Luciano Álvarez
Luciano Álvarez

Blanco legítimo

Pocas veces la realidad ha sido tan servicial a las pautas y necesidades narrativas de la ficción como en el caso de Valerie Plame, una hermosa rubia que Alfred Hitchcock no hubiese desdeñado para sus películas.

Nació en Alaska en 1963. Su padre era oficial de la fuerza aérea. A los 22 años, ingresó como aspirante a Camp Peary, el lugar de entrenamiento de los agentes de la CIA. Le gustaba el oficio: las misiones en el extranjero, aprender idiomas y por supuesto todas las destrezas y técnicas de sobra conocidas por el cine. Resultó extremadamente apta y ascendió hasta llegar a «non cover officer», la elite de los agentes sin cobertura, privada de todo sostén oficial en caso de peligro; un personaje de Misión Imposible.

En 1998 se casó con Joseph Wilson, un diplomático retirado, catorce años mayor que ella, tuvieron mellizos y para todo el mundo Valerie trabajaba para Brewster Jennings & Associates, en realidad una consultora fantasma creada por la CIA en 1994. Al con

Pocas veces la realidad ha sido tan servicial a las pautas y necesidades narrativas de la ficción como en el caso de Valerie Plame, una hermosa rubia que Alfred Hitchcock no hubiese desdeñado para sus películas.

Nació en Alaska en 1963. Su padre era oficial de la fuerza aérea. A los 22 años, ingresó como aspirante a Camp Peary, el lugar de entrenamiento de los agentes de la CIA. Le gustaba el oficio: las misiones en el extranjero, aprender idiomas y por supuesto todas las destrezas y técnicas de sobra conocidas por el cine. Resultó extremadamente apta y ascendió hasta llegar a «non cover officer», la elite de los agentes sin cobertura, privada de todo sostén oficial en caso de peligro; un personaje de Misión Imposible.

En 1998 se casó con Joseph Wilson, un diplomático retirado, catorce años mayor que ella, tuvieron mellizos y para todo el mundo Valerie trabajaba para Brewster Jennings & Associates, en realidad una consultora fantasma creada por la CIA en 1994. Al contrario de su esposa, Wilson era un personaje público. Durante la guerra del Golfo fue el último funcionario en evacuar la embajada en Bagdad, donde había más de cien refugiados. Sadam Hussein había amenazado con ejecutar a quien los albergara. Wilson se presentó ante la prensa llevando una soga en lugar de la corbata: "Si quiere ejecutarme, traigo mi propia cuerda." Por fin pudo sacarlos a todos y el presidente George Bush, padre, lo recibió con estas palabras: "He aquí un verdadero héroe americano".

Bajo la administración Clinton ejerció como asistente especial del presidente en asuntos africanos. Luego se dedicó a trabajar como consultor privado.

Mientras tanto, Valerie fue puesta a la cabeza de un grupo de trabajo destinado a infiltrarse en los programas armamentísticos de Saddam Hussein, tomar contacto con científicos iraquíes y financiar colaboradores clandestinos, con el fin de saber si Irak podría disponer de armas de destrucción masiva: "A veces se presentaban cuestiones operativas urgentes y no tenía más opción que traerme a los gemelos a la oficina. No deja de tener cierta gracia pasarles papel y lápices a mis hijos mientras negociaba con un eventual colaborador."

Un día apareció la información de que los ingleses creían que Saddam estaba comprando uranio en Níger, un estado paupérrimo pero tercer productor mundial de ese material. El esposo de Valerie, había estado destinado a Níger entre 1976 y 1987 e Irak desde 1988 a 1991. A todas luces era un candidato ideal para cumplir una misión de investigación por cuenta de la CIA. En febrero de 2002 viajó al país africano y realizó un detallado informe en el que decía que no había conexión alguna entre la industria local del uranio y Saddam Hussein. El informe cerraba con las informaciones que poseía la CIA y contradecían las opiniones y deseos del presidente Bush y su entorno.

Desoyendo los informes técnicos, en enero de 2003, tres meses antes de la invasión a Irak, Bush dio como cierta la compra de uranio a Níger. Wilson no reaccionó inmediatamente; no me atrevo a exponer los probables porqués. Por fin, el 6 julio publicó un artículo de 1.450 palabras en The New York Times titulado: Lo que no encontré en África. En el segundo párrafo decía: "…no tengo más remedio que concluir que parte de las pruebas de inteligencia aportadas sobre el programa nuclear de Irak se han distorsionado para exagerar la amenaza iraquí."

La venganza se gestó en la Casa Blanca. Un grupo de periodistas recibió, confidencialmente, la información de que el informe de Wilson en Níger no merecía crédito alguno puesto que había sido un acto de nepotismo de su mujer, la agente Valerie Plame, para conseguirle algunos dólares a su marido que no pasaba por un buen momento de trabajo. El 14 de julio de 2003, el periodista Robert Novak lanzó la noticia e hizo público el nombre de Plame, lo que implicaba un delito federal para el filtrador, castigado con diez años de cárcel, de acuerdo al Acta de Protección de las Identidades de Inteligencia (1982).

Valerie Plame y Joe Wilson reaccionaron de manera diferente. Ella quedó en estado de shock: veinte años de carrera se destruían en un instante, todo su trabajo se venía abajo y decenas de contactos corrían ahora riesgo de vida. Quedó suspendida en su trabajo, pero se mantuvo en silencio y no se mostró públicamente; volvió por un tiempo y renunció a la CIA el 10 Diciembre de 2005. Mientras, Joe ponía en juego toda su fuerza y prestigio.

El mismo tiempo el fiscal Patrick Fitzgerald, especialista en casos de crimen organizado y terrorismo inició una investigación en el curso de la cual interrogó al mismo presidente Bush y sus más directos colaboradores.

Luego de tres años de investigaciones, en junio de 2007, Fitzgerald solo logró la condena de Lewis Libby, ex jefe de gabinete del vicepresidente Cheney, modesto chivo emisario: treinta meses de prisión y a una multa de US$ 250.000. Antes de un mes, Bush le indultó de la pena de prisión; supongo que los amigos se encargaron de pagar la multa. Fitzgerald no pudo llegar al fondo del asunto. Dijo que había sido como si le echaran arena a los ojos. Por esos mismos días Valerie Plame rompió su silencio y expuso ante un comité del Congreso y el matrimonio inició un juicio contra Dick Cheney, Lewis Libby y una decena de funcionarios de la Casa Blanca, acusándolos de conspiración para destruir su carrera como agente de la CIA. No obtuvieron ningún resultado. Quizás, al fin y al cabo, tal como Karl Rove, consejero mayor y principal estratega político de Bush, le comentó a un periodista, Valerie Plame era un "Blanco legítimo" (Fair game).

Sin embargo, en los Estado Unidos existe un último recurso: la industria del entretenimiento. Irónicamente Fair game habría de llamarse el libro que Plame escribió y por el que Simon & Schuster le adelantó dos millones y medio de dólares, al que seguiría una aceptable película, protagonizada por Naomi Watts y Sean Penn, en 2010, basada en Fair game y en The Politics of Truth, el libro que Joe Wilson había escrito en 2004. La familia vive ahora en Santa Fe, Nuevo México. En octubre de 2013 Valerie Plame publicó su primera novela, Blowback, lógicamente sobre una espía, mientras su marido reflexiona: "Vivir bien es la mejor venganza.

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