Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Una vergüenza

En pocas semanas se ha producido en Venezuela (además de más de treinta muertos en manifestaciones políticas) un intento de golpe de Estado (la decisión de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia venezolano, de asumir las funciones de la Asamblea Nacional); la decisión de Maduro de abandonar la OEA; y, ahora su anuncio de una reforma constitucional.

En pocas semanas se ha producido en Venezuela (además de más de treinta muertos en manifestaciones políticas) un intento de golpe de Estado (la decisión de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia venezolano, de asumir las funciones de la Asamblea Nacional); la decisión de Maduro de abandonar la OEA; y, ahora su anuncio de una reforma constitucional.

La decisión del Tribunal Supremo de Justicia, dominado por el madurismo, suponía eliminar al Parlamento venezolano donde la oposición tiene mayoría. El escándalo causado por la medida forzó a Maduro a dar marcha atrás y pedirle al Tribunal Supremo que la dejase sin efecto. Ahora volvió a la carga.

Lo sucedido demostró cómo funciona la división de poderes (elemento esencial de la democracia) en Venezuela. El Poder Judicial (dominado por el Poder Ejecutivo) asume las funciones del Poder Legislativo (donde tiene mayoría la oposición). Luego el Poder Ejecutivo (cuyo titular pertenece a un partido en minoría cada vez más pequeña), le ordena al Poder Judicial que deje sin efecto la medida que había adoptado pocos días antes, y el Tribunal se desdice mansamente. ¡Montesquieu debe estar saltando en la tumba!

La decisión del gobierno de Maduro de abandonar la OEA era previsible.

Recordemos que Venezuela abandonó la Convención Americana sobre Derechos Humanos (CIDH) en el 2012. En aquel momento gobernaba Chávez. Su carisma, y su billetera llena de petrodólares, compraron la indiferencia o, incluso, aprobación, de demasiadas personas en nuestra región. Ahora, con una perspectiva de largo plazo, vemos como aquella decisión anunciaba la verdadera naturaleza del régimen chavista, que está siendo llevado a su lógica conclusión (aunque con infinita torpeza) por Maduro.

La decisión de abandonar la OEA sigue en aquella misma línea.

El motivo directo de esa medida fue la resolución del Consejo Permanente de la OEA de convocar a la Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores para considerar la situación por la que atraviesa Venezuela. La decisión fue aprobada con 19 votos a favor, 10 en contra (incluyendo Venezuela), y cuatro abstenciones (Grenada estuvo ausente). Las delegaciones que votaron a favor de convocar la Reunión de Consulta fueron Argentina, Bahamas, Barbados, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Estados Unidos, Honduras, Jamaica, Guatemala, Guyana, México, Panamá, Paraguay, Perú, Santa Lucia y Uruguay.

En medio de los problemas políticos, económicos y sociales que tiene Venezuela, su gobierno retorna a su estrategia de golpes de Estado blandos y pretende embarcar a la sociedad en un proceso de reforma de la Constitución de 1999 timoneado desde el Poder Ejecutivo. En contraste, la Fiscal General de Venezuela, Luisa Ortega Díaz, afirmó que la Constitución actual “es inmejorable” y agregó: “Esta es la Constitución de Chávez”. Hemos llegado a un punto en que los manotones de ahogado de Maduro y sus asociados los enfrenta con quienes defienden el legado de Chávez.

Todo esto es grave para Venezuela y la región.

Pero, para nosotros, también es preocupante la deliberada ceguera, hipocresía o incluso complicidad, de sectores importantes de opinión ante las barbaridades que está cometiendo Maduro. Esas actitudes son un mal síntoma para la democracia en el Uruguay.

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