Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Un botón de muestra

Uno de los elementos clave del desarrollo económico y social de un país es el nivel cultural de la sociedad. La geografía, los recursos naturales, el tamaño de la población, son factores importantes, pero solamente representan oportunidades.

Uno de los elementos clave del desarrollo económico y social de un país es el nivel cultural de la sociedad. La geografía, los recursos naturales, el tamaño de la población, son factores importantes, pero solamente representan oportunidades.

El elemento clave es la forma en que quienes habitan esas tierras utilizan esos recursos y aprovechan esas oportunidades para enfrentar los desafíos que les impone su entorno y sus tiempos.

El índice de desarrollo humano elaborado por el PNUD demuestra la validez de este concepto de desafío-respuesta. Los países que se encuentran en los primeros cinco lugares (Noruega, Australia, Suiza, Alemania y Dinamarca) del ranking se caracterizan por su alto nivel cultural, su desarrollo económico, lo avanzado de sus sistemas de previsión social y de enseñanza, y su apertura comercial. En el caso de nuestro país es reveladora la comparación con Australia y Nueva Zelanda. Son sociedades, especialmente la segunda, con economías agropecuarias que pueden ser comparadas con los países del Río de la Plata. Hace un siglo estábamos igual. Hoy, Australia se encuentra en el lugar 2 y Nueva Zelanda en el lugar 13 del índice. En cambio, el Uruguay se halla en el lugar 54 del índice de desarrollo humano y Argentina en el lugar 50.

Hay algo que hacemos mal.

La clave se encuentra en la cultura de nuestra sociedad (muchos exclamarán: ¡chocolate por la noticia!).

Cada cual elegirá su indicador característico de la falla cultural que tanto nos dificulta enfrentar en forma constructiva y enérgica los desafíos inevitables en la vida de cualquier sociedad. No tiene que ser un síntoma de gran importancia, basta con que sea revelador. Para muestra basta un botón.

Para mí, el botón que revela una de las debilidades fundamentales de nuestra cultura es la forma en que tratamos el patrimonio histórico. Una actitud que mezcla la retórica abundante con la indiferencia, incapacidad y olvido que se encarna en la situación en que se encuentra la Estación del Ferro-Carril Central, actual Estación Artigas. Incluyendo tanto el edificio principal como sus depósitos anexos y la playa de maniobras. Se ha invertido mucha tinta y papel en describir la decadencia de esas instalaciones. A pesar de ello, el conjunto ha sido parcialmente desmantelado y, en general, sobrevive a duras penas. Afortunadamente, y muy tarde, se han tomado algunas medidas para proteger las instalaciones. Pero el abandono persiste.

Los países más cultos se esfuerzan en rescatar y darle nueva vida a sus antiguas estaciones ferroviarias. En cambio, los uruguayos nos damos el lujo en la pobreza de abandonar nuestra Estación Central. Una estructura que no tiene nada que envidiarle a las más importantes estaciones ferroviarias europeas,

¿Qué pensar de una sociedad que no tiene la cultura, ni la energía política, necesarias para proteger uno de los principales edificios parte de su patrimonio cultural e histórico?

Ahora se ha informado que el proyecto de Ley de Rendición de Cuentas incluye un artículo que intenta desbrozar la densa maraña jurídica que ha dificultado los esfuerzos para recuperar la Estación Central. Es una medida constructiva que, por demorada, no puede ser menos bienvenida. Veremos que sale de todo esto…

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