Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Empezó el deshielo

Simultáneamente, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, y el presidente (o dictador) cubano, Raúl Castro, anunciaron que sus países restablecerán inmediatamente sus relaciones diplomáticas, después de décadas de distanciamiento.

Simultáneamente, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, y el presidente (o dictador) cubano, Raúl Castro, anunciaron que sus países restablecerán inmediatamente sus relaciones diplomáticas, después de décadas de distanciamiento.

El presidente norteamericano anunció su decisión en un breve discurso de apenas 15 minutos (lo que recuerda el sabio consejo de que lo bueno si es breve, dos veces bueno).

Comenzó con una declaración muy sencilla: “Buenas tardes. Hoy, los Estados Unidos están cambiando su relación el pueblo de Cuba”.

Obama considera que: “No es bueno para los intereses de los Estados Unidos, o los del pueblo cubano, intentar empujar a Cuba hacia el colapso. Aún si esa estrategia funcionase -y no ha funcionado por cincuenta años- sabemos como resultado de una costosa experiencia que es más probable que los países logren una transformación duradera, si sus pueblos no están sometidos al caos. Invitamos a Cuba a terminar las restricciones innecesarias en sus actividades políticas, sociales y económicas para liberar el potencial de 11 millones de cubanos. En este espíritu, no debemos permitir que las sanciones de los Estados Unidos aumenten la carga que deben soportar los ciudadanos cubanos que intentamos ayudar”.

Obama destacó la incongruencia de la política respecto de Cuba, cuando “hace más de 35 años que tenemos relaciones con China -un país mucho más grande y también gobernado por un Partido Comunista. Hace casi dos décadas establecimos relaciones con Vietnam, donde luchamos en una guerra que costó más vidas de ciudadanos de los Estados Unidos que cualquier confrontación de la Guerra Fría”.

El presidente Obama reconoció que esperaba que Cuba continuase siguiendo una política exterior que a veces estará en desacuerdo con los intereses de los Estados Unidos. Pero, dijo, confiaba en que una estrategia de acercamiento y negociación sería un medio más efectivo para defender los valores de los Estados Unidos y ayudar a los cubanos a ayudarse a sí mismos para avanzar en el siglo XXI. Aunque Cuba, es bueno recordarlo, también ha tenido una influencia positiva, por ejemplo apoyando el proceso de pacificación en Colombia.

En su discurso, también breve, el presidente cubano anunció “hemos acordado el restablecimiento de las relaciones diplomáticas” y agradeció “el apoyo del Vaticano, y especialmente, del papa Francisco, al mejoramiento de las relaciones entre Cuba y EE.UU., y al gobierno de Canadá por las facilidades creadas para la realización del diálogo de alto nivel entre los dos países”.

En un tono similar al de Obama, Castro advirtió: “Esto no quiere decir que lo principal se haya resuelto. El bloqueo económico, comercial v y financiero que provoca enormes daños humanos y económicos a nuestro país debe cesar” y propuso al “gobierno de los Estados Unidos adoptar medidas mutuas para mejorar el clima bilateral y avanzar hacia la normalización de los vínculos entre nuestros países, basados en los principio del Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas”.

Castro, como Obama, dejó bien claro que existen diferencias entre los dos países pero, concluyó, “reafirmo nuestra voluntad de dialogar sobre todos estos temas”.

No es el final del deshielo, pero ciertamente sí es el principio.

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