Julia Rodríguez Larreta
Julia Rodríguez Larreta

Barack Obama y Mauricio Macri

Con la vertiginosidad que caracteriza al siglo XXI, pronto va a dar la sensación de que la visita de Obama es cosa del pasado. Sin embargo, la presencia en Argentina del Presidente de Estados Unidos, a pesar de estar en sus últimos meses en la Casa Blanca, ha sido de gran importancia. No solo tiene un hondo significado político por lo que representa como cambio en las relaciones entre ambos países, sino que las consecuencias positivas de la nueva situación ya se pueden apreciar.

Con la vertiginosidad que caracteriza al siglo XXI, pronto va a dar la sensación de que la visita de Obama es cosa del pasado. Sin embargo, la presencia en Argentina del Presidente de Estados Unidos, a pesar de estar en sus últimos meses en la Casa Blanca, ha sido de gran importancia. No solo tiene un hondo significado político por lo que representa como cambio en las relaciones entre ambos países, sino que las consecuencias positivas de la nueva situación ya se pueden apreciar.

Por ejemplo, en el área del maíz y sorgo, los productores e industriales reunidos en Maizar, han destacado que el acuerdo marco firmado entre Barack Obama y Mauricio Macri habrá de facilitar el diálogo en la organización internacional que reúne a entidades de Brasil, de Estados Unidos y de Argentina. Entre los temas figuran problemas como la propiedad intelectual (en estos momentos justamente, hay un conflicto entre un conocido productor y Monsanto, por el uso de cierta semilla, el pago y su forma de hacerlo) a la vez que resaltan la conveniencia de acciones coordinadas en un panorama mundial mucho más complejo.

Los Estados Unidos, Brasil y la Argentina son los responsables del 70% del comercio mundial del maíz y cuentan con el 50% de la producción del cereal. Pero mientras EE.UU. produce 10 veces más maíz que Argentina, en grano exporta solamente el 13%. El resto se procesa. Por esa razón, el Presidente de Maizar habla de que hay que construir cadenas de valor basadas en tecnologías novedosas como las de los biomateriales y el etanol.

Lo cual no quita que alrededor de este asunto haya distintas opiniones dado que a un rico alimento como el maíz, se le da un destino industrial.

Las medidas tomadas por Macri, quitando el impuesto a las exportaciones de granos como el trigo, el maíz y en menor medida la soja, han contribuido a un considerable aumento de las hectáreas plantadas. El impacto inicial de esta reforma, en combinación con la depreciación del peso, ha sido notoria. Las exportaciones subieron de unos $ 450 millones en noviembre, a nada menos que $ 2.4 billones en enero. Si los ingresos por exportaciones de cereales siguen en esta tónica, llegarían al equivalente de un 2% del PBI. Ello se inscribe dentro de otras buenas noticias respecto del regreso de Argentina al financiamiento internacional, tras el triunfo logrado por el gobierno en el Congreso con la sanción de la ley que permite el arreglo con los holdouts. Por su parte el BID ha anunciado la intención de aumentar los créditos por ese motivo. En principio se mencionan 5 mil millones de dólares para los próximos 4 años, y se analiza, dado el cambio de postura actual de la administración macrista, incrementar los fondos con destino a este país en consonancia con a la nueva estrategia del mismo. A la vez, después del encuentro con Obama se ha hablado de la factibilidad de que ingresen otros cuantos miles de millones de dólares.

Con esto no quiere decir que se arreglen todos problemas, que son muchos y complicados. Al tiempo que la alta inflación es uno de los más preocupantes, continúan enfrentadas dos visiones entre los analistas económicos. José Luis Espert es uno de los que piensan que no hay más remedio que aplicar una política de shock para el ajuste. Otros en cambio, son partidarios de lograr los objetivos de una manera más gradual. El tiempo dirá quien tiene la razón pero por ahora, aun cuando en los primeros 100 días Macri ha dado un montón de pasos para remediar los desequilibrios que aquejan a Argentina, con evidente éxito, parece que en la Casa Rosada predomina la idea de que es mejor no ir al choque, con todo lo que tiene de costo político, tratando de sacarla a flote de otra manera. La división que se ha ido produciendo entre las filas del kirchnerismo son bazas ganadas para el gobierno de Macri, aun cuando tiene que negociar con los gobernadores que tienen sus intereses, con los legisladores que tienen los suyos y los gremios que no paran de exigir. Pero no todo son rosas, ni siquiera dentro del propio partido oficial, Cambiemos, donde una de sus integrantes, la beligerante Lilita Carrió es de trinchera. El último episodio es el ataque a un personaje cercano al Presidente, Daniel Angelici, con características de operador político.

Su fluido contacto con integrantes del poder judicial -esos que antes oían primero los acordes del kirchnerismo antes de actuar--, no deja de ser bastante clave en momentos en que se suceden las novedades y denuncias alrededor de Cristina Kirchner, -quien tendrá que ir a declara el 13 abril-, los Lázaro Báez, De Vido, Máximo K, Jaime y demás. Abrir las páginas de los medios argentinos es como adentrarse en una de esas series tan en boga, donde la gigantesca corrupción y el delito son la constante.

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