Leonardo Guzmán
Leonardo Guzmán

De secretos y principios

La escena nacional está asediada por el reclamo de votar a tapas cerradas el proyecto de ley sobre responsabilidad penal empresarial en accidentes de trabajo. Penosamente, en la construcción y otros sectores se multiplican las muertes de obreros, que a todos nos duelen y que todos debemos prevenir y combatir, castigando cuando hay culpa.
Aclaremos: la responsabilidad patronal ya existe en nuestro Código Penal, por cuanto a los empresarios, a los empleados y a todos los habitantes de la República nos alcanzan por igual las normas que penan a quienes, en cualquier actividad, provocan una desgracia que, pudiendo ser prevista, no lo fue por imprudencia, impericia, negligencia o violación de leyes o reglamentos: es decir, con culpa por no haber impedido lo que se tuvo al alcance.

Por lo dicho, lo que propiamente hace el proyecto no es crear una responsabilidad inexistente sino extender la que ya está vigente. Pero lo hace en términos que no solo son discutibles sino que, además, h

La escena nacional está asediada por el reclamo de votar a tapas cerradas el proyecto de ley sobre responsabilidad penal empresarial en accidentes de trabajo. Penosamente, en la construcción y otros sectores se multiplican las muertes de obreros, que a todos nos duelen y que todos debemos prevenir y combatir, castigando cuando hay culpa.
Aclaremos: la responsabilidad patronal ya existe en nuestro Código Penal, por cuanto a los empresarios, a los empleados y a todos los habitantes de la República nos alcanzan por igual las normas que penan a quienes, en cualquier actividad, provocan una desgracia que, pudiendo ser prevista, no lo fue por imprudencia, impericia, negligencia o violación de leyes o reglamentos: es decir, con culpa por no haber impedido lo que se tuvo al alcance.

Por lo dicho, lo que propiamente hace el proyecto no es crear una responsabilidad inexistente sino extender la que ya está vigente. Pero lo hace en términos que no solo son discutibles sino que, además, han sido tachados por abiertamente inconstitucionales, pues apuntan a la posición objetiva -patrón, director de empresa, contratante de tercerizados- en vez de atender a la acción o la omisión deliberada de cada partícipe. Eso ha sido cuestionado hasta por parte de la propia bancada oficialista que impulsa el proyecto: voces de todos los partidos le auguran a la ley una segura declaración de inconstitucionalidad.

Lo malo es que ese cuestionamiento, en vez de frenar los ímpetus y abrir el debate para sopesar razones y afinar conceptos sobre los delicados límites entre el dolo y la culpa, ha provocado presiones sectoriales que buscan que, en lugar del debido análisis, se ahoguen las razones y se vote por aturdimiento.

Es grave que, a pesar de que hay conciencia de que se está manejando un proyecto inconstitucional, se anuncie la "voluntad política" de votar el texto sin las enmiendas reparatorias que iba a introducirle el Senado, lo cual vuelve a reflejar que en nombre de la política sigue cayendo la calidad de las discusiones y sigue aumentando el desprejuicio para violar la Constitución.

El caso es una muestra más de la indiferencia ante el interés general y una prueba más del ascenso de lo sectorial, promovido por quienes se empeñan en manejarnos como "una sociedad" movida por los conflictos de intereses y no como una nación constituida en República, asentada en valores universales que nos convocan a todos y en principios claros que deben inspirarnos por encima de sectores.

El Uruguay siempre supo equilibrar los impulsos de la libertad económica con su pasión por la justicia social. Supo socializar y estatizar adentro del Derecho, separando Estado y gobierno, gobierno y partido gobernante, apetitos sectoriales y bien común. Supo apoyar al desvalido llamándolo a erguirse como persona, en vez de sumirlo en el asistencialismo mientras rueda por las calles y se hacina en asentamientos y albergues. Tuvimos esas verticalidades porque el principismo siempre tuvo autoridad, no solo en el mundo político sino en la vida del Derecho, tanto en las sentencias de los tribunales como en las relaciones espontáneas del quehacer común.

Si hoy el principismo se ha eclipsado es porque hemos dejado que las sensibilidades sectoriales, parciales, fragmentarias, griten en la plaza pública más que la sensibilidad ciudadana por la República y su Constitución.

¡Pero no es ese el país para el que nos criamos!

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