Luciano Álvarez
Luciano Álvarez

Van para traslado

Va para traslado", le dijo el mayor Gavazzo a María Elena Laguna, el 27 de septiembre de 1976, en Buenos Aires, usando esa jerga eufemística que los sistemas criminales crean para nombrar sus delitos con raro pudor. Adalberto Soba, su esposo, sería uno de los treinta y nueve desaparecidos del PVP, aquel pequeño grupo de alucinados que se creía capaz de derrotar a la dictadura uruguaya.

Pese al furor de sus proclamas y si bien habían violado leyes, aun en democracia —dos secuestros importan-tes y el emblemático robo de la bandera de los 33— no pesa sobre ellos ningún deli-to de sangre, considerable diferencia con los pistoleros del MLN.

El 26 de julio había salido el "primer vuelo" hacia Montevideo con 23 detenidos, obligados a participar de una farsa de invasión a cambio de penas de prisión relativamente breves. Por el contrario, desapareció la mayoría de los capturados en septiembre y octubre.

Algunos datos son seguros: doce viajaron a Uruguay en vuelos comerciales de Pluna. El 27 de septiembre, las esposas de Alberto Mechoso y Adalberto Soba —Beatriz Castellonese con dos hijos y María Elena Laguna con tres— viajaron con José Nino Gavazzo y Ricardo Arab, quienes fingieron ser sus esposos. Gavazzo traía una valija con una importante cantidad de dólares. Beatriz Barboza y Javier Peralta fueron traídos en otro vuelo así como Álvaro Nores Montedónico; este a pedido de su hermana Pilar, que estaba colaborando con la OCOA. Finalmente, el 17 de octubre viajó María Claudia García Iruretagoyena de Gelman, embarazada de Macarena, caso inexplicable, puesto que al parecer nada tenía que ver con el PVP. Un documento redactado por Gavazzo y Arab lo atribuye a una orden del Poder Ejecutivo. Es la única desaparecida de ese grupo. También viajó una tal María del Carmen, que sobreviviría, pero no ha querido testimoniar y los niños Anatole y Victoria Julien.

El vuelo del 5 de octubre, reconocido por la Fuerza Aérea en agosto de 2005 es la gran incógnita. Fue el Nº 511 de un C-47 de la FAU. "Estas operaciones aéreas —dice el informe— fueron ordenadas por el Comando General de la Fuerza Aérea a solicitud del Servicio de Información y Defensa, […] desconociendo las tripulaciones, la cantidad e identidad de los pasajeros, ya que los tripulantes debían permanecer aislados en la cabina de vuelo".

Estas son las únicas certezas; el resto es noche y niebla. Un informante anónimo dice que bajaron unas 14 o16 personas encapuchadas y fueron trasladadas en camiones del ejército. Esto coincide con la información que transmite a Roger Rodríguez su principal fuente, el desconocido represor argentino: "de Uruguay a los argentinos nos han cobrado todo y mucho ha salido a la luz. Pero que no nos adjudiquen esas desapariciones. A los que no murieron en Orletti, nosotros los devolvimos". Sin embargo su tesis es débil. En primer lugar, el contexto: el asesinato y desaparición de los detenidos fue una práctica generalizada en la argentina, no en Uruguay. Segundo, el informante reconoce que no participó en la entrega, de modo que habla de oídas. Por último y quizás lo más significativo: el informante "subrayó que los militares argentinos se sintieron traicionados por los militares uruguayos, ya que los detenidos que abordaron aquel vuelo del avión de la FAU a fines de junio habían sido entregados para su disposición final en Uruguay".

Sin embargo, la justicia uruguaya condenó a Gavazzo y Arab como "autores responsables de veintiocho (28) delitos de Homicidio muy especialmente agravados, en reiteración real a la pena de veinticinco (25) años de penitenciaría para cada uno de ellos" (Sentencia Nº 036 Montevideo, 26 de marzo de 2009).

Del análisis de los veintiocho, es casi seguro que nueve murieron en Buenos Aires: Gerardo Gatti y León Duarte en julio del 76. Antes habría muerto Ary Cabrera Prates, detenido el 5 de abril. Asilú Maceiro, pareja de Cabrera, detenida en Automotores Orletti preguntó por él y le "contestaron con una frase que ellos usaban mucho: está tocando el arpa con San Pedro".

Los restos de Alberto Mechoso fueron encontrados junto a los de Marcelo Gelman en Buenos Aires, en el canal de San Fernando, e identificados en mayo de 2012. Razonablemente, lo mismo sucedió con Adalberto Soba. Carmen Martínez Addiego fue sacada de Orletti junto a Julio Rodríguez; la liberaron en la calle pero este y quien le acompañaba "siguieron en el auto. Creí que habían sido liberados, pero hoy sé que por lo menos él sigue desaparecido." Un compañero de habitación de Alfredo Rodríguez Mercader informó a su madre que "lo balearon en una camioneta". Hay coincidencia en que Roger Julien, murió durante el operativo de detención, el 26 de septiembre; también su esposa Victoria Lucía Grisonas, ya sea por la intensidad de los golpes recibidos o, tal como asegura un vecino "la fusilaron al doblar la bocacalle". También que se llevaron a su dos hijos y que […] uno de los bestias que llevaban a los chicos […] les decía la yegua de tu madre no está más".

De los diecinueve restantes poco o nada se sabe, salvo que la cifra corresponde más o menos a la que el testigo anónimo atribuye al vuelo del 5 de octubre. En todo caso la hipótesis de que murieron en Argentina no pierde vigor. Cristina Mihura, esposa de Bernardo Arnone, sostuvo ante el Tribunal de Roma sobre el Plan Cóndor "que las fuentes de la existencia del segundo vuelo son militares, particularmente un argenti-no de la Secretaría de Inte- ligencia de Estado, interesa-do en que no se busquen los restos en Argentina y las desapariciones se atribuyan a Uruguay".

Gavazzo apenas sostu- vo ante el juzgado urugua- yo: "…yo presumo que es- tán muertos [en Argentina], no tengo otra opción de presumir."

Pero Gavazzo y sus colegas pagaron por su escandaloso silencio. Podría haber argumentado que a diferencia del primer vuelo falló el negociar la vida de la segunda tanda y dar información pertinente. Sin embargo calló y mintió. Al hacerlo habilitó al juez a sentenciarlo.

En este sentido tiene gran validez moral la pos-tura de Cristina Mihura: "Quiero saber lo que pasó. Los militares lo saben, pero ni siquiera anónimamente nos dicen algo. Es un revanchismo feroz".

Sí, revanchismo feroz y despreciable, pasados 40 años. Puro cainismo.

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