Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

La ruta del dinero

Milagros Sala supo ser una corajuda luchadora social, originaria del pobrerío medio indio de Jujuy, que organizó y dinamizó a la gente de su entorno ganando con ello singular notoriedad. A causa de eso pasó a recibir mucho dinero de Cristina Kirchner: casi todos los fondos sociales destinados a la Provincia.

Milagros Sala supo ser una corajuda luchadora social, originaria del pobrerío medio indio de Jujuy, que organizó y dinamizó a la gente de su entorno ganando con ello singular notoriedad. A causa de eso pasó a recibir mucho dinero de Cristina Kirchner: casi todos los fondos sociales destinados a la Provincia.

Levantó policlínicas, comedores y construyó barrios enteros; llegó a tener más poder que el gobernador. Usó el dinero sin control y a su criterio para consolidar un poder propio, sin dar cuentas a nadie y al modo que le parecía. Hoy está presa. Es una lástima.

Hebe Bonafini, de las Madres de la Plaza de Mayo, creó una fundación “Sueños Compartidos” para hacer casas populares con el dinero que obtenía de su estrecha proximidad con los Kirchner: el manejo de esas cifras, abultadas por cierto, estaba en manos de Schoklender quien disponía a su criterio (del dinero y del poder). Terminó preso. (Bonafini, al día de hoy, no).

En la mentalidad populista hay que hacer la obra social a través de los llamados líderes populares más que por las vías institucionales de los organismos oficiales competentes, sujetos a jerarquía y a los controles correspondientes. Para esa mentalidad los luchadores populares son más importantes que las instituciones, sobre todo son más confiables. El dinero del presupuesto nacional tiene que pasar a manos de ellos: las burocracias son despreciables, los controles legales un engorro inútil. El dinero del estado -y el poder que da tener la llave de esa caja- está mejor cuando lo tienen los actores populares.

En nuestro país los negocios con Venezuela y todo el dineral entretejido en sus vericuetos, desde el comienzo del gobierno de Mujica y hasta el esquivo fideicomiso Ancap-industrias lácteas, estuvieron vinculados a comisionistas, intermediarios y/o gestores, seleccionados todos ellos del entorno MPP o del vecindario de la chacra de Rincón del Cerro. El dinero del estado (y, en este caso, también de empresas particulares) se desinstitucionalizó y fue a parar a gestores particulares de la preferencia de Mujica, quien ha justificado públicamente esa intermediación. Todos los negocios con Venezuela, tarde o temprano, terminaron oliendo mal.

El Pit-Cnt inventó un plan de viviendas. Ya había varios, como es notorio: hay hasta un Ministerio de Vivienda con ese cometido. Pero la dirigencia del Pit-Cnt quería el suyo: comporta mucho dinero. Dinero es poder (para hacer casas, para hacer política, para promocionar dirigentes). Ese fondo enorme lo manejaban los capitostes de la Central y otros que no son dirigentes. Antes que apareciese terminada una sola casa empezaron a aparecer reclamos en los juzgados.

Ya van cuatro y por cientos de miles de dólares cada uno. El Pit-Cnt dice que no tiene nada que ver. También en este caso el olor no es agradable.

El dinero es poder: los dineros oficiales son mucho dinero. En la mentalidad populista y en la mentalidad tupa actual tanto el poder como el dinero que de allí deriva tienen un destino: sustentar proyectos populares manejados por sus agentes de confianza. En los países desarrollados los líderes excepcionales nunca son considerados tan firme garantía del progreso social y cívico cuanto el sistema institucional serio, eficiente y respetado por todos (en primer lugar por los poderosos y los gobernantes).

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