Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Mal clima

Los días 6 al 17 de noviembre se realiza en la ciudad de Bonn la Conferencia sobre el Cambio del Clima global.

En estas reuniones convergen las sesiones de varios de los acuerdos internacionales e instituciones involucradas en ese tema, incluyendo la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París sobre el cambio del clima.

Este encuentro es especialmente importante porque se realiza a pocos meses del anuncio del presidente Trump, de que, con el fin de cumplir con su solemne deber de proteger a los Estados Unidos y a sus ciudadanos, su país se retirará del Acuerdo de París. Una posición que (con toda razón) no ha despertado demasiada simpatía entre los demás líderes mundiales.

La canciller alemana, Angela Merkel, afirmó en una conferencia de prensa que el Acuerdo de París no es un acuerdo cualquiera, sino un componente central en la definición del marco general de la globalización, y agregó que consideraba que el acuerdo era tan importante que, simplemente, no era posible aceptar compromisos sobre su alcance. Es una observación inteligente, porque el control de las emisiones de gases de invernadero a la atmósfera para evitar el cambio del clima, en un mundo globalizado, inevitablemente supone encarrilar en determinada dirección el desarrollo industrial de los países y su comercio internacional.

Al aceptar metas para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, los Estados se comprometen a adoptar determinados tipos de tecnologías y métodos de producción —por ejemplo, desarrollar sistemas alternativos para la generación de energía y reducir el consumo de combustibles fósiles— y abandonar otros.

Pero el desafío es aún más profundo.

La protección del entorno, el desarrollo económico y social de los países y su seguridad política, se encuentran estrechamente vinculados. Así lo revela, en la forma más dramática, el impacto que está teniendo el cambio del clima global en el continente africano.

Un reciente informe de la organización no gubernamental Environmental Justice Federation indica que el cambio del medio ambiente determina que recursos esenciales, como la tierra fértil y el agua potable, se hagan cada vez más escasos. Ello conduce a movimientos de personas de las regiones rurales a las ciudades ya de por sí agobiadas por una creciente población. En determinados casos se generan enfrentamientos en el seno de las sociedades por el control y acceso a aquellos recursos. Estas guerras, a su vez, provocan nuevas corrientes de emigración forzada de comunidades enteras. Es un proceso que se autoalimenta.

El informe reproduce la advertencia de Stephen Cheney, un brigadier general de la Infantería de Marina de los Estados Unidos: "Esperen 20 años y verán qué sucede cuando el cambio climático expulse a la población del África, especialmente del Sahel —el África subsahariana—, y ahora hablamos no de apenas uno o dos millones, sino de 10 o 20 (millones), y estas personas no se dirigirán hacia África del Sur, cruzarán el Mediterráneo".

El caso del África es uno de los ejemplos más visibles de los desafíos generados por el cambio del clima global. Sin embargo, este tendrá consecuencias económicas, sociales y políticas para todas las regiones del planeta.

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