Luis Alberto Lacalle
Luis Alberto Lacalle

Nuestras Fuerzas Armadas

El próximo 18 de mayo todos recordaremos la victoria de Artigas en Las Piedras, hecho de armas que tonifica la incipiente Revolución de Mayo y que se constituye en la principal base para concretar la posición del Jefe de los Orientales como caudillo de la entonces Banda Oriental.

El próximo 18 de mayo todos recordaremos la victoria de Artigas en Las Piedras, hecho de armas que tonifica la incipiente Revolución de Mayo y que se constituye en la principal base para concretar la posición del Jefe de los Orientales como caudillo de la entonces Banda Oriental.

La fecha también se toma como el inicio de la organización estatal de la patria, al evocarla como la de fundación del Ejército Nacional.
Antes que hubiera Estado, como su primera institución, se forma la fuerza armada, expresión inicial de un país organizado. Desde entonces y por agregación se va delineando la personalidad institucional y espiritual del Uruguay. El Éxodo afirma la conciencia de nación, la creación de la marina de guerra agrega otra dimensión, el Congreso de Abril la representación política, las Instrucciones del año XIII la primera articulación institucional. Todos ellos, elementos indispensables para lo que luego llegó: la independencia, y finalmente la Constitución en 1830.

Las FFAA son elemento esencial del Estado y como tal es necesario respetarlas y valorarlas, más allá de los intentos de mejorar en lo que cuadre la prestación del servicio de defensa nacional o la crítica que puedan merecer algunos oficiales, los que impulsaron el golpe de Estado de 1973. Partimos en este artículo de esa base, dejando de lado tanto los absurdos intentos de convertir a nuestros soldados, marinos y aviadores en una guardia nacional y las expresiones de odio con que unos pocos encaran el tema. Fueron, son y serán indispensables en nuestra vida como país.

Como todo instrumento estatal las FFAA deben adecuarse a los fines para los que se las organiza y necesita. Adecuación de esa institución a sus hipótesis de utilización, reales y adecuadas tanto al entorno geopolítico como a los recursos disponibles. No nos afiliamos a una posición meramente economicista de este rubro presupuestal sino a una visión de conjunto de nuestra sociedad y las eventualidades en que la misma necesite de los servicios militares. Aquí y ahora, mañana y aquí.

Las hipótesis de uso son varias, todas ellas posibles y no todas ellas bélicas, de combate. La presencia en la Antártida, la ayuda en casos de catástrofe son ejemplos vivos que la realidad nos muestra cotidianamente y bien que todos apelamos a sus servicios cuando hay que encarar actividades de emergencia que otros no pueden o no quieren suministrar. Cuando las papas queman, se llama a los soldados, marinos y aviadores. En silencio estos actúan con eficacia y diligencia. Apenas pasado el susto, se les olvida.

La presencia en las misiones de paz es una actividad que aún no ha sido cabalmente valorada. Por participar en ellas, el Uruguay está presente en un muy selecto grupo de naciones, prestando un servicio de importancia internacional de primer nivel. China, Canadá, EE.UU., la Unión Europea, Japón son algunos de los compañeros de nuestros cascos azules. En proporción a la población de cada país, somos los que más alto porcentaje de efectivos aportamos. La navegación del río Congo en el corazón del conflictivo centro de África, la operación en un aeropuerto de esa región están a cargo de nuestra FAU y nuestra Armada; las operaciones terrestres y separación de las partes en conflicto, es tarea de nuestros soldados. Todo esto debe de ser mejor aprovechado por nuestro país.

Es conveniente imitar a otros que, junto a sus efectivos armados, tienen funcionarios de Relaciones Exteriores y de comercio, aprovechando los vínculos creados por las tareas de ONU. Asimismo, a la presencia nacional en el Consejo de Seguridad, es urgente comparecer ante sus Oficinas de Compras para que cuando necesiten adquirir elementos de abrigo o alimentos para las catástrofes mundiales, compren en nuestra industria.

El crecimiento territorial debido a la extensión de la soberanía marítima, requiere mayor y mejor presencia de los buques de guerra nacionales en esa enorme extensión. La FAU necesita nuevos equipos y el Ejército requiere material adecuado. Es necesario contar con medios materiales y humanos apropiados. Con una cifra anual fija y razonable en una sucesión de presupuestos, se puede lograr un sistema que no ofrezca sobresaltos financieros y permita comprar lo que se necesita y no lo que se consiga barato.

Resta el factor humano, los oficiales, suboficiales y personal subalterno. Ante todo no es posible seguir disminuyendo el personal de las unidades de combate pues si se cuenta con el mantenimiento de las operaciones de paz se está en los límites lógicos de operatividad. Quizás en los mandos, en el Ministerio u otros lugares del inciso, pero no en las unidades de combate.

El salario del soldado es una mancha para la sociedad. Ganan la mitad de lo que cobran los agentes de policía y no se puede convocar a gente medianamente capaz con lo que se paga hoy. Más que nada es preciso cuidar a los suboficiales, que son el corazón de las fuerzas, así como los especializados en técnicas diversas. El reclutamiento de estudiantes para las tres escuelas, para el alumnado de esa gran institución que es el Liceo Militar, no puede mejorar en calidad y cantidad mientras se paguen sueldos de vergüenza a profesionales que luego se desempeñan en un estatuto funcional muy particular y con obligaciones que no existen para ningún otro sector de la administración.

En síntesis, ocuparnos de las FFAA, retribuirlas con justicia y apreciar su aporte nacional, son asignaturas pendientes para todos.

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