Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Acuerdos comerciales

Para un país existen dos formas de depender lo menos posible de los demás: la primera es la receta de Corea del Norte y Cuba, la segunda es la mayor diversificación de los mercados.

Para un país existen dos formas de depender lo menos posible de los demás: la primera es la receta de Corea del Norte y Cuba, la segunda es la mayor diversificación de los mercados.

A medida que nos enteramos de cómo funciona el gobierno de Kim Jong-il, nos encontramos con que aún Corea del Norte depende para muchos de sus insumos estratégicos del comercio (aunque sea clandestino) internacional. En realidad, la única opción realista es ampliar y diversificar el abanico de contrapartes comerciales en la medida de lo posible. Es una paradoja, pero la mejor forma de no depender demasiado de ninguna contraparte comercial en particular, es depender de muchas.

Hace unos días, informó El País, el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca describió en la Comisión de Asuntos Internacionales de la Cámara de Diputados, “un panorama complicado para la colocación de productos lácteos en los mercados externos”. El ministro explicó que no hay novedades sobre el anuncio del Brasil de establecer cuotas para las exportaciones de esos productos, y que el Uruguay tiene problemas para colocar su producción láctea en China porque allí los productores de nuestro país tropiezan con la competencia de sus pares de Nueva Zelanda.

Esta afirmación conduce a dos reflexiones. La primera es que, como resultado de la globalización (un proceso que avanza aunque no nos guste), la gran mayoría de los exportadores uruguayos debe competir en mercados mundiales y esencialmente neutrales: el exportador que puede colocar sus productos en precios CIF más convenientes en el mercado de consumo, es el que consigue los contratos.

La consecuencia es que el exportador de productos lácteos de nuestro país, para conseguir vender sus productos en China, debe enfrentar la competencia directa de sus similares que trabajan en lugares tan distantes como Australia y Nueva Zelanda.

La segunda es la importancia del marco institucional para el comercio exterior. Parte de la ventaja comparativa de la cual gozan los productores en Nueva Zelanda y Australia se encuentra en la sabia política de sus respectivos gobiernos que han construido una densa red de relaciones comerciales con contrapartes comerciales clave. Incluyendo con China. El primer país suscribió un acuerdo comercial con China en el año 2008 y Australia hizo algo semejante en el 2015. En el caso de nuestra región, Chile ha concluido 18 tratados de libre comercio (acuerdos en vigencia) que suman, considerando que algunos de esos instrumentos internacionales fueron concluidos con grupos de Estados, más de cincuenta países contrapartes comerciales. A lo que ahora hay que sumarle la Alianza para el Pacífico.

El Uruguay continúa atrapado en un Mercosur que ha perdido su sentido fundamental. El ministro de Relaciones Exteriores dijo en la Rural que era partidario de los tratados de libre comercio, y que “después de 25 años merecemos estudiar de nuevo el tratado del Mercosur”. Una afirmación que no es una novedad. Hace años que nuestro gobierno está diciendo lo mismo y no avanzamos en lo más mínimo.

Porque los obstáculos para una revisión de la estrategia de comercio exterior no se encuentran solamente en la actitud imperial de nuestros socios más grandes, sino también en el seno del partido de gobierno.

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