Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Un país pusilánime

No sé si el tratado de integración de servicios llamado TISA es bueno para nuestro país o no lo es. En cualquier caso lo razonable no es la reacción histérica de cerrarnos antes de saber bien de qué se trata; lo lógico sería no perder la serenidad (la que esté disponible) y buscar información.

No sé si el tratado de integración de servicios llamado TISA es bueno para nuestro país o no lo es. En cualquier caso lo razonable no es la reacción histérica de cerrarnos antes de saber bien de qué se trata; lo lógico sería no perder la serenidad (la que esté disponible) y buscar información.

Resulta tristemente sintomático del estado de ánimo de cierto Uruguay de hoy la urgencia por exorcizar lo que se confiesa no conocer bien, actuando en base a trascendidos. Han sido remitidas a la prensa cartas abiertas firmadas por conspicuos ciudadanos que dicen estar en contra del TISA a la vez que reclaman mayor información.

Las firmas van desde el Presidente de la Cámara de Representantes (MPP) hasta viejos legisladores con mandato vencido como Couriel, pasando por un historiador que Mujica, en uno de sus recurrentes delirios, propuso para Presidente del Frente Amplio, y cierra la lista un ex rector de la universidad, jerarcas del Pit-Cnt y dos ex Ministros del gobierno anterior que, presumo, estaban dormidos cuando este tema fue informado en el consejo de ministros que ellos dos integraban.

Esta reacción es representativa de un Uruguay timorato, acomplejado, achicado, sin confianza en sí mismo y en sus posibilidades (mentales y políticas) para decidir serenamente por sí mismo una vez informado cabalmente del asunto.

Parecida impresión produjo hace unos años lo que sucedió en torno al Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos. Fue durante la primera presidencia de Tabaré Vázquez. Recordará, sin duda, el lector a Vázquez declarando complacido que el país estaba ante una oportunidad histórica que había que aprovechar: es un tren que pasa una sola vez, dijo. Pero a la salida de la reunión estaba Gargano, sombrío y taciturno como siempre, que gruñó: ese tren nos va a pasar por encima. Escupió el asado y se acabó la fiesta. Por supuesto que nadie del Frente Amplio ha evaluado la decisión -si ganamos o perdimos algo en ese caso- ni se ha puesto a averiguar cómo les fue a los países que firmaron ese tratado, como Chile, Colombia, Perú, Méjico y varios otros.

El Uruguay de los pusilánimes quiere ponernos en contra del TISA sin averiguar nada. Son los abogados del país a la defensiva, ultraconservadores, partidarios de cerrarnos para protegernos.

Este tratado refiere al intercambio mundial de servicios. Se disponen a integrarlo los países que manejan la mayor parte de los servicios del mundo. Si nos quedamos afuera, sin pelear por un lugarcito allí, vamos a quedar al margen del flujo mundial de los servicios. ¿Qué futuro puede aspirar a tener un país aislado en sus tres millones de habitantes? ¿De qué cantidad de servicios mundiales nos vamos a privar? ¿Qué servicios útiles fuera de esa red podremos ofrecerle al mudo? ¿No valdrá la pena analizar todo esto?

El partido de gobierno, como es sabido, tiene desde siempre sus complejos históricos y sus fantasmas ideológicos: son de él, no del Uruguay. No es bueno para el Uruguay ceder a esas intimidaciones prestadas, nacidas en ideologías y tradiciones que provienen de otro humus intelectual y de otra matriz histórica. Este país pequeño tiene suficientes recursos en los que apuntalar su autoestima. Y quiere averiguar, sin temblores, qué es el TISA.

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