsabilidad de estos dirigentes es, pues, doble, porque no solamente acusan sino que provocan la repetición y difusión en ese medio, que por anónimo se presta a la cobardía y a la calumnia, como puede fácilmente comprobarse.

Debemos agregar algunas líneas argumentales del FA más generales pero no menos dañosas. Así es que hemos visto clasificar y calificar a los dirigentes opositores en función del lugar en donde viven. La máxima frentista es “dime dónde vives y te diré quién eres”, agregado a ello el exabrupto del Presidente señalando que prefería legisladores con menos educación, completa una visión extraviada y maligna de la sociedad.

Fomentar la envidia, el resentimiento y aumentar las diferencias sociales es la intención. Quien tenga un automóvil de relativa buena calidad será sospechoso, quien haya triunfado en la vida lo habrá hecho en función de artimañas poco claras. Para culminar este triste panorama se ha incorporado a la dialéctica política el concepto de odio. El Sr. Mujica ha dicho que le odiamos porque “viene desde abajo”, y el ex ministro Lorenzo expresó que no sabía por qué “la derecha” lo odiaba. Esto es, sin lugar a dudas, terrible: implica romper tradiciones y comportamientos que el país había edificado alrededor de la tolerancia y el respeto. No odiamos a nadie, tenemos adversarios, discrepamos, luchamos, contradecimos a quienes piensan distinto pero no odiamos. Simplemente creemos que Mujica ha sido un muy mal Presidente y que el ministro Lorenzo no tuvo la conducta correcta en el tema de Pluna. Esta vergonzosa realidad que describimos puede tener consecuencias muy graves. Quienes así han opinado, quienes así han estigmatizado, tienen seguidores, son vistos por mucha gente como conductores, como ejemplo, ocupan jerarquías estatales de importancia. La influencia que estas barbaridades puedan tener en el ánimo de los adolescentes es grave. Si una persona porque tiene un automóvil de buen nivel es un delincuente no estará del todo mal romperle el parabrisas o apedrearlo. Si determinado barrio es una cueva de malhechores, lo mismo. También en 1963, y años siguientes, se sembró el odio, y con relativo éxito se enseñó que la bomba, el robo y el secuestro eran mejores armas que las del voto. Todos sabemos qué pasó en los siguientes veinte años. Parece mentira que algunos de los que fueron protagonistas de ese tiempo de destrucción de la tolerancia y de la paz política y social sean los que nuevamente enciendan los primeros fuegos de lo que puede ser un incendio. En nada parecen haber cambiado. Nada parecen haber aprendido.

Como nos enseñó Ortiz, vivimos bajo el lema de que “lo que es bueno para el país es bueno para el Partido Nacional”. Acostumbrados a la intemperie del poder fuimos co-constructores de una sociedad tolerante, educada con sentido de excelencia, en la que estaba abierto el ascenso vertical a quien tuviera la voluntad de educarse, de comportarse correctamente, y de trabajar. Utilizando el concepto del Presidente, los que venían de abajo ¡vaya si tenían posibilidades de llegar a los más altos niveles! Pero sin odio, sin envidia, sin resentimiento. Ojalá que estos episodios no tengan consecuencias, pero sí nos han dejado una siembra de mala semilla que solo malos frutos puede dar.

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