Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

No hay peor ciego

El jueves nos enteramos que la última vez que presidente Vázquez habló con Maduro fue cuando lo llamó por teléfono para pedirle el pago de la deuda de Venezuela con productores lecheros de nuestro país.

El jueves nos enteramos que la última vez que presidente Vázquez habló con Maduro fue cuando lo llamó por teléfono para pedirle el pago de la deuda de Venezuela con productores lecheros de nuestro país.

Sin duda un tema importante. Pero también existen algunos asuntos políticos aún más trascendentes que habrían justificado una conversación entre ambos presidentes. Vázquez también mencionó que nunca se recibieron las debidas disculpas por los insultos del líder venezolano hacia nuestro país. Entre tanto, en Venezuela, en el mundo real, las manifestaciones contra el proyecto de Maduro de instalar una tramposa Asamblea Nacional Constituyente ya han costado más de cien vidas. La mayoría jóvenes de la oposición civil.

La postura de nuestra Cancillería ante la tragedia en Venezuela es muy difícil de explicar.

Por una parte, el ministro de Relaciones Exteriores afirmó que sabe perfectamente lo que allí sucede.

Muy tranquilizador.

Por el otro, en la OEA, el Uruguay no adhirió a la declaración presentada por trece países donde se afirma que la elección de la Asamblea Nacional Constituyente “implicaría el desmantelamiento definitivo de la institucionalidad democrática” en Venezuela. Algo totalmente obvio. La declaración fue firmada por Argentina, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú. El Uruguay no firmó porque, en opinión del gobierno, la Asamblea Nacional Constituyente “es un mecanismo previsto en la Constitución venezolana” (El País, 27 de julio).

Es un argumento muy pobre que, por lo menos, refleja una considerable pereza intelectual.

Por varios motivos.

Primero, no basta con detenerse en un análisis meramente formal de lo que sucede en Venezuela. El hecho de que la Constitución de un país, o su legislación interna, contengan determinados normas o institutos no significa que éstas sean justas o legítimas ni que se ajusten al Derecho Internacional humanitario. Hay que ir a la sustancia de las cosas.

Segundo, no es esta la primera vez que una dictadura utiliza con fines espurios instrumentos democráticos contenidos en la Constitución o legislación de su país.

Es lo que está haciendo Maduro. Hasta ahora, la cleptocracia venezolana se ha apoderado del Poder Ejecutivo, del Poder Judicial y del equivalente de nuestra Corte Electoral. El verdadero objetivo de la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente no es cambiar la Constitución aprobada durante el gobierno de Chávez, sino instalar un cuerpo dominado por los maduristas que desplazarán al actual Poder Legislativo (la Asamblea Nacional) elegida democráticamente, y donde el gobierno está en minoría.

Es la consumación del golpe de Estado.

Tercero, el procedimiento impuesto por Maduro (con la complicidad de la autoridad electoral) para elegir a los miembros de la Asamblea Nacional Constituyente es un fraude. Es un mecanismo que anula, discrimina, a la enorme mayoría de la población venezolana, que es opositora, y favorece a la minoría, aún adicta al régimen.

Es un sistema de votación ilegítimo para instalar un cuerpo legislativo espurio que terminará el proceso de instalación de la dictadura en Venezuela. Por eso es que los venezolanos arriesgan su vida para defender la democracia.

En cuanto a nuestro gobierno, parecería que solamente resta decir: no hay peor ciego…

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