Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Los partidos de Brasil

El sistema político del Brasil tiene notorias flaquezas, una de ellas es su sistema de partidos, muy rudimentario y primitivo. Como nota de exquisito exotismo, en Brasil hay dos Partidos Comunistas, situación filosóficamente imposible.

El sistema político del Brasil tiene notorias flaquezas, una de ellas es su sistema de partidos, muy rudimentario y primitivo. Como nota de exquisito exotismo, en Brasil hay dos Partidos Comunistas, situación filosóficamente imposible.

Al día de hoy hay 35 partidos registrados: algunos de ellos tienen vida sólo en cuatro o cinco estados, sacan allí media docena de diputados cada uno, no tienen ideología ni proyecto nacional (no puede haber 35 ideologías). Entre ellos figura, por ejemplo, el Partido de la Patria y también el Partido de la Mujer.

El mensalao -ingeniería de corrupción creada y financiada por el P.T. y que llevó a la cárcel a un lote de diputados desconocidos y a no pocos jerarcas muy conocidos del gobierno de Lula- tuvo su origen en la subasta de diputados sueltos de esos partidos menores que el P.T. necesitaba para formar mayoría y a los que pagaba mes a mes, de ahí el nombre.

Semanas atrás los medios informaron que cuatro partidos de la base gubernamental de Temer se habían retirado. Ellos fueron el Partido Socialista Brasileño (PSB), el Partido Popular Socialista (PPS), el Partido Trabalhista Nacional (PTN) y el Partido Humanista de la Solidaridad (PHS). El 90% de los brasileños nunca ha oído hablar de ninguno de esos partidos. Esos cuatro partidos que abandonaron la coalición de gobierno de Temer están en oferta, tal como lo estuvieron en el comienzo; han calculado ahora que la rama en la que se habían encaramado amenaza con quebrarse y se ubican otra vez en el mercado. Volverán o no según sus cálculos respecto a lo que se les ofrezca y la confianza que despierte el oferente.

La consistencia de los partidos políticos, su organicidad, previsibilidad y responsabilidad son cosas fundamentales para una democracia. En el caso de partidos políticos compuestos de muchos sub-sectores, como es el Frente Amplio, una cosa es si los subsectores tienen peso en sí mismos y sostienen al todo, y otra cosa es cuando no valen políticamente nada y el peso o la importancia la da el conjunto. Las piezas políticas que se juntaron originalmente para formar el Frente Amplio tenían identidad y trayectoria. Actualmente los componentes del Frente Amplio tienen menos valor político: lo importante es el todo, fuera del todo las partes pierden valor. Durante el primer gobierno del Frente había una cabeza que mandaba a ese todo: el presidente Tabaré Vázquez. No es así en la actualidad y ese todo se ha desdibujado con pérdida de significación política.

La fragmentación interna de los partidos o su multiplicación no obedece a razones estrictamente políticas (no hay 35 visiones de país ni tantas políticas económicas posibles). La subdivisión obedece a un problema inmobiliario o locativo, es la creación de lugares por y para dirigentes que no se entendieron con los que estaban o que buscan un perfil propio afuera: es decir, problema de dirigentes, no de políticas.

El sistema de partidos uruguayo es bastante bueno; nuestros partidos han sido, por lo general, permanentes o, al menos, longevos (son continuidades políticas). Hasta hace poco eran claramente políticos, es decir, eran articuladores, negociadores, mantenían una auténtica referencia hacia la nación. Parte de esto se ha perdido; los partidos clasistas no tienen condiciones (o mentalidad) como para proteger los terrenos o espacios comunes de la sociedad.

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