Leonardo Guzmán
Leonardo Guzmán

Regresiones muy progre

Una etapa que se atrevió a derogar dos pronunciamientos ciudadanos, que sembró inconstitucionalidades en retahíla y que convirtió en jaleo la ejecución del presupuesto registral, fiscal y judicial -todo ello bajo el lema presidencial “la política está por encima del Derecho”- llama a preocuparse y actuar. Y actuar impone profundizar, elevar y precisar el pensamiento, tensar la voluntad y juntarlos en el espíritu creador de las personas y los pueblos.

Una etapa que se atrevió a derogar dos pronunciamientos ciudadanos, que sembró inconstitucionalidades en retahíla y que convirtió en jaleo la ejecución del presupuesto registral, fiscal y judicial -todo ello bajo el lema presidencial “la política está por encima del Derecho”- llama a preocuparse y actuar. Y actuar impone profundizar, elevar y precisar el pensamiento, tensar la voluntad y juntarlos en el espíritu creador de las personas y los pueblos.

Por esa razón, y porque debilidades y angustias jurídicas son el pan nuestro de cada viernes, recibí con simpatía la feliz síntesis a que llegó el Dr. Lacalle de Herrera cuando el domingo dijo que la Constitución ha sido devaluada por debilitamientos institucionales, presiones sobre Poderes y jerarquías y violaciones abiertas. Sentí que la imagen es certera, pues traslada al Derecho una experiencia que hemos conocido sin pausa todas las generaciones en relación con la moneda nacional. Diagnostica una verdad dolorosa pero ilevantable: nuestra realidad jurídica sufre la misma pérdida que el peso, desde cuya involución se nos instaló el concepto de “devaluación”, terminando con el prestigio popular que supo tener la palabra “reavalúo”. Ese vocablo fue aplicado por décadas a cualquier engañifa que disimulase un quebranto, en recuerdo de lo que en los años 30 hizo el gobierno terrista con las reservas de oro depositadas en el BROU.

Pues señor, ahí salió al cruce una voz emepepista a responder. ¿Acaso intentó demostrar que no hubo en estos tiempos debilitamiento institucional, presiones ni violaciones constitucionales? ¿Acaso invocó algún hecho para derribar las bases del ilevantable diagnóstico? ¡Qué esperanza! Se limitó a decir que “la derecha” invocó sus argumentos de siempre… porque no entiende las transformaciones progresistas. En vez de refutar los asertos del ex Presidente, lo identificó, lo clasificó, le rotuló y lo dio por despachado. Hace dos milenios Cicerón y Quintiliano condenaban el uso de esa clase de argumentos “ad hominem”, que atacan a la persona del contendor y se desentienden de la verdad o falsedad de lo que él sostiene. Pero en este Uruguay que supo ser cuna de civilidad democrática, hay quien en el año 2015 considera esa laya de proceder, muy progresista.

El método es habitual en el lema que sacó el 47,8 % de los votos en la última elección. Consiste en meter en la misma bolsa de “la derecha” a los muchos que, discrepando abiertamente sobre cosas, hemos defendido y defenderemos juntos la Constitución como lo que es: el Contrato Supremo por el que renovamos, a diario, nuestro acuerdo para resolver los temas públicos y hablarle en voz alta a la ciudadanía, por ideas y con respeto, polemizando por razones pero salvando al hombre.

Duele que haya quienes envejecen en la vida pública sin aprender nada de lo que les costó a ellos y al país devaluar la libertad, motejándola de “prejuicio burgués”, y sin recordar cuánto nos costó a todos revaluar el Derecho para sacarlos de la cárcel a donde los llevó su desprecio por la Constitución.

Las actitudes separatistas, que no escuchan al otro con los oídos abiertos y que siembran prejuicios, no son progresistas sino regresivas. Restablecen los tabiques mentales de las corporaciones medievales. Deben estremecernos a todos, porque le agregan a la devaluación de la Constitución, la devaluación de la libertad.

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