Julia Rodríguez Larreta
Julia Rodríguez Larreta

Ecolat y sindicatos

La semana pasada se concretó la entrega de casi un millón de dólares, a través del Fondo de Desarrollo (Fondes) creado bajo el gobierno de Mujica, a la cooperativa Puerto Sauce, integrada por los ex empleados de la textil Agolan.

La semana pasada se concretó la entrega de casi un millón de dólares, a través del Fondo de Desarrollo (Fondes) creado bajo el gobierno de Mujica, a la cooperativa Puerto Sauce, integrada por los ex empleados de la textil Agolan.

Si bien para su proyecto dicen necesitar 7, 9 millones de dólares. Desde su creación, el Fondes ha vertido recursos en diversas empresas “recuperadas”, la mayoría con un débil desempeño industrial. No sería de extrañar entonces, que dentro de un tiempo nos enteremos de que la Ecolat, si no tuvo compradores, convertida ya en una nueva cooperativa, espere dinero del Fondes. Si podrá tener rentabilidad y futuro, será otro cantar.

Lo que sí se ha confirmado es que la empresa que hoy conocemos dejará de existir y ya han sido enviados los telegramas de despido. Será un fuerte golpe para el pueblo de Nueva Helvecia, puesto que representa la pérdida de 400 puestos de trabajo de buen nivel salarial que dinamizaban a la ciudad y a la vez, una situación muy seria para un numeroso grupo de familias que contaban hasta ahora con ese trabajo. Sin embargo, este desenlace podría no haber sido tan drástico. Arriba de un centenar de personas habría podido continuar trabajando, si el sindicato en lugar de ir por todo, hubiera aceptado una transacción más razonable. Los empresarios proponían seguir con un plantel de gente y producción menor, dado que en la forma anterior era imposible continuar desde el punto de vista económico, puesto que hacía un largo tiempo que estaban perdiendo mucho dinero.

Pero parece que los dirigentes sindicales valoran más sus posturas reivindicatorias extremas, que abocarse con realismo a obtener beneficios posibles para sus afiliados. Aparte de que cualquiera que no integre el gremio no puede esperar ni siquiera, solidaridad laboral. Por el contrario son hostigados, segregados y perjudicados. Caso elocuente fue el del taxista apaleado de forma patotera este verano por no hacer paro, además de que hay montones de injusticias en los distintos sectores solo conocidos por quienes los padecen .

Desde hace varios meses se sabía que la antigua Parmalat, la segunda empresa láctea del país después de Conaprole, estaba con problemas y su viabilidad económica solo podía darse si se hacía una profunda reestructura interna y de estrategia productiva. Tan conocidas eran sus dificultades que en el mes de octubre, buena parte de los productores remitentes de leche comenzaron a hacer negociaciones con el objetivo de conseguir otros compradores para el producido de sus vacas, aunque era mal momento para ellos por ser época de plena zafra. Estos hechos demuestran la falta de sustento de las acusaciones del sindicato, en cuanto a que la decisión empresarial y el peligro de cierre no habían sido hechas conocer con anterioridad. Lo cierto es que las actitudes excesivamente confrontativas de los dirigentes sindicales al tensar tanto la piola, lo que lograron es que la totalidad de quienes trabajaban en esa planta se quedasen en la calle, impidiéndoles mantener su empleo a una buena parte de sus propios compañeros.

Ocurre que la dirigencia sindical lleva años de un despotismo creciente, abonado desde el Ministerio de Trabajo que a partir de los gobiernos del Frente Amplio, ha estado encabezado por ex sindicalistas, convirtiéndose en un instrumento de sus intereses y reivindicaciones, muy lejos de cumplir con el papel que debería ejercer de fiel de la balanza entre las partes en conflicto. Y sino, basta recordar las recientes palabras de Romero, el actual Director de Trabajo, quien al hablar de los empresarios peruanos del grupo Gloria, tranquilamente los calificó de“jodedores”. Una nueva demostración de la tónica que prevalece en el ambiente sindical y la cartera del ramo, donde se fomenta el sentimiento de la lucha de clases, (el propio Presidente Mujica tuvo unas infelices y preocupantes reflexiones en este sentido, al hablar del conflicto en la justicia) lo cual lleva a un destructivo clima de falta de entendimientos. Si la población fue rehén unos años atrás, de paros y huelgas en Conaprole, que no solo dejaron sin leche a las personas, a los almacenes, a los supermercados, sino que hasta se vio como se tiraban litros y litros del alimento a las zanjas, todo ello en protesta porque la empresa iba a despedir a un empleado que robaba y había sido filmado “in fragantti”, qué se puede esperar ahora.

El anuncio de medidas de lucha ya empezó a circular y toda la industria, todos los tamberos y la gente en general, será seguramente perjudicada. Por más acostumbrados que estén los uruguayos a la prepotencia sindical y sus dirigentes a obtener lo que reclaman, (aquel empleado de Conaprole fue finalmente reincorporado) a los empresarios que han invertido en una fábrica no se les puede obligar a seguir con un negocio que no funciona, ni pretender quedarse con sus activos, como lo manifestaba ante un periodista, un líder sindical. Los industriales tendrán que asumir sus pérdidas millonarias y a los empleados deberán pagarles las debidas indemnizaciones, tal como manda la ley, mientras es el deseo generalizado, que el sector pueda ir reincorporándolos al mercado.

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