Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Los tiempos que vienen

Terminó el tiempo electoral, se develaron todas las incógnitas, ahora empieza el tiempo de enfrentar la tarea de construir el país.

Terminó el tiempo electoral, se develaron todas las incógnitas, ahora empieza el tiempo de enfrentar la tarea de construir el país.

En ese respecto parece no haber lugar a discusión: los años que vienen no serán de tragedia pero serán otros: es evidente que aquel viento de cola que hizo todo más fácil se acabó.

El Poder Ejecutivo, en toda ocasión que se le presenta, plantea la admonición y la advertencia: las cosas han cambiado y no se puede seguir como si nada. El discurso de Vázquez se dirige expresamente a señalar dos diferencias con el pasado.

La situación externa ha cambiado para los países productores de commodities como es el caso del nuestro. Los precios de los granos y de los lácteos, que estaban por las nubes, cayeron a la mitad. Los de otras commodities que nosotros no producimos, como es el caso de los minerales, también se hundieron; en consecuencia, nuestros vecinos a quienes les vendíamos (es el caso de Brasil) están más pobres y nos van a comprar menos. Eso nos va a afectar.

El otro cambio que el Poder Ejecutivo está tratando de comunicar y hacer entender refiere a lo interno: el desorden y el viva la pepa del gobierno anterior, con toda su desfachatada improvisación, no va más. No solo porque ya no hay condiciones materiales para la irresponsabilidad sino porque la irresponsabilidad es inmoral en sí misma y es una burla al país, por más que a muchos bobos (y a un par de periodistas) les haya hecho gracia.

Resulta paradojal -aunque perfectamente esperable- el poco respaldo que para esa juiciosa tarea encuentra el Poder Ejecutivo en lo que son sus apoyos naturales: El Frente Amplio y el Pit-Cnt.

Por el lado de este último la mayoría de las dirigencias gremiales siguen con el balde puesto, pidiendo todo sin entender el cambio de escenario y sin medir las consecuencias. Las empresas extranjeras se van del país al enfrentar exigencias desmedidas (sumado a que gran parte de las empresas nacionales ya había desaparecido por los mismos motivos). Así cerró Ecolat, así han bajado la cortina las ensambladoras chinas de automóviles, por citar casos recientes. Pero a los dirigentes sindicales de esas ramas esto no los afecta directamente; ellos son más inamovibles que los empleados públicos. A quienes ciertamente afecta es a la masa trabajadora.

Tampoco encuentra el Ejecutivo respaldo alguno en la dirigencia política del Frente Amplio de segundo nivel, es decir, los que vienen detrás de quienes ocupan los cargos en el Poder Ejecutivo. Es cierto que ese segundo nivel político oficialista es de tal modestia que resulta invisible a los ojos de los de afuera.

El Frente Amplio, en cuanto fuerza política, no sabe qué hacer -y lo muestra- porque institucionalmente tiene delante de los ojos lo ideológico y no la realidad. El molde de las izquierdas, con su origen y su base filosófica en la visión de Marx, es un molde multiuso. Eso quiere decir que sirve tanto para explicar la situación y la economía de cualquier país del mundo, como que propone el mismo camino para todos, lo mismo hoy que hace doscientos años.

Además de todo (y quizás detrás de todo) en el seno de las mesnadas del Frente está muy a la vista ese temor tan poco viril a perder popularidad, el miedo a no ser simpáticos, a perder aplauso si mencionan la necesidad de ajuste. ¡Qué panorama para los cuatro años que vienen!

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