Julia Rodríguez Larreta
Julia Rodríguez Larreta

China y el siglo XXI

En junio del 2011 tuvo lugar en Canadá, un debate organizado por el Munk School of Global Affairs, de la Universidad de Toronto. Los panelistas eran Henry Kissinger, (no necesita presentación), Farred Zacharía y Niall Ferguson, dos reputados académicos, analistas y escritores.

En junio del 2011 tuvo lugar en Canadá, un debate organizado por el Munk School of Global Affairs, de la Universidad de Toronto. Los panelistas eran Henry Kissinger, (no necesita presentación), Farred Zacharía y Niall Ferguson, dos reputados académicos, analistas y escritores.

El cuarto, David Li, PhD de Harvard, asesor del Comité de Política Monetaria del Banco Central de China, con una intervención directa en las transformaciones que permitieron traer a China a la comunidad de las naciones, luego de la muerte de Mao. El tema de la discusión sigue tan vigente ahora, como entonces: “¿El Siglo XXI Pertenece a China?” Las posiciones de los cuatro interlocutores estuvieron divididas en sus puntos de vista, dos a dos. Ferguson y Li por la afirmativa y el ex secretario de estado norteamericano y el Profesor Zakharia en la negativa.

Han pasado 4 años, pero la misma interrogante se mantiene, mientras continúa el avance de China en el tablero mundial. En lo económico, lo tecnológico, en la innovación y en lo geopolítico, para intranquilidad de vecinos como los japoneses. A lo que viene a sumarse la preocupación que despierta la presencia de este nuevo y poderoso jugador mundial, en continentes lejanos como el África e inclusive Latinoamérica.

Hace 40 años, el presidente Richard Nixon, artífice de las relaciones entre EE.UU. y China comunista lo tenía claro. “Imaginemos lo que podría pasar si alguien con un buen sistema de gobierno tomara el control de esa masa de tierra. Por Dios, no habría un poder en el mundo que pudiera… Quiero decir, pones a 800 millones de chinos (hoy 1.300) a trabajar bajo un sistema decente y serán los líderes del mundo”. Y la verdad es que durante la mayoría de los siglos, a excepción del XIX y el XX, China, más un continente que una nación, fue la mayor economía del planeta.

Para el Sr. Li, los tremendos cambios provenientes del choque de civilizaciones entre China y el Oeste hace 170 años, les significaron un enorme fracaso. Una fuerte humillación recordada generación tras generación. De ahí habrían surgido los fallidos intentos del Partido Comunista, fundado hace 94 años, el establecimiento de la República Popular hace 64, la Gran Marcha (1934-1935) -la Guerra Civil (40-49)- el Movimiento de las 100 Flores, en realidad para identificar opositores (1957), el Gran Salto Adelante (1958), la Revolución Cultural (1966), ninguno de los cuales mejoró la vida de los chinos. Pero las transformaciones de las últimas décadas, según Li, se han producido porque existe un gran potencial de energía en la sociedad. Como dijera Zakharia en “The Post American World”, China está hambrienta de éxito.

Sin embargo, de acuerdo a Kissinger, el asunto principal no es si el siglo XXI pertenecerá a China, sino conseguir que esta nación forme parte de una concepción más universal del actual siglo. Al mismo tiempo que respeta sus espectaculares logros, cree que esta nación tendrá que lidiar con grandes problemas domésticos y deberá preocuparse con los 14 países de su entorno, hoy mucho más fuertes que antaño.“Tengo gran dificultad en pensar en un dominio global de China. Creo que el concepto de un país que domine al resto, es no entender el mundo en el cual hoy vivimos”.

Además de China haberse convertido en el gran vendedor así como comprador mundial, hace poco ha dado un paso estratégico en el sector de las finanzas internacionales, con la creación del Asian Infraestructure Investment Bank (AIIB). Contra el deseo de EE.UU, la respuesta generada ha sido grande y ya hay 22 países con voluntad de adherirse, entre ellos el Reino Unido, Australia, Alemania, no así Japón ni los norteamericanos.

Algunos creen que es el principio del fin de Estados Unidos como el gran asegurador de la estabilidad económica mundial. Al derrotar al Eje y crearse el acuerdo de Bretton Woods y el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, Estados Unidos se afirmó en su posición como principal potencia. Desde ese entonces, la gran nación norteamericana y el resto del mundo han estado entrelazados durante décadas. Si bien la aparición de China puede sacudir el status quo, no se trataría de un cimbronazo tan fuerte como para que pueda terminarse el orden establecido en 1944. Para concretar esa estructura hizo falta tiempo y catástrofes mayores, tal cual lo analiza Mark Fleming- Williams. La economía norteamericana era en 1870 la más importante, 74 años antes de Bretton Woods, aunque la primacía británica continuaba. Solo después de dos guerras mundiales, la seguridad económica inglesa cayó tanto, que tuvieron que ceder su liderazgo con tal de alcanzar el alivio financiero.

El tamaño de la economía china recién superó supuestamente a la norteamericana en 2014, aunque tras ciertos manejos estadísticos. El yuan en el presente, recién tiene una porción del 2.2% de los pagos internacionales. Aparte de no ser una moneda completamente convertible. Por lo tanto, le falta mucho para convertirse en un verdadero reto, teniendo en cuenta que hoy el dólar norteamericano abarca el 44.6% de los medios de pago.

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