Julia Rodríguez Larreta
Julia Rodríguez Larreta

Argentina y Brasil

Nuestros dos grandes vecinos, Argentina y Brasil, en estos momentos se diferencian o comparten ciertos aspectos, según adónde se mire. Mientras los brasileros están inmersos en una crisis política y económica de proporciones pocas veces vista, que no se sabe cómo decantará, los argentinos han dejado atrás la oscuridad financiera en que los hundió la administración kirchnerista.

Nuestros dos grandes vecinos, Argentina y Brasil, en estos momentos se diferencian o comparten ciertos aspectos, según adónde se mire. Mientras los brasileros están inmersos en una crisis política y económica de proporciones pocas veces vista, que no se sabe cómo decantará, los argentinos han dejado atrás la oscuridad financiera en que los hundió la administración kirchnerista.

Pero ambos tienen que lidiar con la abrumadora corrupción que ha dañado a los dos países profundamente. Y en cada uno se procesan las reacciones sociales y judiciales provocadas por este estado de cosas. En Brasil el cuestionamiento es hacia el gobierno en funciones de Dilma Rousseff, el partido oficial, sus aliados y la administración anterior presidida por Lula da Silva. En Argentina, en cambio, las acusaciones apuntan a sus antecesores: a los expresidentes Cristina Fernández y Néstor Kirchner y sus entornos,

El gobierno de Macri acaba de obtener una gran éxito al conseguir que el riesgo país haya bajado rotundamente, ubicándose a principios de la semana en 403 puntos, el nivel más bajo desde fines del 2007. Después de 15 años en el limbo, el país volvió al mercado de bonos y la demanda superó 4,5 veces la emisión. O sea, que el monto supera más de tres veces lo requerido para pagar a los holdouts, y acaba de saberse que otro grupo de bonistas que permanecían en default aceptaron el acuerdo de pago propuesto. Se sumaron así 179 millones de dólares a los 9.300 millones que el gobierno se comprometió a saldar. Además de la emisión de nuevos títulos por un total de 16.500 millones dólares, que inmediatamente subieron su cotización, y con una demanda por 68.600 millones.

El factor económico tiene un rol clave hacia el futuro, y en base a su pronóstico es que actúan el gobierno por su lado y Cristina y sus adláteres por el suyo. Su presencia el otro día en el juzgado, acompañada de toda una corte bien orquestada, responde seguramente a la estrategia de hacer el papel de víctima, mientras apuestan y esperan agazapados a que el programa económico que lleva adelante Mauricio Macri no tenga éxito. Entonces le llegará el momento de capitalizar el descontento de la gente.

Por su parte, el gobierno se para en el otro extremo, seguro de poder contar a su favor con los triunfos macroeconómicos que empezarán a dar sus frutos en el segundo semestre, traduciéndose en una baja de la inflación ya que no habrán ajustes de tarifas, y sí mejoras en el índice de desempleo y confianza en el país junto a la llegada de inversores.

Sin embargo las cosas no van a ser fáciles, y ya ha comenzado el embate de las centrales sindicales, unidas las tres lo mismo que en otros momentos en que hubo gobiernos no peronistas. El Frente Renovador de Sergio Massa y los peronistas ortodoxos por ahora se muestran bastante cooperadores, pero esa actitud cambiará cuando llegue marzo y se aproximen las elecciones legislativas.

Mucha gente quedó asombrada con la ausencia de las fuerzas del Estado cuando la expresidente llegó a Comodoro Py y después al inaugurar su búnker, rodeada de las falanges de la Cámpora que habían tomado el control de la zona. No se sabe si fue una estrategia definida del gobierno para impedir actos de violencia que luego les fueran tirados encima, o si se trata de la incapacidad de las autoridades para actuar como garantes del orden. Una situación similar se dio con los taxistas que, arremetiendo contra Uber, bloquearon parte de las calles céntricas. Otro tanto hicieron los vendedores ambulantes con sus protestas, quedando en evidencia la poca eficacia del “protocolo” que había presentado la ministra Patricia Bullrich unos días antes.

Preocupa a cierto nivel que haya dentro del gobierno una tendencia al triunfalismo que sea la responsable de una política de no hablar y explicar que hay que tomar medidas duras que no caen bien obligados por el estado en que se recibió el país, el no insistir con la herencia recibida mientras que cualquier kirchnerista que tiene un micrófono a mano no deja de mentir olímpicamente, acusando a Macri por la alta inflación y todos los otros males. Como si el anterior gobierno no fuera el gran responsable.

Ese aparente aislamiento se cortó cuando el Presidente anunció el otro día una serie de medidas destinadas a los sectores más desprotegidos, que alcanzó los $ 30 millones en beneficios sociales, los cuales impactarán en 10 millones de personas.

En paralelo, los argentinos asisten en estos días a una increíble serie de noticias vinculadas a la tremenda corrupción y el continuo robo a las arcas del Estado ocurridas en los gobiernos K, pues en un espacio de mayor seguridad para el actuar de la Justicia, el proceso al mejor estilo mani pulite parece imparable.

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