Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Un mal augurio

El presidente Maduro (informó El País del viernes) alabó “el esfuerzo heroico” que están haciendo la Guardia Nacional Bolivariana y la Policía Nacional Bolivariana para reprimir las marchas de quienes se oponen a su tramposo proyecto para una asamblea nacional constituyente.

El presidente Maduro (informó El País del viernes) alabó “el esfuerzo heroico” que están haciendo la Guardia Nacional Bolivariana y la Policía Nacional Bolivariana para reprimir las marchas de quienes se oponen a su tramposo proyecto para una asamblea nacional constituyente.

Dejándose llevar por su fervor humanitario, el presidente tranquilizó a los periodistas: “Sin armas de fuego. Están prohibidas. Sin escopetas de perdigones. Están prohibidas. Con agua y gasecito lacrimógeno, que está permitido”.

Sin embargo, hace unos días fueron detenidos tres miembros de la Guardia Nacional bajo la sospecha de haber asesinado a un manifestante de 17 años de edad. Y, prácticamente al mismo tiempo que el presidente venezolano realizaba aquellas afirmaciones, los medios de prensa del mundo publicaban en primera plana la imagen de otra ejecución. Un soldado, armado con una escopeta, bien protegido detrás de una sólida cerca, asesinó a un manifestante desarmado de un disparo en el corazón.

Ese es el valor de la palabra de Maduro.

La realidad de lo que sucede en Venezuela, donde la cleptocracia que gobierna el país avanza en su designio de liquidar a la Asamblea Nacional, compuesta por ciudadanos elegidos por el pueblo y en la cual el gobierno se encuentra en minoría, resalta el fracaso de la Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA que fue incapaz siquiera de ponerse de acuerdo en una sencilla declaración de preocupación por la obvia emergencia venezolana.

La Reunión de Consulta había sido convocada por el Consejo Permanente de la organización a fines de abril, y culminó su primera sesión el 31 de mayo.

Los países no se pusieron de acuerdo sobre una declaración y suspendieron la reunión hasta el lunes 19 de junio, en vísperas de la 47ª Asamblea General de la organización que tuvo lugar en Cancún. Allí tampoco se consiguió la mayoría requerida para aprobar un texto.

De acuerdo al reglamento, de la Reunión de Consulta se requerían 23 votos para aprobar el proyecto de Resolución sobre la situación en Venezuela. El resultado de la votación el 19 de junio fue: a favor del proyecto, 20 votos; en contra, cinco votos; abstenciones, ocho votos. Venezuela estuvo ausente.

Votaron a favor de la Resolución: Argentina, Bahamas, Barbados, Belice, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Estados Unidos, Guatemala, Guyana, Honduras, Jamaica, México, Panamá, Paraguay, Perú, Santa Lucía, Uruguay. En contra votaron: Nicaragua, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas, Bolivia y Dominica. Pero, quizás lo más interesante sean las abstenciones: Ecuador, El Salvador, Granada, Haití, República Dominicana, Surinam, Trinidad y Tobago, Antigua y Barbuda. Dejando de lado las sutilezas diplomáticas: si se considera las mayorías requeridas para aprobar una Resolución cada abstención fue, en los hechos, un voto en contra.

Es cierto que durante la reunión la mayor parte de nuestra región manifestó su preocupación ante los sucesos en Venezuela. Sin embargo, también es cierto que el régimen de Maduro evitó una Resolución (apoyado por el ALBA y los favores concedidos dentro del marco de Petrocaribe).

Es un resultado lamentable. Para los venezolanos y para la región

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