Julia Rodríguez Larreta
Julia Rodríguez Larreta

El arte de la diplomacia

Las sutilezas semánticas de la diplomacia no son el fuerte del Presidente Mauricio Macri, sobre todo en el momento de la improvisación, cuando es interpelado por los periodistas, según se acaba de ver.

Las sutilezas semánticas de la diplomacia no son el fuerte del Presidente Mauricio Macri, sobre todo en el momento de la improvisación, cuando es interpelado por los periodistas, según se acaba de ver.

Su exitoso pasaje por la Asamblea General de la ONU, los elogios recibidos por su breve y bien preparado discurso de parte de varios jefes de Estado, incluida la británica Theresa May, así como de la comunidad judía. El agradecimiento público recibido de parte del presidente Obama. Los halagos del expresidente Bill Clinton que lo felicitó por su triunfo electoral y el cambio que ha significado para la economía argentina, al disertar juntos en el panel del Clinton Global Iniciative. Los aplausos de los financistas en el seminario del FT en Wall Street y el abrazo del presidente de la Bolsa neoyorquina, se obscurecieron de pronto. Todos estos brillos y hasta la inversión de General Electric por 10.000 millones de dólares, entre otros, quedaron repentinamente opacados.

Y como suele suceder, la carga de artillería provino en primer lugar desde su propia tierra.

Primero, al saberse que su gobierno estaba procurando restablecer buenos vínculos con el Reino Unido y establecer acuerdos sobre distintos aspectos económicos como la pesca y el petróleo, respecto de las Islas. ¿Malvinas o Falklands ? Esa es la cuestión.

De inmediato, se dispararon todas las alertas nacionalistas en las filas de la oposición y aún dentro de Cambiemos, desde la UCR hasta el Rottweiler, o sea Lilita Carrió, como la apodó Pablo Sirven el domingo pasado, en su columna de La Nación. Apenas se supo que los vicecancilleres Carlos Fodadori y Alan Duncan firmaron un documento conjunto sobre esos temas y la posibilidad de una mayor frecuencia de vuelos entre las islas y el continente y la posibilidad del levantamiento de las sanciones a las petroleras que trabajan en Malvinas.

Por lo tanto, no es de extrañar que al salir del recinto y ser interrogado por la prensa, Macri se haya dejado llevar por el entusiasmo y haya introducido la crítica palabra; “soberanía”. Aunque en realidad no se había pronunciado específicamente. Fue al referirse al rápido intercambio de palabras mantenido con la Premiere británica en la comida ofrecida por las Naciones Unidas, cuando por cosas del destino o no, (son los funcionarios de la UN quienes disponen los lugares de cada comensal) coincidió con Theresa en la mesa de al lado. Momento en que se saludaron y Theresa se mostró positiva hacia el convite de Macri de hablar de todos los temas relativos a mutuos intereses respecto de las islas.

No es por otro lado el único traspié verbal del Presidente y cada vez que ocurre, se lo cobran caro. Da la impresión de que después de tantos años de opresión kirchnerista, los ánimos han despertado y todos se han vuelto mucho más exigentes al momento de juzgar al nuevo Presidente. El cual a pesar de las difíciles e impopulares medidas que tiene que tomar debido al estado en que recibió al país, más algunos pasos en falso que luego recompone (tarifas), sigue alto en el índice de popularidad. Como si mucha de la gente entendiera que hace falta más tiempo para que la Administración Macri pueda sacar a flote al país. Según la encuesta de Poliarquía y tal vez en esto influya la baja de la inflación y por ende el aumento del poder de compra de los salarios, la percepción sobre la economía ha subido en este mes.

La estrategia de Macri, que está claro que llevará tiempo para alcanzar las máximas aspiraciones, es acertada y puede resumirse de la siguiente manera.

Cuando Argentina vuelva a ser rica. Cuando no tenga inflación. Cuando tenga poco desempleo, y cuando los hijos de los Kelpers (hoy día ciudadanos de Gran Bretaña) hayan estudiado en colegios y universidades argentinas, hayan sido atendidos en hospitales argentinos, luego de accidentes o enfermedades.

Cuando los habitantes de las Malvinas se acostumbren a visitar Buenos Aires de vacaciones, vayan de “long week end” y hagan shopping en el patio Bullrich, viajen para ver football o jugar al rugby o vuelen a Bariloche para esquiar. Cuando algunos hayan emigrado. Cuando argentinos y malvinenses se hayan casado entre si y hayan tenido hijos. Cuando argentinos hayan comprado tierras en las islas, dedicándose a la ganadería y al comercio. Cuando se explote conjuntamente el petróleo y la pesca.

Entonces las Malvinas serán argentinas. Antes no sucederá.

Forzar al presidente Macri con lo de la soberanía es desempolvar el trapito rojo frente al león inglés. Es no querer una solución. Es buscar su fracaso. Y la Argentina se infligirá otra herida. Lo que se observa desde aquí, con las airadas reacciones internas, es un retroceso en lo que es o era, una política inteligente de largo plazo, por parte del Presidente.

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