Julio María Sanguinetti
Julio María Sanguinetti

Primeras señales

Que el presidente haya constituido rápidamente su gabinete fue una demostración de ejecutividad, de alguien que llegó a su elección con las cosas pensadas. ¿Bien pensadas? Ese es el problema. Retornar con un gabinete viejo y algunas figuras desgastadas, no es un llamado a la esperanza. No podemos olvidar que los mayores problemas que tuvo este gobierno (las corporaciones gremiales manejando la educación, la inseguridad descontrolada largando presos a la calle y el desastre de la caminería nacional) se crearon en el primer gobierno del Dr. Vázquez. ¿Con la misma gente puede esperarse algo distinto? 

Que el presidente haya constituido rápidamente su gabinete fue una demostración de ejecutividad, de alguien que llegó a su elección con las cosas pensadas. ¿Bien pensadas? Ese es el problema. Retornar con un gabinete viejo y algunas figuras desgastadas, no es un llamado a la esperanza. No podemos olvidar que los mayores problemas que tuvo este gobierno (las corporaciones gremiales manejando la educación, la inseguridad descontrolada largando presos a la calle y el desastre de la caminería nacional) se crearon en el primer gobierno del Dr. Vázquez. ¿Con la misma gente puede esperarse algo distinto? 

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El desafío mayor que tiene el país por delante es la educación. Lo es en términos de equilibrio social, igualdad de oportunidades y aun de desarrollo. En ese tema, desgraciadamente, las señales no pueden ser peores: por un lado no se apuesta a figuras de recambio y, por otro, se aleja a la oposición. No se asumen los desastrosos resultados. Todo parece ir en la dirección de organizar una gran fachada estadística en que ya no hay más repetición (porque todo el mundo pasa sin exigencia). Para lo cual nada más útil, entonces, que la oposición política (el medio país que no votó al gobierno) ni siquiera se entere de lo que pasa. 

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¿Por qué se quiere cambiar la ubicación institucional de los fiscales y situarlos bajo la sombra de la Presidencia de la República? Como lo quiere la Constitución, debe haber un ministro responsable de esa administración, cuya importancia crecería sustantivamente con el nuevo Código Penal. Está claro que cada fiscal tiene autonomía técnica, pero la organización del servicio es algo importantísimo y de ella -y por ella- alguien tiene que responder ante el Parlamento. Los nombramientos, los traslados, son factores de poder innegables. Ningún bien le hará a la Presidencia como institución, ni a la República como sistema, que los fiscales aparezcan bajo una subordinación a la cumbre del poder político. Lo que pasa en la Argentina, ¿no nos dice algo sobre los males de los magistra- dos envueltos en los vericuetos de la política y los servicios de seguridad? 

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Buenas señales, en cambio, han aparecido en el frente exterior. Todo indica que vamos en el camino de la reprofesionalización de la Cancillería y el nombramiento de la cúpula de gestión, por debajo del ministro, es alentadora. De ese modo nos alejamos de la improvisación que se ha sufrido en estos años y esperemos que también de esa tendencia a usar la política exterior como variable de ajuste para la adolescente sensibilidad izquierdista que aún padecen sectores de la coalición de gobierno. Dicho de otro modo: ya que en la economía hay que hacer lo que hay que hacer, más allá de gustos o preferencias, se tranquiliza a “la barra” con fotos cubanas, venezolanas o palestinas, para preservarse así de cualquier acusación de concesiones al imperialismo… 

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Un nuevo escenario político se vive en Montevideo con la elección departamental. La Concertación es un recurso político para sumar tendencias diversas de la oposición al Frente Amplio, tal cual hizo este en su tiempo para superar a los partidos tradicionales, sin que nadie perdiera identidad. Los comunistas siguieron siendo comunistas y los socialista, socialistas, aunque con el tiempo se generó una nueva identidad frentista. ¿Pasará esto con la Concertación? Hoy es solo un acuerdo municipal, sin grandes definiciones ideológicas; nadie puede predecir si en el futuro podrán irse generando otros espacios. Lo que importa es que existe un mecanismo válido para proponer un cambio, frente a unas candidaturas frentistas que, montadas encima del fracaso de 25 años de Intendencias partidarias, solo ofrecen más de lo mismo, o sea multiplicar impuestos para atender a la Adeom, no pavimentar bien ninguna calle y ni siquiera barrer bien la ciudad. Es notorio que no se arrancó bien, pues los dos candidatos iniciales (Gandini, Castillo) renunciaron a sus respectivas postulaciones por factores políticos; felizmente, sin embargo, se avanzó pese a los tropiezos y la presencia de Ricardo Rachetti, Álvaro Garcé y Edgardo Novick configura una buena oferta. En lo que nos es particular, los colorados podremos votar con gusto al Dr. Ricardo Rachetti, a quien conocemos y apreciamos, congratulándonos de que haya ciudadanos que, con sacrificio personal, estén dispuestos a brindarse al servicio cívico. 

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Se ha destacado estos días un ranking democrático de la Fundación Konrad Adenauer que coloca a Uruguay y Costa Rica a la cabeza de América Latina. Cabe congratularse, sin duda, pero bueno es recordar que hace más de un siglo que es así. El historiador inglés Eric Hobsbawm, marxista, en su Historia del Siglo XX, publicada en español en 1995, dice en su página 118, refiriéndose a los años 20 del siglo pasado, que en toda América, Uruguay es la “única democracia real”.

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