Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Investigar y actuar

La lectura del estudio sobre maternidad en adolescentes y desigualdad social en el Uruguay publicado por la Universidad de la República y presentado en estos días, produce de entrada dos grandes impresiones. La primera es la preocupación por un problema social de tanta magnitud.

La lectura del estudio sobre maternidad en adolescentes y desigualdad social en el Uruguay publicado por la Universidad de la República y presentado en estos días, produce de entrada dos grandes impresiones. La primera es la preocupación por un problema social de tanta magnitud.

La segunda preocupación es que la combinación entre la pobreza, el embarazo temprano no deseado, y la deserción del sistema de la enseñanza es un hecho relativamente conocido (quizás sin una base científica tan importante como la que aporta el presente estudio) ya sea por otras investigaciones o la simple experiencia de la vida.

Basta darle una mirada a la completa bibliografía de la publicación, a la cual se le podrían agregar otros estudios realizados desde hace décadas. Este informe comprueba, una vez más (por ejemplo, lo mismo sucede con los estudios de INEED) que el problema fundamental en nuestra sociedad no es la falta de buenos investigadores (como lo demuestra esta publicación) ni de diagnósticos bien elaborados y fundamentados, sino la impresionante incapacidad para convertir ese valioso conocimiento en acciones concretas, posibles y eficaces.

La principal conclusión del estudio es que en nuestra sociedad existen grupos o núcleos sociales “duros” donde predomina un círculo vicioso de pobreza y bajo nivel cultural, maternidad no deseada, separación del sistema de enseñanza, familias numerosas, desempleo y vuelta a empezar el proceso.

Es indignante que nuestro país (con sus escasos 3,4 millones de habitantes) tenga “niveles de fecundidad y maternidad adolescente (15 a 19 años), considerados altos en relación a la mayoría de las regiones del mundo”. En Uruguay la tasa de fecundidad adolescente se sitúa en 62,5 por mil. En comparación, en América Latina y el Caribe se sitúa en 70 por mil, en Asia en 42 por mil, en América del Norte 27 por mil y el promedio de Europa es 18 por mil.

La situación es peor de lo que sugiere esa cifra total porque los casos de embarazo juvenil se concentran en lo que los autores denominan “núcleos duros” compuestos por mujeres con altos niveles de privación socioeconómica y desplazadas hacia los barrios más pobres de la ciudad.

Entre los jóvenes que viven en esas condiciones “los niveles educativos alcanzados son bajos”, los jóvenes “fueron socializados en hogares con bajo clima educativo (pocos años de estudios en sus progenitores)” y la “aproximación a los centros de salud es débil y deficitaria”.

No es sorprendente que esta situación profundice “la fractura social de la población uruguaya en la última década”.

Las causas del problema no son solamente económicas. Existe un fuerte factor cultural.

El informe constata algo en estas jóvenes, la “maternidad opera como vehículo de reconocimiento social y valoración en su entorno familiar”. Sin embargo, en la práctica, su estado profundizará su exclusión social porque las aislará del mundo exterior y las recluirá en la esfera del hogar y de su barrio, “generando una doble exclusión”. El estudio concluye que “el embarazo y la maternidad en la adolescencia es producto de la desigualdad social y por tanto debe ser considera como un problema social y de derechos humanos”. Algo muy cierto y que el Frente Amplio en tercer período de gobierno y con recaudación histórica, no ha sabido resolver.

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