Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

¿Con quiénes?

Hace dos semanas escribí que no es verdad que la oposición no haga nada.

La semana pasada escribí que el Partido Nacional (tomado como el espinazo de la oposición) hace mucho pero tiene un discurso insuficiente. Hoy quiero redondear el panorama y plantear con quién tiene que aplicar el Partido Nacional su energía política.

Lo primero que contesta el observador ingenuo es: con todos, todos contra el Frente Amplio como única forma de desplazarlo del gobierno. Es un error. Básicamente ese es el planteo de Novick. Es un discurso ultrasimplificado e inesperadamente peligroso porque contiene en su fundamento el mismo concepto excluyente del discurso frenteamplista: nosotros los buenos, los otros pérfidos irrecuperables.

Las sociedades humanas no son homogéneas, son heterogéneas por los cuatro costados. El Uruguay político tiene varias expresiones auténticas (no artificiales): el Partido Colorado, el Frente Amplio, el Partido Nacional, el Partido Independiente y, por ahora, el Partido de la Gente. En todos ellos hay gente bien intencionada convencida de sus respectivas visiones y proyectos políticos. ¿Con quién tiene que arrimarse el Partido Nacional para aplicar su energía política en pos de sus postulados y propósitos para bien del país? Planteada así la pregunta caemos en conclusiones equivocadas; cuando los problemas se plantean mal no hay manera de llegar a conclusiones buenas.

El universo electoral del Uruguay no está compuesto por cinco espacios, los mencionados más arriba al enumerar los Partidos que actualmente existen. Hay un reservorio central, que tiene orillas con cada uno de los Partidos, y donde se encuentra la "pesca electoral" más promisoria: allí está por lo menos el 30% del electorado. El cogollo de cada Partido es virtualmente inamovible (solo cambia con las generaciones). Es con los votos de ese reservorio central con que se ganan las elecciones.

Los acuerdos electorales son subalternos; los acuerdos serios son para gobernar, no para ganar elecciones. Las elecciones las ganan (o las merecen ganar) quienes se definen claramente, dicen lo que son, lo que proponen, lo que apoyan y lo que combaten.

La cátedra ha sostenido tradicionalmente que los partidos políticos uruguayos son partidos "catch all". Esta definición recoge categorías conceptuales del marxismo; los partidos uruguayos no son partidos clasistas (ni el Frente lo es) pero tienen una personalidad política e histórica más marcada de lo que la cátedra ha podido percibir. Algunos líderes políticos del pasado buscaron el triunfo electoral estirando y generalizando tanto los rasgos partidarios para facilitar acuerdos que convirtieron su oferta electoral en algo tan descafeinado y chirle que resultó contraproducente: por querer atraer a todos no consiguieron a nadie.

El discurso electoral tiene que ser claro: a favor de qué y en contra de qué estamos (y de quiénes, sin temor a nombrarlos: igual no te van a votar) Pero el discurso de gobierno tiene que ser igualmente claro: disposición a la coparticipación, trabajar con los equilibrios que imponen los resultados electorales y clara aversión republicana a los totalitarismos. En una palabra, ofreciendo la garan- tía de una actitud incluyente, opuesta a la política excluyente que plantea el Frente Amplio de hoy dominado por las corrientes bolivarianas.

Agrego, para redondear, que los armisticios sólidos y la paz duradera es la que pactan los halcones, no la que pactan las palomas.

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