Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Mirando al mundo

Nuestra sociedad invierte una proporción importante de sus escasos recursos en la enseñanza. Al considerar esa inversión es importante tener en cuenta tanto las sumas previstas en el presupuesto nacional para la enseñanza pública, como también lo que muchas familias invierten en la enseñanza privada general y, también, en cursos de diferente naturaleza. Incluyendo muchos que tienen como finalidad complementar lo que la enseñanza formal no da (y debería aportar).

Ante esa significativa inversión de recursos, cabe preguntarse en qué medida el sistema de la enseñanza, en el sentido más amplio del término, cumple con sus propósitos fundamentales. En cualquier empresa humana es legítimo y necesario determinar objetivos y luego evaluar en qué medida se han cumplido.

Es razonable, y justo, que la sociedad tenga una idea clara y lo más precisa posible de cómo se gasta su dinero.

¿Cuáles son los objetivos de un sistema de enseñanza?

Indudablemente en este caso, c

Nuestra sociedad invierte una proporción importante de sus escasos recursos en la enseñanza. Al considerar esa inversión es importante tener en cuenta tanto las sumas previstas en el presupuesto nacional para la enseñanza pública, como también lo que muchas familias invierten en la enseñanza privada general y, también, en cursos de diferente naturaleza. Incluyendo muchos que tienen como finalidad complementar lo que la enseñanza formal no da (y debería aportar).

Ante esa significativa inversión de recursos, cabe preguntarse en qué medida el sistema de la enseñanza, en el sentido más amplio del término, cumple con sus propósitos fundamentales. En cualquier empresa humana es legítimo y necesario determinar objetivos y luego evaluar en qué medida se han cumplido.

Es razonable, y justo, que la sociedad tenga una idea clara y lo más precisa posible de cómo se gasta su dinero.

¿Cuáles son los objetivos de un sistema de enseñanza?

Indudablemente en este caso, como en muchos otros, tenemos a cada maestro con su librito. Pero seguramente sería posible ponerse de acuerdo en tres objetivos básicos: educar ciudadanos informados, responsables y capaces tanto de hacer respetar sus derechos como de cumplir con sus obligaciones; fortalecer una sociedad más justa asegurando una igualdad de oportunidades para todos los jóvenes, independientemente de la situación económica de sus familias; y por último, contribuir al desarrollo de la principal materia prima de cualquier sociedad, es decir, la materia gris de sus habitantes.

¿Nuestro sistema de enseñanza cumple con esos tres objetivos mínimos?

La información disponible sugiere que no es así.

Ese incumplimiento tiene un costo considerable para nuestra sociedad. Un costo del cual, quizás, preferimos no ser conscientes.

La información en el último informe sobre el desarrollo humano del PNUD (2015) nos suministra una idea de la magnitud del costo de no tener un sistema de enseñanza que cumpla con sus fines esenciales.

Entre los diez países con los índices de desarrollo humano más alto se encuentran cuatro que tienen una población de menos de seis millones de habitantes y que, por lo tanto, son más comparables con nuestro país: Noruega (lugar 1), Dinamarca (4), Islandia (6) y Nueva Zelanda (9). Finlandia tiene 5,4 millones de habitantes y se encuentra en el puesto 24 de la clasificación.

El promedio de los años de enseñanza completados por los jóvenes de esos países oscila entre 12,7 años, en el caso de Dinamarca, y 10,3 años en el caso de Finlandia (en Nueva Zelanda el promedio es de 12,5 años).

Nuestro país, con sus 3,4 millones de habitantes se halla en el lugar 52 de la clasificación y el promedio de años de enseñanza es de 8,5 años. Es decir, cuatro años menos que en Dinamarca y Nueva Zelanda. No es un resultado alentador.

Las consecuencias son serias. Así lo sugiere la información sobre el ingreso bruto por habitante. En el caso de Nueva Zelanda, para elegir la sociedad más comparable con la nuestra, aquel ingreso es de 32.689 dólares por habitante, en el caso de nuestro país es de 19.283 dólares por habitante. Otro indicador aún más importante es la expectativa de vida. En Noruega es 81,6 años, en Nueva Zelanda es 81,8 años y en nuestro país es 77,2 años.Juan Oribe Stemmer, mirando al mundo, comparaciones, PNUD, enseñanza

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