Julia Rodríguez Larreta
Julia Rodríguez Larreta

La sombra del Fiscal

El fantasma de Alberto Nisman sobrevuela el panorama político de la otra orilla y ha comenzado preocupar seriamente a los estamentos judiciales, que el poder ejecutivo en el anterior manejaba de taquito.

El fantasma de Alberto Nisman sobrevuela el panorama político de la otra orilla y ha comenzado preocupar seriamente a los estamentos judiciales, que el poder ejecutivo en el anterior manejaba de taquito.

Fue entonces, hace más de dos años, que un audaz fiscal se atrevió a lanzar una temeraria acusación. Culpó a la Presidente Cristina Fernández, al Canciller Héctor Timerman y a otros oscuros personajes, de encubrir a los autores de la alevosa masacre perpetrada contra la mutual judía (AMIA). La denuncia de Nisman fue hecha al Juez Lijo y prontamente descarrilada. Lijo, se declaró incompetente, lo mismo hizo Ramos, quien lo seguía. El asunto terminó en el despacho de Rafecas por resolución del Juez Irurzún, Presidente de la Cámara Federal. Este, desestimó las denuncias por considerar que no existía delito y su postura fue ratificada por esa misma Cámara. Parecía que todo iba a quedar en nada. Pero Nisman no se amedrentó y dispuso presentar su acusación en el Parlamento, prometiendo aportar pruebas adicionales a los legisladores. Como sabemos, no pudo hacerlo. Pocas horas antes de acudir al Congreso fue hallado muerto.

Hoy día la denuncia por encubrimiento recobra fuerza ya que han salido a la luz escuchas telefónicas o audios donde supuestamente el ex Canciller Timerman admite que Irán había ordenado el atentado a la AMIA . Al mismo tiempo los inculpados (C. Kirchner, J. Timerman....) trataban exculpar a los que planearon y ejecutaron el acto terrorista para poder hacer algunos “negocios” de trueque de petróleo Iraní por productos agrarios Argentinos. Ese era el gancho que ofrecía Irán cuyo objetivo era doble; exonerar a aquellos funcionarios iraníes sobre los que pesaban pedidos de captura de Interpol y a la vez, salir airosos de ese riesgoso episodio que las autoridades querían olvidar. La intención del Fiscal Alberto Nisman de sacar los trapitos al sol en el Congreso Nacional iba a tener gran repercusión internacional. (La comunidad judía se encargaría de eso). Curiosa coincidencia fue su trágica salida de escena, tan conveniente para los acusados. Sin embargo, como una sombra amenazante, ahora que esa gente no controla los hilos de la justicia, la muerte de Nisman pondrá cada vez más incómodos a los involucrados a medida que avance la causa reabierta y es difícil que el juez de la causa y la Cámara, sigan ignorando el caso .

A la vez, la muerte de Nisman sigue sin aclararse. Muy pocos son los que se tragan el cuento de que el fiscal se suicidó. Fue hallado con un balazo en la cabeza. Primero; La investigación, si la podemos llamar así, ha despertado sospechas de encubrimiento con una escandalosa “mala praxis” en los procedimientos con resultados direccionados a favor de los intereses del gobierno del momento, con abundancia de excusas para no hacer nada y extrañezas tales como que el arma se encontrara junto a su diestra y el fiscal fuese zurdo.

En las manos de Nisman, luego del rutinario barrido electrónico policial, no encontraron restos de pólvora. Se adujo en esa ocasión que podrían no haberlos, dado el bajo calibre (22) de la pistola, . Pero con posterioridad se disparó el arma y esta vez sí quedaron en la mano de quién hizo la prueba. Segundo; no había huellas digitales de Nisman (ni de nadie) en la pistola, pues uno de los funcionarios limpió el arma hallada al lado del cadáver. Cuando se les preguntó porque tanto apuro en su limpieza, la respuesta fue que estaba manchada de sangre. Tercero; hubo discrepancias en las declaraciones de los funcionarios intervinientes acerca de cómo se encontraba dispuesto uno de los brazos del fiscal, cosa que da a entender que se movió el cadáver antes de investigar cuidadosamente la escena del crimen y de sacar fotos. Cuarto; la pistola no tenía silenciador. Nadie escuchó el disparo. No es improbable que el asesino luego de disparar el arma, le haya quitado el silenciador y la colocara en el charco de sangre. Quinto; fue eliminado gran parte del contenido de su computadora, en especial, lo referente a la denuncia que el fiscal planeaba hacer en el Congreso de la Nación. Sexto; se encontró un listado de pedidos de almacén para el día siguiente. Difícilmente algo que prepararía una persona que contempla suicidarse.

Pero la pelota sigue rodando. Ahora resulta que Lagomarsino, (supuestamente le ayudaba con la computadora y le habría prestado el arma) no era como decía ser. Se dijo que trabajaba en seguridad e inteligencia aeroportuaria y no sería cierto. Además acaba de ser procesado el ex jefe de inteligencia kirchnerista, Parrilli. Dicen que las primeras 48 horas de realizado un crimen son claves para aprender al asesino, aclarar los móviles y arrestar sus cómplices. Es esencial seguir las pistas sobre caliente, hablar con testigos, interrogar a los sospechosos, mirar los videos de seguridad - antes que puedan ser borrados, cruzar llamadas telefónicas, hacer pesquisas en el sub mundo etc. El paso del tiempo ayuda confundir, a olvidar datos que hubieran sido importantes. Por lo tanto, los culpables llevan la ventaja de más de dos años sin que se haya hecho una investigación seria, si es que realmente se quiso, tras su muerte, hacerla de verdad.

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