Leonardo Guzmán
Leonardo Guzmán

14 de Julio en sangre

El 14 de Julio de 2016 quedará en la historia con infamia, porque en Niza un desalmado abalanzó un camión para asesinar a mansalva, dejando casi un centenar de muertos y un tendal de heridos.

El 14 de Julio de 2016 quedará en la historia con infamia, porque en Niza un desalmado abalanzó un camión para asesinar a mansalva, dejando casi un centenar de muertos y un tendal de heridos.

El mundo entero lo vio en directo. Fue un auténtico reality show, pero no en el sentido comercial de “Gran Hermano”, donde se experimenta con unos pobres diablos como si fueran cobayos. Ante la catástrofe, el “show” -la muestra, el espectáculo- retrocedió congelado ante la “reality” -¡la realidad!- de una masacre de indefensos que entre los fuegos artificiales nizardos le encajó al mundo la cruel verdad de que todos estamos en guerra.

Todos, porque lo atacado fue la esencia de lo humano. Se llame amor al prójimo en el lenguaje confesional o laico de las tradiciones greco-judeo-cristianas, se llame solidaridad en la sociología surgida del positivismo, se llame conducta de apego en la etología construida desde monos y gansos, este ataque -uno más de tantos otros, de la AMIA a Bruselas, de Paysandú a Estambul- volvió a traicionar ese mínimo de respeto que merece toda persona.

Ante semejante horror no podemos cruzarnos de brazos, a sumar frente al televisor asesinatos perpetrados desde el fanatismo con crímenes de guerra oficiales, muertos por hambre y ahogados en chalupas que hunden su miseria entre los lujos del Mediterráneo. Tampoco debemos perdernos en el análisis de si en Niza actuó un grupo u obró un chacal solitario.

Precisar el número de partícipes y cómo urdieron su felonía es una tarea necesaria pero no suficiente, policial y no ciudadana.

A nosotros nos corresponde otra misión: afirmar radicalmente el valor de la vida, combatiendo en doctrina y acción el odio al prójimo, y saliendo al cruce de los irracionalismos que se presentan como “otras culturas” pero potencian los instintos primarios, pervierten la racionalidad y se alzan abiertamente contra el Derecho. Así ocurre en los crímenes masivos del hemisferio norte y así sucede en el gota a gota de cada día en nuestro país, con muertes por rapiña y por drogadicción semioficializada, llegando al abandono de una recién nacida hasta con su cordón umbilical, y a la detección de degenerados que violan hijas y nietas.

Todo esto es evidencia de que sufrimos una perversión de los sentimientos, penosamente recubierta con mantos de silencio. En vez de imponerse los ideales de la Ilustración -enemigos del fanatismo y origen de nuestra libertad- hoy el relativismo y la resignación mantienen calladas a las instituciones que deberían actuar y enmudecido al ciudadano de a pie, violando abiertamente el mandato de Rodó: “Que cada individuo humano sea, ante todo y sobre toda otra cosa, un ejemplar no mutilado de la humanidad”.

El mal está cada vez más al alcance de cualquier canalla. Pero jamás lo sentiremos banal: antes morir.

Hace 60 años veíamos la guerra en noticieros en blanco y negro, que nos llegaban con un mes de atraso pero nos sacaban a la plaza pública.

Hoy miramos las atrocidades en tecnicolor y al instante, y nos quedamos en casa, sin sentir que la infamia nos está llamando a luchar por lo más sagrado.

Y eso ¿hasta cuándo?

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