Luciano Álvarez
Luciano Álvarez

Los rencores y la ambición

El 16 de abril de 1470 Ricardo Neville, Conde de Warwick, y su familia atraviesan el canal de la Mancha en dirección a Calais, la última posesión inglesa en el continente. Warwick, el Hacedor de reyes, noble más poderoso de Inglaterra, había sido decisivo para derrotar a los Lancaster en la Guerra de la dos rosas y poner en el trono a Eduardo IV en 1461. En 1469 lo había traicionado, con la complicidad de Jorge de Clarence, su yerno y hermano del rey, siempre dispuesto a conspirar. Ahora marchaban al exilio.

El 16 de abril de 1470 Ricardo Neville, Conde de Warwick, y su familia atraviesan el canal de la Mancha en dirección a Calais, la última posesión inglesa en el continente. Warwick, el Hacedor de reyes, noble más poderoso de Inglaterra, había sido decisivo para derrotar a los Lancaster en la Guerra de la dos rosas y poner en el trono a Eduardo IV en 1461. En 1469 lo había traicionado, con la complicidad de Jorge de Clarence, su yerno y hermano del rey, siempre dispuesto a conspirar. Ahora marchaban al exilio.

En Calais hay orden de no recibirlos. El barco debe buscar otro puerto; una tormenta amenaza hundirlo; Isabel, hija mayor de Warwick y esposa de Clarence comienza el prematuro parto de su primer hijo con la única ayuda de su madre, su hermana Anne y unas cuantas sirvientas. El niño murió a las pocas horas.

Cuando por fin pudieron desembarcar en tierra francesa el Hacedor de reyes pidió asilo y apoyo al rey Luís XI de Francia; éste le hizo una propuesta: aliarse con Margarita de Anjou, su prima, cabeza de los Lancaster ante la prisión de su marido Enrique VI. Aquel hombre que había contribuido como nadie al triunfo de los York, ahora debía suplicar una alianza con sus enemigos. Margarita no se la hizo fácil: el Conde tuvo que postrarse ante ella durante más de 15 minutos, antes de acceder a negociar. Por fin Warwick logró su objetivo, sellado con el casamiento de su hija menor, Anne, con Eduardo de Westminster, hijo de Margarita y Enrique VI.

El 13 de septiembre de 1470 un poderoso ejército desembarca en Inglaterra, el 2 de Octubre entran a Londres y quien debe cruzar ahora el canal de la Mancha rumbo a Borgoña es Eduardo IV, dejando a su esposa Isabel Woodville --que estaba al final de un embarazo— refugiada en la Abadía de Westminster, el santuario que todos debían respetar. Fue un período terrible para la reina depuesta que apenas sabía de su marido por algunos mensajes pasados secretamente. El 2 de noviembre de 1470, en la oscuridad del santuario Isabel Woodville tuvo un niño, el primer heredero varón del rey en desgracia, al que llamó como su padre.
Enrique VI, una vez más se sienta en el trono, sin casi conciencia de los hechos. El 13 de diciembre de 1470, en Calais, se llevó a cabo la boda de Anne Neville, de catorce años y Eduardo de Westminster, de diecisiete. Warwick ya imaginaba a su hija en el trono de Inglaterra, como reina consorte. El 14 de abril de 1471, la joven pareja pisaba suelo inglés para instalarse en la corte.

Poco se sabe de ese otro Eduardo que encontraría la muerte pocos días después. En el acto primero, escena II, de Ricardo III, Shakespeare lo cubre de elogios: Anne dice que “¡Otro mejor [esposo] no respira sobre la tierra!” y Ricardo lo llama “¡El más afable y apuesto caballero que pueda ofrecer jamás el espacioso mundo, moldeado por una Naturaleza dispuesta a la prodigalidad, joven, valeroso, prudente y digno, a no dudar, de la realeza!” En los hechos mal podría expresarse así Anne, que apenas lo conoció y menos aun Ricardo. Tampoco hay una explicación --salvo necesidades dramáticas--- para esos elogios que teje Shakespeare. Los escasos documentos disponibles, como los de Pietro Panicharolla, milanés, embajador en Francia y el jurista lancasteriano John Fortescue apenas resaltan su prematura belicosidad: “No habla más que de hacer la guerra, cortar cabezas…”, escribió Panicharolla .

Aquel mismo 14 de abril, Warwick se enfrentaba al nuevo ejército de Eduardo IV en Barnet, ciudad al norte de Londres. Jorge de Clarence había cambiado nuevamente de bando y ahora peleaba junto a sus dos hermanos: el rey y Ricardo, duque de Gloucester. Warwick murió en la batalla. Eduardo de Westminster se unió a las despedazadas tropas de Lancaster y el 4 de mayo la batalla de Tewkesbury terminó con sus últimas esperanzas. Anne Neville y Margarita de Anjou asistieron al desastre desde una colina.

Eduardo IV ejecutó en el acto a la mayoría de los comandantes vencidos; también a Eduardo de Westminster y un mes más tarde discretamente, al desgraciado Enrique VI.

Con las mujeres vencidas se respetó el código caballeresco: Margarita de Anjou fue confinada en la torre durante siete años; la esposa de Warwick y madre de Anne se recogió en una abadía y perdió todos sus bienes que pasaron a manos de su hija triunfante, Isabel, cuñada del rey y esposa de Jorge de Clarence. La joven Anne fue puesta bajo la custodia de su cuñado.

Se abría un período de 14 años de gobierno York. Los tres hermanos –-Eduardo IV, Jorge de Clarence y Ricardo de Gloucester-- eran los grandes triunfadores.

Mientras tanto, Anne, lejos de la desgraciada y veleidosa dama que nos presenta Shakespeare, había heredado el carácter de su padre, no estaba dispuesta a perder todo su patrimonio a manos de Isabel, su opaca hermana, y su cuñado. Se fugó, buscó refugio en una iglesia y se puso en contacto con aquel que había sido su amigo y compañero de juegos en la infancia: Ricardo de Gloucester, a quien la historia conocerá como el terrible Ricardo III.

Ricardo había tenido una participación decisiva en la muerte de su padre, de su esposo y de su suegro, pero también es cierto que se conocían –hay quienes dicen que se amaban—desde niños y que Ricardo era el único marido potencial que podría protegerla: Anne escaparía al control de Jorge y recompensaría a Ricardo con sus propiedades en el norte de Inglaterra, incluyendo el gran Castillo Middleham.

Se casaron el 12 de julio de 1472 en la abadía de Westminster y se establecieron en castillo de Middleham; Ricardo había sido designado gobernador del Norte. Al año siguiente, en diciembre de 1473, Anne dio a luz a un niño también bautizado Eduardo, seguramente en homenaje al rey no a su primer marido. Anne volvía a estar en el bando ganador, pero se mantendría a distancia de su cuñada, la reina Isabel Woodville, enemiga jurada de los Neville.

Entre los hermanos York, sumadas sus familias políticas, había demasiadas cuentas pendientes, muchos rencores y sobrada ambición. Pronto se estarían destruyendo entre sí, con una buena mano de Anne e Isabel.

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