Leonardo Guzmán
Leonardo Guzmán

Groserías vs. cultura

El Poder Ejecutivo retiró su propuesta de designar a Luis Hierro López como Embajador en Perú. ¿Le negó la venia el Senado? No. Nunca la puso a votación. Repetido el pedido presidencial, la Cámara Alta dejó correr los 60 días que tenía para pronunciarse: el plazo le venció el 15 de diciembre y volvió a vencerle el 29 de marzo.

El Poder Ejecutivo retiró su propuesta de designar a Luis Hierro López como Embajador en Perú. ¿Le negó la venia el Senado? No. Nunca la puso a votación. Repetido el pedido presidencial, la Cámara Alta dejó correr los 60 días que tenía para pronunciarse: el plazo le venció el 15 de diciembre y volvió a vencerle el 29 de marzo.

La reculada resulta de una sola causa: el rechazo del Frente Amplio.

El vetado es un ciudadano que ejerció el periodismo de oposición durante la dictadura, sufrió persecución y prisión, fue un parlamentario diligente y honró su cargo de Vicepresidente en el gran gobierno de Jorge Batlle.

No hubo ninguna consideración ni por él ni por su ejecutoria ni por el país anfitrión, no codiciable por mieles o boatos, pero grande como lugar para esfuerzos diplomáticos de fuste.

Tampoco hubo consideración por la Constitución. Reza su art. 168: “Al Presidente de la República… corresponde: 12) Nombrar el personal consular y diplomático, con obligación de solicitar el acuerdo de la Cámara de Senadores, o de la Comisión Permanente hallándose aquélla en receso, para los Jefes de Misión. Si la Cámara de Senadores o la Comisión Permanente no dictaran resolución dentro de los sesenta días, el Poder Ejecutivo prescindirá de la venia solicitada”.

Ese texto es inequívoco: vencidos los 60 días, el Senado pierde la facultad de oponerse y el Poder Ejecutivo debe olvidar la venia y debe realizar el acto para el que hubo de “solicitar el acuerdo” senatorial. La Constitución usa el futuro con valor imperativo: “prescindirá” quiere decir que el Presidente y el Canciller deben dar por firme el acto de voluntad que dispusieron. En análisis lógico-jurídico, vencidos los 60 días el Presidente y el Canciller no tenían opción: debían obedecerse a sí mismos.

Pues no. Anteayer nos enteramos que en vez de acatar el efecto constitucional del vencimiento del plazo, el Poder Ejecutivo resolvió obedecer las ojerizas del Frente, esgrimidas en las trastiendas y no a voz en cuello en el atrio legislativo. Carambola de desaires, efecto de volver a colocar la veleidosa voluntad de la política por sobre las garantías del contrato constitucional.

Lo que se le infiere al cotitular del gobierno que, tras la crisis de 2002, entregó el país saneado y en marcha es una grosería personal e institucional. Grosería y no anécdota, porque es una muestra más de falta de espíritu liberal, como bien consigna Hierro en la carta que publicó ayer con conciencia institucional y sin sangrar por la herida.

Ihering y Radbruch enseñaron que en cada pueblo el Derecho es la expresión y la cara visible de su cultura. Los horrores mundiales del siglo XXI les dan trágica razón. Pues bien: la cultura -el modo de relacionarnos- que vivimos en el Uruguay, bajó hasta engendrar destratos personales y toqueteos constitucionales, fomentando una legalidad poco exigible, tenue, resignada.

Sincerémonos: esta nación -que no es meramente “una sociedad”- se ha habituado a las caídas. Al otro no se lo trata de “señor” sino a gatas como “vecino”. No hay respuesta al “Buenas tardes” en el ascensor, ni respeto público ni privado a la persona que choca con “el sistema”.

Nos falta una cultura que nos haga vivir a todos en el deber ser del Derecho y la libertad. ¡Hay que construirla!

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