Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Seguimos mal

La principal riqueza de una sociedad es la materia gris de su gente. Las características del territorio donde se asienta cada sociedad, sus recursos naturales y su clima son desafíos.

La principal riqueza de una sociedad es la materia gris de su gente. Las características del territorio donde se asienta cada sociedad, sus recursos naturales y su clima son desafíos.

La clave para el desarrollo económico y social de cada sociedad es su capacidad de enfrentar, en forma constructiva, los desafíos que le impone su entorno y su historia. Y esa capacidad depende de la cultura de la sociedad.

Los países con mejores niveles de desarrollo humano incluyen sociedades que han debido superar grandes desafíos impuestos por la naturaleza, como el clima inhóspito, una orografía difícil o una ubicación remota.

Este es el caso de Noruega (en primer lugar en la tabla de desarrollo humano), Suiza, los Países Bajos (un país que literalmente se construyó su territorio) o Nueva Zelanda. En todos esos casos uno de los elementos clave de su evolución se encuentra en el sistema de enseñanza.

Las sociedades con los mejores niveles de desarrollo humano son los que aprovechan al máximo la riqueza que representa la cultura de sus habitantes.

Por ejemplo, en el caso de Noruega, el 97,1% de su población de 25 años o más de edad recibió alguna educación de segundo nivel. Esa proporción también es alta en el caso de otros países relativamente pequeños en las mejores posiciones de la tabla de desarrollo humano, incluyendo a Suiza (95,7%), Dinamarca (96,1%), Países Bajos (89,0%) y Nueva Zelanda (95,2%).

En nuestra región la proporción de personas de 25 años o más de edad que obtuvieron alguna enseñanza de segundo nivel es del 56,9% en el caso de Argentina, 74,8% en el de Chile y 52,5% en el de Uruguay.

Dejemos de lado los países europeos y tomemos como punto de comparación a Nueva Zelanda. La cantidad de personas de 25 años o más que recibieron alguna enseñanza de segundo nivel (seguramente un nivel mínimo en cualquier país que tenga aspiraciones a desarrollar su economía y su sociedad) en Nueva Zelanda es prácticamente el doble que la proporción en nuestro país.

El reciente informe elaborado por PISA sobre los alumnos con bajo rendimiento en las áreas fundamentales de matemáticas, lectura y ciencias, revela otra faceta complementaria de lo anterior: los niveles de calidad de la enseñanza recibida.

Los porcentajes de alumnos con bajos rendimientos en el caso de Nueva Zelanda fueron: en matemáticas, 22,6%, en lectura 16,3%, y en ciencias 16,3%. Estos valores son comparables a los de los otros países mencionados más arriba.

En el caso del Uruguay los porcentajes de los alumnos con bajo rendimiento ascendieron a: en matemáticas, 55,8%, en lectura 47,0%, y en ciencias 46,9%.

Pero, lo peor es que el porcentaje de los alumnos con bajos rendimientos aumentó durante el período 2003-2012. El incremento fue del 7,7% en matemáticas, 7,3% en lectura y 4,8 en ciencias.

En síntesis: tenemos una proporción baja de adultos con alguna educación secundaria, los niveles de bajo rendimiento son alarmantes y esos indicadores están empeorando.

Por demasiado tiempo, los uruguayos nos hemos dado el lujo de dilapidar nuestra principal riqueza y ventaja comparativa: la cultura de nuestra gente. El costo de esa conducta es cada vez más evidente.

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