Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

A medida

La crisis venezolana es de importancia para nuestro país: primero, por la violación de los derechos humanos y el intento de montar una dictadura populista en que se ha embarcado Maduro; segundo, por la ambigua reacción de nuestro gobierno frente a ese proceso que avanza a pesar de los muertos y las protestas.

La crisis venezolana es de importancia para nuestro país: primero, por la violación de los derechos humanos y el intento de montar una dictadura populista en que se ha embarcado Maduro; segundo, por la ambigua reacción de nuestro gobierno frente a ese proceso que avanza a pesar de los muertos y las protestas.

Hagamos un esfuerzo para penetrar la espesa niebla de verborragia patriagrandense que envuelve el tema y concentrémonos en los hechos.

¿Cómo ha evolucionado el comportamiento electoral de la ciudadanía de aquel país en las últimas décadas? Tenemos tres elementos de juicio: los proyectos de reforma constitucional de 1999 y 2007; las elecciones presidenciales de abril de 2012 y 2013; y las elecciones parlamentarias de 2005, 2010 y 2015.

La reforma constitucional de 1999, impulsada por el presidente Chávez, fue aprobada con el 71,8% de los sufragios a favor y solamente el 28,2% en contra. En cambio, el proyecto de reforma constitucional presentado por el gobierno en el año 2007 (que, básicamente, pretendía eternizar a Chávez en el poder) fue rechazado por un margen de aproximadamente el uno por ciento.

El presidente Chávez fue reelecto como presidente en octubre del 2012, con una mayoría del 55,07% contra el 44,3% cosechado por el candidato opositor, Henrique Capriles. El fallecimiento de Chávez, el 5 de abril de 2013, condujo a una nueva elección presidencial que fue ganada por Nicolás Maduro, como candidato del Partido Unido Socialista de Venezuela y heredero del comandante. El resultado fue: Maduro, 50,61%; Henrique Capriles (Mesa de la Unidad Democrática - MUD) 49,12%.

La evolución de los sufragios para la Asamblea Nacional muestra una tendencia similar.

En la elección del año 2005, el Movimiento V República fundado por Chávez consiguió una amplia mayoría de 114 escaños de los 167 que componen la Asamblea Nacional. El Movimiento fue disuelto en el año 2007 para constituir el Partido Unido Socialista de Venezuela (PSUV). El resultado de la elección de 2010 fue: PSUV, 5,4 millones de votos y 98 escaños; coalición opositora, 5,3 millones de votos y 65 escaños.

Finalmente, en la elección de 2015 la votación fue: Gran Polo Patriótico Simón Bolívar (un frente donde predominaba el PSUV), 5,6 millones de votos y 55 escaños; y MUD, 7,7 millones de votos y 112 escaños.

La clara tendencia en la última década es de disminución del caudal del oficialismo madurista y de un sostenido incremento en el apoyo popular que recibe la oposición. El partido de gobierno seguramente sufriría una derrota aplastante si se realizase una elección normal ahora.

En una sociedad democrática, el partido de gobierno seguramente estudiaría esas tendencias electorales con preocupación. La caída tan significativa de su caudal electoral llevaría a una crítica interna y a una revisión de las propuestas. Se hablaría de un cambio en los liderazgos. Incluso se mencionaría lo saludable de la rotación de los partidos en el gobierno. Pero a nadie se le ocurriría dar un golpe de Estado. En Venezuela sucede al revés. La reacción de Maduro y sus laderos es defender “el proyecto” a cualquier precio. Su razonamiento es: como hemos perdido la mayoría en el parlamento, entonces eliminamos el parlamento. Y esto es lo que ahora están intentado hacer con su proyecto de reforma constitucional cortada a la medida de sus intereses.

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