Julio María Sanguinetti
Julio María Sanguinetti

La fascinación del oro negro

Resonante repercusión nacional ha provocado la convocatoria que el presidente Vázquez hizo a los expresidentes para conversar sobre la necesidad de una política de Estado en materia de hidrocarburos.

Resonante repercusión nacional ha provocado la convocatoria que el presidente Vázquez hizo a los expresidentes para conversar sobre la necesidad de una política de Estado en materia de hidrocarburos.

Quienes respondimos a esa invitación lo hicimos, como es natural, en nombre de esa investidura emérita, sin asumir ninguna otra representación ni arrogarnos otro derecho que el de opinar como libres ciudadanos.

Salvo el expresidente Mujica, que continúa ejerciendo liderazgo partidario, los demás actuamos en la vida cívica sin ninguna perspectiva electoral, participando naturalmente de los debates que nuestras convicciones motivan.

El presidente Vázquez ha querido iniciar así un diálogo nacional sobre la posibilidad de construir una política de Estado en la materia, al producirse el primer intento de perforación en nuestra plataforma marítima. Es notorio que ha comenzado en el núcleo de opinión menos polémico, a fin de ir aproximando a la ciudadanía elementos de juicio. Luego de un par de reuniones lo hará también con las autoridades de los partidos y allí se definirán los ámbitos de trabajo para la elaboración del consenso.

Ante todo, ha de decirse que este tema no es patrimonio de ningún gobierno. A lo largo de años se han ido produciendo avances, al punto que en lo personal puedo recordar que en 1970, siendo ministro de Industrias y Comercio, hicimos un llamado a licitación para un relevamiento geofísico de la plataforma continental que realizó la empresa francesa Compagnie Générale de Géophysique, la que luego vendió su trabajo, como es de práctica, a las empresas comerciales interesadas.

Esta etapa en que es- tamos comenzó durante el gobierno del Dr. Jorge Batlle, cuando se contrató también -esta vez con mejores técnicas- un relevamiento geofísico, que compraron las empresas interesadas. Han pasado tres gobiernos y estamos en el cuarto que aborda el tema.

¿Por qué, entonces, se convoca recién ahora a esta reflexión? Pues porque se está ante la inminencia de un primer intento real, que penetrará un reservorio bajo el océano, a fin de establecer si allí hay petróleo, gas o simplemente agua. De ser positivo el resultado, habrá luego que estudiar la calidad y cantidad del recurso, con lo cual estamos hablando ya de resultados que desbordarán, con margen, el período del actual gobierno.

Nadie puede arrogarse, entonces, el mérito exclusivo de este eventual descubrimiento. Y si alguno lo intenta, lejos de cosechar, mostrará un tal desprecio por el interés nacional que recibirá más condenas que halagos. Felizmente, el presidente se ubica en ese plano superior y por eso convoca a todos los expresidentes, que pertenecen a tres partidos distintos y provocan esa imagen de civilidad que honra a las instituciones políticas nacionales.

Por eso no nos preocupa la afirmación que se ha hecho de que esto pueda ser un tema de la futura campaña electoral. Como mucho menos aún, que por esta vía se opaquen los resultados de la Comisión Investigadora sobre Ancap. A la inversa, el tema petrolero pone en evidencia la enorme responsabilidad de los administradores del en-te petrolero que llevaron a la empresa a esta bancarrota que tuvo que solventar el Estado. Hace veinte o tres años, ¿alguien hubiera dudado de que este tema pudiera quedar en otras manos que las de Ancap? A la inversa, ¿hay hoy quien lo sostenga?

Es tal su pérdida de prestigio, que cualquier análisis conduce a muchas soluciones posibles pero ninguna con Ancap como conductor. Como era de esperar, ya se lanzan las más variadas especulaciones sobre qué hacer con la renta petrolera. La ciudadanía debe moderar sus expectativas. Lo hemos dicho todos los participantes de la reunión y muy especialmente ha sido enfático el expresidente Mujica, aludiendo a la complejidad del proceso.

En todo caso, el Parlamento analizará el tema y sin duda establecerá con precisión el destino de ese eventual recurso, a fin de que no termine financiando burocracias o sea la víctima de un despilfarro. La experiencia internacional ofrece un vasto escenario de aciertos y catástrofes, de modo que no será difícil encontrar algún buen ejemplo que inspire una solución confiable, que sirva al futuro y no hipoteque a las nuevas generaciones.

El petróleo ha tenido una fascinación histórica pues ha estado en la médula de guerras y dictaduras o en agresiones a la ética del trabajo, como sufrió Venezuela, adormecida durante años en esa renta. La cuestión es que su explotación concentra muchos recursos y ofre-ce muy poco trabajo. La misma ha estado en manos de empresas multinacionales, siempre polémicas, o de monstruos estatales como Petrobras o Pdvsa, transformados en un corruptor botín electoral.

En esa línea de preocupación, el país ha de andar con parsimonia, amplia transparencia en todo el proceso y la convicción de que la eventualidad del petróleo será un activo más en el patrimonio nacional pero jamás el sustituto de su esfuerzo productivo en la agropecuaria, la industria o sus ya muy desarrollados servicios, que van desde la tecnología a la logística.

Nada peor para un país que encandilarse con la posibilidad de una fortuna fácil. Si de algo servirá esta reflexión nacional que se inicia es, precisamente, para prevenir esos espejismos. No estamos sacando el número premiado de la lotería. Aún no se realizó el sorteo. Apenas vivimos una nueva etapa en un largo proceso que, en un esfuerzo colectivo, debemos regular con prudencia y sabiduría, para que solo sustente necesidades nacionales de inversión e innovación.

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