Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

La muerte de un león

La muerte del león Cecil ha provocado una importante reacción internacional. El pobre animal pasó a mejor vida pero sus cazadores se han convertido en la presa de una opinión pública enfurecida.

La muerte del león Cecil ha provocado una importante reacción internacional. El pobre animal pasó a mejor vida pero sus cazadores se han convertido en la presa de una opinión pública enfurecida.

Existen buenas razones para criticar o para mofarse (rescatemos del desuso una antigua palabra castellana) de quienes protestan por lo sucedido. Pero es alentador que todavía existan personas con la capacidad de indignarse por un hecho que consideran injusto o, incluso, despreciable. Y, en el caso de la muerte del noble animal existen aspectos que insultan un sentimiento básico, casi instintivo, de fair play.

En síntesis, lo que sucedió fue lo siguiente.

Un cazador aficionado de los Estados Unidos viaja a Zimbabue, uno de los países más pobres y complicados de la región austral del África, para disfrutar de su deporte preferido: cazar con arco y flechas ejemplares de especies en peligro. En su destino se puso en contacto con un cazador profesional que le prometió un león a cambio del pago de unos honorarios en torno de los US$ 50.000.

Para atraer la presa, durante la noche, el cazador y su guía ataron un animal muerto a su vehículo y lo arrastraron en las proximidades del límite de una de las reservas naturales más importantes de Zimbabue, el parque nacional Hwange. Esto seguramente fue una coincidencia…

El pobre Cecil cuyo territorio se encontraba dentro de la reserva cayó en la trampa. Los leones, es sabido, no tienen idea de lo que es una reserva de naturaleza silvestre ni conocen sus límites. A la maldad se le sumó la chambonada: el cazador hirió a Cecil con una flecha, pero no lo mató. Tuvieron que seguirle el rastro, durante cuarenta horas, hasta encontrarlo y rematarlo de un balazo. Y allí descubrieron que el león lucía un collar con un equipo que seguía sus pasos mediante un satélite.

Cecil no era cualquier león.

Su gran tamaño y melena negra lo habían convertido en la principal atracción para los turistas del parque nacional, era conocido por ser amigable con los visitantes (que pagaban sus buenos dólares por la excursión), y participaba en un programa de investigación de la Universidad de Oxford. Desde el año 2008, los científicos de Oxford estuvieron siguiendo cada paso de Cecil, vía satélite, como parte de un estudio sobre los hábitos de esa especie con el fin de ayudar a su conservación. Este proyecto se realiza conjuntamente con la Autoridad de Manejo de Parques y de especies Silvestres de Zimbabue.

El león africano es una especie vulnerable amenazada por el incremento de la población de los países africanos, la extensión de las superficies cultivadas y la pobreza en las regiones rurales. A ello se suman las actividades de los cazadores furtivos.

El episodio resalta los dilemas, éticos y prácticos, que se enfrentan al definir programas para la protección de especies en peligro. Por ejemplo, se ha señalado que Cecil vivo representaba un aporte económico mucho más importante para mantener el parque natural que muerto.

La agencia de protección de la vida silvestre de los Estados Unidos inició una investigación e invitó al arquero (no pudieron ubicarlo) a ponerse en contacto con ellos. El gobierno de Zimbabue anunció que solicitará su extradición, lo que seguramente presentará algunos problemas interesantes. Quizás esto le demuestre al cazador cómo se siente el ser cazado.

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