Luciano Álvarez
Luciano Álvarez

Un hombre y una mujer

En diciembre de 2008 se aprobó la ley de “Defensa del derecho a la salud sexual y reproductiva”.

En diciembre de 2008 se aprobó la ley de “Defensa del derecho a la salud sexual y reproductiva”.

En los días previos debatí en la Tertulia con la senadora Mónica Xavier, una de las autoras del proyecto de ley. Fruto de ese debate escribí un artículo en la revista Relaciones, el 21 de noviembre de 2007, que aquí resumo. Uno de mis argumentos fundamentales trataba del asunto que ha tomado relevancia en estos días: los derechos del varón genitor.

Muchas veces el legislador debe aceptar el dilema de dos opciones indeseables y tomar la vía del menor mal. Los abortos clandestinos han sido uno de los argumentos pragmáticos. Aun así se pueden compartir las urgencias y hasta el diagnóstico, pero diferir en el camino a seguir.

Así, por ejemplo, a principios del siglo XX el Uruguay discutía qué hacer con la prostitución; dos personalidades tan imponentes como José Batlle y Ordóñez y Paulina Luisi, estaban en veredas opuestas.

Mientras uno defendía una legislación política de reglamentación de la prostitución, Paulina defendía el abolicionismo.

Aquel debate tiene resonancias en este. Como muchos que hoy se oponen a esta ley, Paulina Luisi cifraba sus esperanzas en la formación moral y “defiende que la mujer y el hombre deben ser responsables por igual ante el sexo y sus consecuencias.”

Mientras, las enfermedades venéreas hacían estragos y las urgencias del gobernante saldaron el debate: una ley pragmática que tomaba el camino del “mal menor” sin hacer apología de la prostitución.

Sin embargo la ley que debatimos no se limita a procurar una adaptación pragmática y “compasiva” respecto a una realidad lacerante, como el aborto clandestino.

Esta ley traduce -quiéralo o no el legislador- una ideología notoriamente discriminatoria respecto al papel social del varón y promueve una tendencia a la monoparentalidad.

La ley incluye (art. 2º) varios saludos a la bandera que no alcanzan para disimular prácticas netamente discriminatorias: habla de derechos, de equidad de géneros, de “promover la maternidad y paternidad responsable y la accesibilidad a su planificación”, etc.

Pero luego de los saludos a la bandera llegan las prácticas. Entonces, adiós equidad de género, adiós paternidad responsable.

Contundente como un golpe de K.O. la ley decreta que “toda mujer puede decidir la interrupción de su embarazo durante las primeras doce semanas de gravidez”. Los “derechos del varón”; no integran este corpus legal. En esta ley el hombre no existe. En esta ley, el hombre, casado, soltero, en pareja, no tiene voz ni voto, es un meteco sexual.

La ley prevé sistemas de asesoramiento y prevención: Un equipo interdisciplinario que “deberá contar como mínimo con ginecólogo, obstetra/partera y psicólogo” y eventualmente se podrá “acudir al juez letrado con competencia en materia de familia”. Pero, ¿qué pasa con los padres que quieran asumir responsablemente su paternidad, participar en la decisión o al menos dejar constancia de su opinión? Ni siquiera tienen la voz de la que disponen todos los mencionados.

¿Por qué razón la mujer debe justificarse ante el “equipo y en los términos arriba enunciados? ¿Qué razones hay para otorgar al “equipo” ese poder confesional, mientras se prescinde absolutamente del genitor, salvo voluntad expresa de la mujer?

Esta ley “filosófica” arraiga fuertemente en un estado crítico de la pareja humana. Mucho se habla de la redefinición del papel de la mujer en la sociedad contemporánea. Poco se reflexiona sobre el varón. La crisis del modelo paternalista ha tirado al bebé con el agua del baño

Nuevas generaciones de hombres han encontrado en la crisis de este modelo una forma de volver a sus pulsiones más primitivas, renunciando a a la responsabilidad y al arraigo, huyendo a los riesgos de formar una familia, de perderla, de asumir costos que pueda evitar.

Se ha vuelto, parafraseando a Hermann Hesse, un “macho estepario” para quien “es algo hermoso la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra,... Soledad era independencia, yo me la había deseado y la había conseguido. Era fría, es cierto, pero también era tranquila, maravillosamente tranquila y grande, como el tranquilo espacio frío en que se mueven las estrellas”.

Nuevas generaciones de mujeres, sobre todo profesionales, han asumido una monoparentalidad “deseada”, liberadas del otrora macho dominante, mientras otras, las más pobres, víctimas del macho estepario y depredador viven una monoparentalidad múltiple y sufrida, consecuencia de la degradación de las condiciones sociales y económicas.

Pero mientras muchos mujeres y hombres practican nuevos roles y conductas en el seno de una pareja y en relación a sus hijos, leyes como esta favorecen a las abejas reina y a los machos esteparios.

Las consecuencias lógicas de la ley son implacables.

La abeja reina podrá sacar al varón del juego, cuando quiera. Pero, con la misma lógica, cuando una mujer decida tener un hijo de su pareja, el macho estepario podrá argumentar que puesto que nada tiene que decir sobre el hijo concebido, está en su derecho declinar toda responsabilidad, en el mantenimiento y desarrollo de un niño sobre cuyo nacimiento no decidió. Esta posición políticamente incorrecta escandalizaría a muchos, pero es un corolario lógico para la inequidad de género que consagra esta ley. Con el agravante de que nos posible: probada su paternidad deberá hacerse cargo de todos los deberes de manutención, aun cuando haya manifestado su rechazo al embarazo.

No tengo derecho a condenar la monoparentalidad deseada, ni la legalización de uniones de hecho incluso entre personas de un mismo sexo, ni otras eventuales formas de núcleos humanos familiares. Es parte de una realidad contemporánea que todos los días nos enseña nuevas formas de tolerancia y valores humanos mucho tiempo soterrados y discriminados

Pero al mismo tiempo tengo el derecho cívico de levantar mi voz en defensa del progreso en la equidad de géneros por la vía de antiguas y renovadas lecturas morales que apoyen a mujeres y hombres. La ley de “Defensa del derecho a la salud sexual y reproductiva” está lejos de incluir esta postura entre sus opciones “filosóficas.

Se acaba de probar en Mercedes.

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