Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Corsarios orientales

El 15 de noviembre se conmemora la creación de la Armada Nacional. Ese día, en el crítico año de 1817, Artigas otorgó la patente de corso al buque “La Fortuna”.

El corso era una actividad naval efectuada por particulares en tiempo de guerra o como represalia, con la autorización y supervisión del Estado de la bandera, en contra de los enemigos de éste y sujeta a un conjunto de usos y normas específicas. Estas últimas figuraban en el reglamento de corso que se entregaba al capitán del buque.

Era una actividad privada con un fin público (dañar el comercio marítimo y la marina mercante del enemigo), usualmente financiada por comerciantes o armadores que buscaban obtener algún beneficio en tiempo de guerra, cuando no podían continuar con sus actividades mercantiles usuales. Montevideo tenía experiencia en la materia. En los últimos años del período español, sus corsarios habían operado activamente contra los ingleses.

Era una actividad que podía aparejar buenas ganancias, pero que también podía terminar muy mal para la tripulación del corsario y quienes habían invertido en la empresa. Un viajero que visitó las islas de Cabo Verde en 1822, encontró prisioneros a bordo de un buque portugués a varios marinos norteamericanos que habían pertenecido a la tripulación del corsario artiguista “Arrogante”.

Tanto las Provincias Unidas como la Banda Oriental recurrieron a la guerra de corso.

En el caso de la segunda, el gobierno artiguista, con sede en Purificación, aprobó una detallada Ordenanza General del Corso de 18 artículos y emitió “cartas de marca” o “Patentes de Corso”, por la cual se autorizaba a determinado particular a emprender hostilidades contra los buques portugueses y españoles.

Entre otros aspectos, la Ordenanza disponía que los “armadores y apresadores serán obligados a enarbolar en el corsario la bandera tricolor, azul, blanca y colorada, en el modo y forma en que la usan los demás corsarios y que tiene ordenado la Provincia”. Los armadores estaban obligados a “satisfacer un cuatro por ciento ante este Gobierno sobre el producto de cada una de sus presas” y a entregarle la mitad del armamento y útiles de guerra tomado en las presas.

La única “Patente de Corso” de las emitidas en Purificación que ha sobrevivido es un documento impreso en el cual se dejaron en blanco los espacios, para anotar a mano, del nombre del buque corsario, el nombre del Oficial de Presas y la fecha de emisión.

El encabezamiento del documento impreso reza: “El Gefe de los Orientales y protector de los pueblos de la República Oriental”. A continuación, se expresa que “Por quanto he tenido a bien mandar se extiendan Patentes de Corso contra las Banderas Españoles y Portugueses”, se autoriza al “Señor Comandante del Corsario predicho, pueda navegar con libertad, hacer respetar el Pabellón de la República y hostilizar sus enemigos del modo que juzgue más oportuno según el Derecho de la Naciones”. El documento fue dado “en este Quartel General en la Purificación 15 de No. De 1817”. Está firmado “José Artigas”.

Con el tiempo las potencias marítimas consideraron que era más conveniente proscribir esta forma de guerra privada que se prestaba a tantos abusos. Un congreso celebrado en París, en abril de 1856, aprobó una declaración que derogó la guerra de corso.

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