Luciano Álvarez
Luciano Álvarez

Pragmatismo, duelos y rencores

El 26 de marzo de 2009 el juez Luis Charles condenó a José Nino Gavazzo y José Ricardo Arab como "autores responsables de veintiocho (28) delitos de Homicidio muy especialmente agravados, en reiteración real". Todos eran militantes del PVP (Partido por la Victoria del Pueblo)

¿Hubo verdad, hubo justicia? Imposible saberlo. Los condenados nunca confesaron las muertes, no se presentaron pruebas más allá de toda duda y los restos jamás aparecieron.

El Uruguay democrático ha debatido sobre los desaparecidos a lo largo de tres décadas y cada gobierno tomó resoluciones. Sanguinetti fue pragmático durante un gobierno ensombrecido por el intacto poder militar, pero fue insensible ante el duelo de los familiares. ¿Cómo no crear instancias de solidaridad con ese proceso de adaptación emocional insoslayable en el comportamiento humano desde sus orígenes en la tierra? Luis Alberto Lacalle reconoció que obviar el tema "por cierto no contribuye al reencuentro, a la pacificación y al fortalecimiento de la institucionalidad democrática". Tomó entonces el camino de las reparaciones económicas a víctimas y deudos pagando US$ 2.343.750, por daños económicos y morales. Pero Francisco Ottonelli, abogado de los reclamantes agregó otra lectura: "La transacción tiene una importante dimensión política en cuanto establece la admisión, por parte del Estado, de su responsabilidad por hechos cometidos por sus funcionarios militares y policiales". La actitud de Lacalle, lejos de apagar los fuegos, los avivó, y por otro lado nadie se hizo cargo de las víctimas de los revolucionarios, en particular del MLN.

Ciertamente, la ciudadanía aprobó la ley de Caducidad en dos referéndums, pero la misma no fue acompañada de un affectio societatis, una voluntad de buscar la reconciliación y un acuerdo profundos, de afrontar el problema del pasado traumático con "verdad, justicia y reparación" para todos, no solamente para unos.

El viento pudo haber cambiado el 1 de marzo de 2000. En su discurso ante la Asamblea General, Jorge Batlle invocó por primera vez el "estado del alma" como requisito de la pacificación nacional. Pero el odio azuzado hacia el compatriota, ese que los españoles llaman "cainismo", la mezquindad y los intereses políticos, le impidieron lograr la reconciliación.

David Rieff, luego de su experiencia como periodista en la guerra de los Balcanes, escribió que la memoria colectiva puede convertirse en una peligrosa arma que reavive las llamas de la violencia (Contra la memoria, Madrid, Debate, 2012). Aquí no hubo violencia pero sí un sabotaje cainita contra la Comisión para la paz.

Así y todo se inició una tarea titánica: la búsqueda de desaparecidos que daría como resultado la aparición de los restos de cuatro. No obstante, como ha dicho el antropólogo José López Mazz en respuesta a un típico artículo de "mala leche" de Samuel Blixen, de los tantos que hubo sobre "los magros resultados", "con la información con la que trabajamos, agarramos el tema en un punto y lo pusimos en otro. Se probó que no todas eran muertes esporádicas en la tortura, por excesos. A Julio Castro le pegaron un tiro en la cabeza. Y así te diría muchas cosas más". Pudiera agregarse que se probó que muchas fuentes mintieron con mala saña.

Carlos Ramela, delegado del presidente en la comisión, lamentó esos sabotajes, de ambos lados: "Silencio, un silencio cómplice, un silencio corporativo, un silencio que en definitiva justifica lo que nos dijeron cuando asumimos esta comisión: ustedes se van a inmolar y nadie los va a apoyar".

López Mazz denunció: "hay fuerzas políticas que quieren salir en la foto, gente que tiene un protagonismo, hay otro que está prendido porque tiene un puestito, es un combo que se va armando". Ramela agregó: "En los temas de derechos humanos hay gente admirable que trabaja con vocación, con ganas, con honestidad, y también hay mucho curro. Alrededor de los derechos humanos hay mucho curro. Hay mucha plata que se mueve. Hay plata que viene de todo tipo de organismos".

Hubo familiares discretos y los hubo exaltados, hubo hijos y entenados a la hora de las reparaciones, hubo militantes de los derechos humanos y meros militantes políticos.

Cuando el Frente Amplio llegó al poder desconoció los pronunciamientos cívicos y luego de entregar algunas cabezas, dejó languidecer el tema, esperando que el tiempo y la aciaga muerte cumplan con el olvido. No estaba equivocado el coronel Gilberto Vázquez cuando dijo: "Siempre quedó claro que ellos no guardan rencor. Los tupas no hicieron denuncias, las denuncias son las del PVP y parte del Partido Comunista". Fernández Huidobro y Lucía Topolansky lo confirmaron. Uno como ministro y la otra cuando dijo que trataría que "las Fuerzas Armadas del hoy queden divorciadas del pasado, porque nosotros precisamos a las FFAA fieles a nuestro proyecto".

El juez Luis Charles en los fundamentos de sus procesamientos y condenas había escrito que "el escudo de silencio levantado por indagados y testigos militares, […] cede ante el derecho-deber a saber, el cual no pertenece a personas individuales, ni siquiera a familias directamente afectadas, sino a la Sociedad en su conjunto. No se trata exclusivamente de un derecho a conocer, a buscar la verdad, como actividad humana, sino el deber de todos de recordar lo acontecido, como obligación ética". Luego cita a Antonio Cancado Trindade, juez en la Corte Internacional de Justicia de La Haya: "El derecho a la verdad, en última instancia, se impone también en señal de respeto a los muertos y a los vivos. El ocultamiento de los restos mortales de una persona desaparecida, en una flagrante falta de respeto a los mismos, amenaza romper el lazo espiritual que vincula los muertos a los vivos, y atenta contra la solidaridad que debe guiar los rumbos del género humano en su dimensión temporal".

Hoy Gavazzo y sus cómplices estás presos. Podrían aliviar sus conciencias diciendo lo que saben, pero han demostrado —particularmente éste— que más allá del deber del soldado, aún si aceptamos sus acciones dentro de este deber, hay un odio profundo y duradero.

Hay pocos inocentes. Los mansos esperamos un verdadero "estado del alma, investigaciones profundas, sine ira et estudio sobre la historia reciente y los derechos humanos desde comienzos de los 60 a la actualidad. Desde el primer muerto al último preso.

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